A PROPÓSITO DE LA REAPERTURA, EL PRÓXIMO MARTES

A PROPÓSITO DE LA REAPERTURA, EL PRÓXIMO MARTES

Fanazul: nacimiento, ocaso, muerte y resurrección de un emblema azuleño

El 23 de mayo la fábrica de explosivos de Azul será reinaugurada, luego del cierre producido en diciembre de 2017. En este artículo, el profesor de Historia Omar Antonio Daher recorre un trayecto que no sólo comprende los orígenes de la planta industrial, sino que observa los acontecimientos particulares de los años '90 y del cierre y desmantelamiento ocurrido hace más de cinco años. También, observa la situación de los últimos tiempos y el reinicio de la producción días pasados. "Desde el punto de vista material, es un hecho auspicioso para el país, la ciudad y su economía. Pero mucho más importante es la recuperación de la dignidad de obreros", afirma el autor de este artículo especialmente producido para EL TIEMPO.

Por: Prof. Omar Antonio Daher
21 de mayo de 2023

Allá por la década de 1940, en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, el país, no sólo por la falta de aprovisionamiento de material estratégico para la defensa nacional, sino también por una orientación política destinada a establecer una autonomía en la fabricación de pólvoras y explosivos -con fines tanto para uso militar como para emprendimientos de orden civil-, planea la instalación de una fábrica de explosivos en nuestra zona.

En ese camino, en setiembre de 1941, se constituyó una comisión "ad hoc", surgida de la iniciativa del ministro de Marina, Contralmirante Mario Finaoti. Como resultado de los informes positivos producidos por la mencionada Comisión, se eligió como lugar ideal para el levantamiento de la futura fábrica militar y que llevaría el nombre de "Arsenal de Munición de Guerra de la Marina", la región de Boca de las Sierras, en el predio del Arsenal Naval.

El espacio necesario para llevar a cabo el emprendimiento debía tener unas cuatro mil hectáreas de extensión. Allí se produciría trotyl, pólvora de nitroglicerina, munición menor, juegos de artificios, así como también se planificaron talleres para atender las propias necesidades de la empresa estatal.

La situación política del país se caracterizó por la inestabilidad que, uno tras otros, fue arrastrando a los diferentes ministros del área; pero ello no impidió que el proyecto continuara firme en su propósito.

Es aquí donde apareció la figura de un militar que luego tendrá trascendencia en la vida nacional: el contraalmirante Alberto Tesaire; quien, en 1952, integró la fórmula presidencial junto al General Perón, para su segundo mandato consecutivo como Presidente de la República.

A este marino correspondió (siendo ministro de Marina), aprobar el plan de expropiación de los campos donde se erigiría la futura fábrica. Ello ocurrió en mayo de 1944; es decir, en pleno ejercicio del poder por parte del gobierno militar surgido del golpe de Estado del 4 de junio de 1943.

Este proyecto, que llevaba ya seis años de concebido, se pudo realizar obviando los vaivenes políticos del momento, tanto de orden interno como externo. En 1945 había culminado la segunda Gran Guerra y, en 1946, la fórmula Perón-Quijano había resultado electa para conducir el Poder Ejecutivo Nacional. Al año siguiente comenzó la construcción de la planta industrial, dependiente de la Dirección General de la Marina Naval, aunque luego se creó un nuevo organismo que supeditaba a todos los astilleros y fábricas de explosivos. Fue denominado "Astilleros y Fábricas Navales del Estado" (AFNE), creada por decreto N° 10.627. Y por decreto del año 1953 (N° 23383), se dispuso su traspaso a la denominada Fábrica Naval de Explosivos de Azul, a partir de entonces conocida como "Fanazul".


