28 de septiembre de 2026

ENTREVISTA A HERNÁN FERRARO / TERCERA PARTE

ENTREVISTA A HERNÁN FERRARO / TERCERA PARTE. "No éramos conscientes de la dimensión; queríamos que los chicos pudieran seguir jugando"

Por Ezequiel Zabalza (ezezabalza@hotmail.com)

El 27 de mayo de 1993, una multitudinaria asamblea realizada en la Asociación Empleados de Comercio marcó el nacimiento de Azul Vóley Club. Un grupo de dirigentes, jugadores y entrenadores decidió transformar una necesidad en un proyecto propio que, con el tiempo, se convertiría en una referencia del vóleibol de la ciudad. Hernán Ferraro, uno de sus fundadores, recuerda cómo fueron aquellos primeros pasos, el esfuerzo colectivo, los títulos y el vínculo que todavía mantiene con una institución que ayudó a construir.

Aquella jornada reunió a un grupo de visionarios y apasionados por el vóleibol. Roberto Kober, Gustavo Borghi, José María Melfi, Rubén Tornabene, José Macaluso, Marcelo Costantini, Daniel Pérez Guedes, Eduardo "Cacho" Ferrarello, Omar Violante, Jon Uriarte y Ferraro, entre otros, fueron parte de una iniciativa que nació frente a una necesidad concreta: después de la salida del vóleibol de Chacarita, había que encontrar la manera de que los jugadores y las categorías formativas pudieran continuar. Así nació Azul Vóley Club, una institución que, según se ha señalado, fue la primera del país dedicada exclusivamente a la práctica del vóleibol.

Con el tiempo llegaron nuevos campeonatos, competencias internacionales y el crecimiento de las categorías formativas. Aquel proyecto inicial también dejó una estructura que continuó desarrollándose hasta alcanzar, en 2001, el título de la Liga Argentina.

Hoy, más de tres décadas después, Azul Vóley continúa vigente y reúne a más de un centenar de niños, jóvenes y adultos que practican el deporte y participan de competencias regionales, provinciales y nacionales.

Para Ferraro, sin embargo, el mayor legado no está solamente en los títulos, sino en que aquella identidad que comenzó en 1993 todavía permanezca.

Sus recuerdos

-En 1993 participaste de la creación de Azul Vóley Club. ¿Cómo nació aquella idea y qué los llevó a crear una institución dedicada exclusivamente al vóleibol?

-Surgió, principalmente, de una necesidad. Después del segundo año, cuando volvimos del Sudamericano, el presidente de Chacarita decidió que no quería continuar con el vóley. El club no aportaba mucho más que el gimnasio; prácticamente todo lo demás lo sosteníamos nosotros. Entonces, cuando nos dijeron que no había más vóley en 'Chaca', tuvimos la necesidad imperiosa de crear nuestra propia institución. Y eso implicaba muchísimo esfuerzo: salir a buscar y alquilar un gimnasio, comprar las pelotas, la indumentaria y todo lo necesario para poder seguir funcionando. En ese momento, incluso, ya nos vestía Adidas, así que había que sostener toda una estructura por nuestros propios medios.

Fue un esfuerzo enorme porque, de un día para el otro, teníamos que empezar a bancarnos solos. Y, sobre todo, había una dificultad fundamental: conseguir un lugar donde entrenar. Eso sigue siendo un problema incluso hoy.

Entonces apareció el compromiso de mucha gente que estaba alrededor nuestro y que dijo: 'Sí, vamos, vamos para adelante'. Y así, con mucho esfuerzo y con el apoyo de todos, en 1993 nació Azul Vóley.

-En aquella época había nombres muy importantes del vóleibol azuleño, como Roberto Kober, Gustavo Borghi, José María Melfi, Omar Violante, Jon Uriarte y vos, entre otros. ¿Cómo era ese grupo de dirigentes, jugadores y entrenadores?

-Éramos una familia. Estaban los entrenadores (que éramos nosotros), 'Pepe' (por Melfi), que siempre estaba en todos lados y daba una mano donde hiciera falta, los dirigentes y los jugadores. Pero, en realidad, hacíamos todos de todo. Si había que salir a buscar una publicidad para poder sostener al club, íbamos todos, aunque generalmente éramos nosotros los que dábamos la cara porque éramos los más visibles. Después, Roberto se encargaba de gestionar cuestiones más importantes, pero funcionábamos como una verdadera familia.