Un sector de la planta Fanazul, en 1967. ARCHIVO EL TIEMPO

Del apogeo al perigeo

En un país en el que las políticas de Estado sólo se verifican en algunos aspectos, no es de extrañar que la fábrica haya sufrido los embates de esos vaivenes. En su mejor época, la producción era destinada a otra empresa estatal, que también debió soportar las erráticas políticas de los gobiernos de turno, YPF.

Un hecho internacional, no tan fortuito en la historia humana, como lo fue un conflicto bélico, dio nuevos bríos a la producción de pólvora. La guerra entre Irak e Irán (1980-1988), generó un contrato con Alemania que activó la producción de Fanazul.

En 1988, durante el gobierno del Doctor Raúl Alfonsín, Fanazul pasó a depender de otro organismo: la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM). En ese tiempo ya se verificaba una creciente conflictividad entre el organismo y los obreros, que reclamaban indemnizaciones adeudadas, trasladando la queja a los legisladores azuleños y al propio Intendente Rubén César De Paula.

Alfonsín, seis meses antes de cumplido su mandato, entregó el bastón presidencial el 9 de Julio de 1989 a su sucesor electo: Carlos Saúl Menem, quien, por la profunda crisis que atravesaba la Nación, inició una transformación "sin anestesia" que afectó a todas las empresas estatales, en gran parte debido a la influencia del ala liberal del gobierno, representada por el Ingeniero Álvaro Alsogaray y sus ideas de política "social de mercado".

Así como "ramal que para, ramal que cierra" -frase utilizada por el presidente Menem para los ferrocarriles-, se aplicó otro principio, que nuevamente se anuncia por estos días: "Empresa del Estado deficitaria, se privatiza".

En setiembre de 1991 llegó lo peor para los obreros y empleados de la fábrica: perdieron sus puestos de trabajo. En ese entonces, Ricardo Bello (fallecido) era el titular del gremio estatal ATE.

Ese mismo año, en plena euforia del gobierno menemista y apoyado por gran parte del pueblo, ante la embestida privatizadora de los medios de comunicación, un amplio espectro político y social, se anunció que, entre las fábricas a privatizar, estaba la de Azul. De los 270 trabajadores que prestaban servicios unos 125 obreros fueron dados de baja.

De la decadencia al cierre

En el Suplemento que anualmente publica Diario El Tiempo, con motivo de celebrarse el aniversario de la fundación del Fuerte San Serapio Mártir, en uno de los artículos que contiene el mismo, el autor de la nota formula esta inquietante pregunta: "¿Hacia una ciudad sin industrias?".

La historia se remonta a la década del '80 (pleno gobierno del Proceso militar), tiempo en el que se inició esta depresión industrial que, como se sostiene, "ciertamente Azul no es una Isla, como ya fuera apuntado muchas veces en estas páginas".

Se cita el caso de Sudamtex que, debido a las maniobras del grupo Koner Salgado, despidió a más de doscientos operarios - hasta esa fecha no habían cobrado ni un centavo de la correspondiente indemnización (Nota: esto ocurrió muchos años después).

Retomando lo ocurrido con Fanazul, el suplemento cita la famosa política estatal de "reestructuración" de las empresas del área estatal. Entre agosto y septiembre, se despiden a cien obreros que, a diciembre de 1992, no habían cobrado las indemnizaciones de ley.

En 1996 hubo nuevos despidos, que agravaron la situación laboral.

Luego siguió el fenómeno con otros cierres, como el del Matadero y Frigorífico Regional, la curtiembre Piazza, mientras un momento de incertidumbre se vivió en la cerámica San Lorenzo, para citar sólo unos casos y ubicar la situación de Fanazul en el contexto general del país y la profunda crisis laboral que provocaron las nuevas políticas privatizadoras y de libre importación en ese momento. Como hecho curioso -y en cierta medida como respuesta ingeniosa a la situación-, un vecino de Azul alcanzado laboralmente por una de esas medidas, bautizó a su negocio con el nombre de "La reestructuración".