Básicamente, nos juntábamos todos los días para planificar lo que venía, pensar en el futuro y resolver las necesidades que iban apareciendo. Además, había que organizar y acompañar a las categorías inferiores, llevarlas a jugar y ocuparnos de todo lo que implicaba el funcionamiento del club. Era un trabajo realmente muy arduo, especialmente porque quienes formaban parte de la comisión directiva también tenían sus trabajos, sus familias y sus propias responsabilidades. Aun así, todos dedicábamos muchísimo tiempo y esfuerzo para que Azul Vóley pudiera crecer y sostenerse.

-Se suele señalar que Azul Vóley fue el primer club del país creado exclusivamente para la práctica del vóleibol. ¿Eran conscientes en ese momento de la dimensión que podía tener aquella decisión?

-No sé si realmente fuimos el primer club del país creado exclusivamente para la práctica del vóleibol. Insisto: para nosotros, en ese momento, fue una necesidad. Nosotros teníamos un montón de chicos y chicas que habían quedado sin un lugar para entrenar y competir después de que Chacarita tomara esa decisión. Entonces nos preguntamos: '¿Qué hacemos?'. Teníamos dos opciones: volvernos a Buenos Aires y dejar todo como estaba, dando por terminado ese sueño de dos años, o seguir adelante. Y la verdad es que no fue una decisión producto de una gran reunión ni algo que hayamos planificado durante mucho tiempo. Fue mucho más sencillo y urgente: 'A ver quién entiende de papeles, armemos todo y hagamos que esto salga'. La pregunta era simplemente: '¿Cómo hacemos para tener un club?'. A partir de ahí empezamos a trabajar.

-¿Qué soñaban cuando fundaron Azul Vóley? ¿Pensaban que algún día podían llegar a jugar y ganar la Liga Argentina?

-Azul Vóley fue, en muchos sentidos, la continuidad de lo que habíamos construido en Chacarita. La estructura ya la teníamos; lo que nos faltaba era la razón social y un lugar donde desarrollar la actividad. Pero todo lo demás ya estaba constituido. Por eso, continuar con ese legado voleibolístico no nos resultó tan difícil. Ya teníamos los jugadores, los entrenadores, la experiencia y una forma de trabajar. De hecho, al año siguiente volvimos a salir campeones con Azul Vóley, logrando el tercer campeonato consecutivo. Después surgió un problema importante: ese año no se disputó el Sudamericano. Ahí apareció una diferencia entre la FeVA y la Federación Internacional, y finalmente nos quedamos sin la posibilidad de jugarlo.

A partir de ese momento empezó, sobre todo, el deterioro económico del proyecto. La ausencia del Sudamericano significó un golpe importante para nosotros y, con el tiempo, comenzaron a aparecer dificultades cada vez mayores para sostener al equipo.

-Aquel proyecto terminó teniendo un capítulo inolvidable con el título de la Liga Argentina de 2001. ¿Qué significó para vos ver que aquel sueño que había comenzado en Azul podía llegar tan lejos?

-En 2001 yo ya no estaba dentro del club; estaba, por decirlo de alguna manera, en la vereda de enfrente. El año anterior me había tocado jugar la final contra ellos. Pero, más allá de eso, para mí fue una enorme alegría. Azul Vóley era mi casa, era mi club. Era parte de todo lo que habíamos construido junto con 'Fito' (Pauluzzi) y con tantas otras personas. Era también el resultado de todo lo que yo había hecho y de aquel sueño que habíamos comenzado años atrás.

Por eso, aunque en ese momento me tocara estar enfrente, siempre me sentí parte de ese club. Y más allá de que alguna vez me haya tocado enfrentarlo, o de que quizás vuelva a suceder, Azul Vóley siempre va a ser mi club.

-Después de haber pasado por el vóleibol de elite, las selecciones nacionales, Las Panteras y el cuerpo técnico de Julio Velasco, cuando mirás hacia atrás, ¿qué lugar ocupa Azul en tu carrera?

-Para mí, Azul fue todo. Te diría que fue fundamental en mi vida, porque estuve ahí desde los 21 hasta los 27 años, una etapa en la que me pasaron muchísimas cosas. Pensá que, con apenas 22 años, estaba creando un club, saliendo campeón, viajando a Brasil, volviendo y encontrándome con la autobomba, la gente en la calle y todos esos momentos que parecían increíbles. Vivía solo, compartía la vida con chicos más jóvenes que yo y, muchas veces, me tocaba asumir responsabilidades y tomar decisiones como si fuera una persona grande. Y, en realidad, todavía no lo era.

Cuando uno mira hacia atrás, se da cuenta de que Azul fue todo eso: fue empezar a madurar, o directamente madurar de golpe. Fue mi primer auto, mis primeros grandes desafíos, mis primeras responsabilidades y, en definitiva, todo lo que uno puede imaginar como parte del crecimiento de una persona. Y, por supuesto, fue una etapa hermosa, rodeado de amigos y de gente que me cuidaba, que me acompañaba y que me hizo sentir parte de una familia. Muchos de esos vínculos siguen hasta hoy: todavía me junto con ellos, nos reímos y compartimos recuerdos. Por eso, cuando miro hacia atrás, siento un enorme placer y una profunda gratitud por todo lo que viví en esta ciudad.

-¿Hay alguna persona de Azul a la que consideres especialmente importante en tu carrera y que quizás no tenga el reconocimiento público que merece?

-Una sola persona sería muy poco, porque fueron muchos los que tuvieron un papel importante. Por supuesto, creo que Roberto Kober tuvo una importancia enorme. Para mí, fue el gran ideólogo de todo el proyecto. Y detrás de él había un grupo de verdaderos batalladores que iban para adelante y defendían el proyecto a muerte. Estaban Violante, la 'Vieja' Manzon, Tornabene, Macaluso, Constantini, Pérez Guedes, 'Julito' Portales y muchísimos otros. Seguramente me estoy olvidando de gente, porque fueron realmente muchos los que estuvieron ahí, empujando, ayudando y haciendo que las cosas sucedieran.

Y, por supuesto, también estaba Jon (por Uriarte), que en la parte deportiva era un verdadero tractor. Junto con Mery (por María Fernández Madero), al segundo año armó la escuela de iniciación deportiva, y eso nos permitió seguir creciendo. A través de la escuela y de las distintas actividades íbamos incorporando cada vez más chicos y chicas. Era un crecimiento constante. Íbamos por más con muy poco: teníamos ideas, voluntad y muchas ganas de hacer. Eso fue fundamental. Por eso no me gustaría nombrar solamente a una persona y olvidarme de las demás. Fueron muchos los que hicieron posible todo aquello, y yo los recuerdo a todos con muchísimo cariño.

-¿Qué te genera saber que todavía hay chicos y chicas jugando al vóleibol en Azul y que aquella institución que ayudaste a fundar continúa vigente?

-No, creo que saber que esto continúa es lo que más me pone contento. Sigo las redes, veo lo que hacen y, la verdad, me emociona muchísimo. El otro día, cuando fui, me pasó algo muy particular: muchos no me conocen personalmente. Quizás me conocen de nombre, pero cuando uno les dice 'yo creé Azul Vóley', te miran como diciendo: '¿De qué está hablando? ¿Está loco?'. Y eso también es lógico, porque pasó mucho tiempo. Pero que ese amor se mantenga, que esa identidad siga vigente, es algo enorme. Para mí, esa es la mayor emoción y, probablemente, el mayor legado que nos queda.

Uno podría quedarse diciendo que todo lo pasado fue mejor, pero no creo que sea el camino. Hay que mirar hacia adelante. Hablando con 'Fito' el otro día, justamente, soñábamos con poder ayudar un poco más y quizás lograr que Azul Vóley tenga algún día una sede propia. Y, si eso no fuera posible, al menos poder alquilar un espacio más céntrico que permita que se acerquen más chicos y chicas, especialmente los más pequeños.

Hoy el Club Bancario queda un poco alejado y eso hace que quizás no lleguen tantos chicos desde temprana edad. Pero bueno, es algo que seguimos pensando y conversando. No es una tarea fácil y sabemos que sostener una institución de estas características requiere muchísimo esfuerzo.

De todas maneras, que después de tantos años Azul Vóley siga vivo, que haya chicos y chicas jugando y que esa identidad continúe, para mí es una enorme alegría y un orgullo.

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