Hacia 1999, los obreros se vieron obligados a integrar una cooperativa de trabajo, inscriptos como monotributistas; una cuestión muy común en aquel entonces, pero totalmente en desacuerdo con el sistema de protección laboral y aún contra la propia norma, por cuanto -en realidad- los supuestos "autónomos" son empleados de un solo organismo. La producción estaba destinada fundamentalmente a canteras y para cumplir con algunos contratos con Perú y Bolivia.

Ante la nueva situación política del país, después de atravesar la crisis del 2001 y años subsiguientes, hasta que se estabilizó el contexto nacional, una delegación del gremio se entrevistó con el Presidente Néstor Kirchner para tratar de normalizar su situación laboral y ser incorporados como empleados y no en la condición en que se encontraban de total precariedad. El Presidente prometió que en un año resolvería la cuestión, pidiendo paciencia.

Después de tantas promesas incumplidas, los delegados regresaron con un dejo de escepticismo, no obstante lo cual, antes de cumplirse el plazo prometido, los fabriqueros fueron pasados a formar parte de personal de Fanazul, aunque no como permanentes sino como contratados, lo cual significaba un avance pero no una solución definitiva.

En esa situación se hallaba la fábrica y sus obreros cuando ocurrió el triunfo del gobierno de Juntos por el Cambio, que prometía virar la política del kirchnerismo unos 180 grados.


Dos caras de una misma moneda: la marcha de 1991, luego de los despidos durante la presidencia de Menem; y la movilización del 25 de enero de 2018, luego del cierre determinado por la gestión Macri. ARCHIVO EL TIEMPO Y ARCHIVO/NICOLÁS MURCIA/EL TIEMPO


Estrangulamiento y la destrucción

"La política de Mauricio Macri es de ajuste". Así lo expresó el dirigente de ATE Daniel de Firpo. "Nos estamos dando cuenta de que el gobierno pretende que la fábrica se termine estrangulando sola."

Más adelante, el dirigente gremial sostuvo que "están tratando de achicar el Estado a través de los compañeros que trabajan".

En esa pretensión perversa de autodestrucción se dejó a la fábrica sin los insumos necesarios para cumplir con los compromisos de venta. El mismo dirigente sostuvo que se estaba volviendo a los años '90, cuyas peripecias ya hemos mencionado. Los momentos de incertidumbre y desesperación alcanzaron entonces a infinidad de familias azuleñas y de la región.

El entierro tiene nombre y apellido: Luis Riva, interventor en Fabricaciones Militares.

Finalmente, la fábrica no sólo se cierra entre diciembre de 2017 y enero de 2018, sino que se llevaron aquello que resultara útil para otra empresa del complejo dedicado a la elaboración de explosivos. No obstante las promesas de no cerrarla, como una burla a la comunidad de Azul, a sus autoridades y hasta al propio Obispo de la Diócesis -que intervino personalmente, ocupándose de procurar salvar la fuente de trabajo, como lo manda la Doctrina Social de la Iglesia-, que fuera de todo interés político o sectorial, tuvo un objetivo bien claro y definido: ayudar a sostener, con su palabra y acción, aquello que signifique llevar el pan diario a la mesa de los trabajadores, el gobierno le dio el "golpe de gracia", sin tener en cuenta ni el daño causado a los grupos familiares, ni a la comunidad azuleña, que se manifestó con marchas en contra de la medida.

Hubo manifestaciones y un precario cobertizo -donde llegó a dormir un obrero sin vivienda-, que se levantó en uno de los costados del municipio, a pesar de la oposición de aquellos, más molestos por la casucha donde se reunían y mantenían guardias varios obreros que por la situación de ellos y sus familias, muchas de ellas con menores a cargo. Inclusive uno de esos luchadores fue amenazado, a punto tal que durante una semana se le destacó una custodia policial.

Como decía la dirigencia gremial en ese entonces, diez millones de pesos menos circularon en la alicaída economía azuleña. A valor de hoy podríamos decir que serían unos cincuenta millones de pesos.

La misma dirigencia acusaba al Jefe Comunal de promover negocios inmobiliarios en las tierras donde subsistía la construcción de la fábrica.

El Concejo Deliberante, en una reacción que se consideró realizada fuera de tiempo, declaró la "emergencia laboral", tras el despido de 219 trabajadores.

De la utopía a la realidad

Hacia diciembre del 2020, tres años después de destruida Fanazul, el nuevo gobierno prometió su reapertura. En ese entendimiento, el ministro Agustín Rossi ratificó el propósito anunciado en campaña; aunque, desde principio, se vislumbró que era necesario resolver algunos problemas burocráticos, como por ejemplo lograr que el predio pasara nuevamente a custodia de Fabricaciones Militares y no de la Armada, como se había determinado en 2017.

Se designó al ingeniero Oscar Espinoza como director, se valuó el estado lamentable en que estaba la planta, se tomó el compromiso de ir incorporando personal, conforme el avance del proyecto y se asignó un presupuesto, acorde a las necesidades previstas.

Recordemos que, en diciembre de 2021, aún se estaba en pandemia, situación que dificultaba el avance del proyecto. Pero el esfuerzo rindió sus frutos: el 28 de diciembre del 2020 se restituyó el predio de Fanazul a Fabricaciones Militares.

"... el viento parece que está soplando a favor de FANAZUL, de los fabriqueros y de toda la ciudad" (El Tiempo, 29 de diciembre del 2020).

"Fanazul comenzó a producir ayer en la "Planta D" y el resultado fu óptimo, fue el título más reciente, en El Tiempo: miércoles 17 de mayo de 2023.

Seis largos años de luchas, de broncas, de esperanzas, debieron transcurrir para que aquella utopía por la que lucharon los fabriqueros, sus familias, sus amigos, parte de la comunidad azuleña -que sufría cuando- viniendo por la 226- veía un viejo cartel que indica "Fabrica Naval de Explosivos"-, mientras la fábrica no estaba, se hiciera realidad.

Y así se hizo realidad aquello de que la única batalla que se pierde es la que no se inicia.

Seguramente, en algún lugar de cielo, diecisiete estrellas que un día dieron su vida por cumplir con su trabajo en la fábrica, brillarán con todo su fulgor, cuando el Presidente de la República Alberto Fernández deje oficialmente reinaugurada la planta el próximo martes; fábrica que nunca debió haber cerrado.

En este momento la fábrica forma parte de Fabricaciones Militares Sociedad del Estado, en cuyo directorio participa el gremio Asociación de Trabajadores del Estado.

Si bien la inauguración oficial será el día 23 próximo, con la presencia del Presidente y otras autoridades, se puede considerar el día 16 de mayo último como "histórico", por comenzar la primera producción de la planta D (nitroglicerina), para luego continuar con la famosa planta K (Mastermix).

Orica Mining Services Perú S.A. es la primera firma que adquiere la producción que saldrá de la planta de Fanazul.

Desde el punto de vista material, es un hecho auspicioso para el país, la ciudad y su economía. Pero mucho más importante es la recuperación de la dignidad de obreros, que sólo les piden a los mandatarios que cumplan con el derecho constitucional de asegurar trabajo para todos los argentinos y hombres de buena voluntad, que habiten el suelo argentino.

(*) Profesor en Historia.

Fuentes consultadas:

-Diario "El Tiempo", 16 de diciembre de 1965.

-Diario "El Tiempo", Edición especial, Suplemento Aniversario de Azul, 1992.

-Diario "El Tiempo", 30 de diciembre de 2020.

-Diario "El Tiempo", 17 de mayo de 2023.

-Testimonios del ex obrero de Fanazul, Omar Menchaca.

-Diálogos con Ricardo Bello (fallecido), ex secretario de ATE y concejal de Azul.


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