ENFOQUE

ENFOQUE

Proyectos territoriales, feminismo y desarrollo

El desarrollo pos pandemia, además de políticos y expertos, demanda relaciones bajo nuevas formas de organización de la vida, la convivencia pacífica y la tolerancia, la cultura del cuidado mutuo y el cuidado del medio ambiente.

11 de julio de 2020

Por Alicia Lapenta

El domingo 28 de junio se publicó una nota en este diario titulada "Una perspectiva saludable para el desarrollo turístico". Como autora del Proyecto Asociación Intermunicipal e Interinstitucional: consorcio turístico, productivo y cultural: Azul-Benito Juárez-Lobería, un trabajo que contó con la colaboración de muchos profesionales azuleños provenientes de casi todas las disciplinas; ese artículo me motivó a escribir estas líneas, no en respuesta al Prof. Gabriel Velázquez -a quien agradezco inmensamente la mención a un proyecto laborioso de más de 30 años- sino para reconsiderar un programa de desarrollo endógeno que siempre fue estratégico. Y debemos volverlo a mirar desde la perspectiva de la pandemia y pospandemia.

Sin ninguna duda, hoy más que nunca, la única opción en el mediano plazo es avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo a través de una mayor integración y trabajo del pro-común.

Hace muchísimos años, desde Azul, en alianzas con Benito Juárez y Lobería, se propusieron programas de desarrollo asociativo, que contribuían a un desarrollo regional en equidad.

Hoy es precisamente la receta propuesta desde todas las organizaciones internacionales.

¿Por qué, siendo una fuente indudable de oportunidades en todos los órdenes ningún cuerpo político buscó su aplicación?

Este proyecto ofrece: un equilibrio poblacional urbano-rural, la reconstrucción del tejido social, la generación de empleo desde un programa especial de diseño, el apoyo y fomento a la pluri-actividad económica asociada al turismo y a la ruralidad, es salvaguarda de valores naturales y culturales, entre otras variables.

Justamente es lo que hoy se está proponiendo, no sólo desde ambientes académicos, sino por demanda de diferentes comunidades ciudadanas: revalorizar las localidades del medio rural como espacio de hábitat y socialización, asociado a la identificación y puesta en valor del patrimonio natural y cultural del medio rural, que permiten el ecoturismo y turismo comunitario como uno de los ejes estratégicos.

El modo colectivo de innovar en el territorio

Creo que el eje del problema fue y es la desvalorización del rol de la mujer en el diseño y participación en las políticas públicas.

Este documento de trabajo, que fue publicado en la página de INTA https://inta.gob.ar/sites/default/files/alianzas_estrategicas_-_azul_y_benito_juarez.pdf, no habla de género, ni diversidad, está destinado a la lectura patriarcal de los políticos, que siguen gobernando inalterables a todo suceso local o planetario. Pero está elaborado desde una perspectiva interseccional, es decir, atendiendo a diferentes principios de diversidad, clase u opción sexual, entre otros.

Está concebido desde la mirada/filosofía de género, esa que nunca tuvo cabida, una mirada que para nosotras es no lineal, multitask, multimedial, transversal e integral. Compleja y holística.

Tuvo la compañía de un invaluable equipo masculino, que se sumó sin dudarlo.

Pero nos faltaron muchas cosas, varias mujeres, por ejemplo Promecer y Verónica Torassa, impulsora y valiente defensora de la educación rural y programas de género y ruralidad; la Dra. María del Carmen Ruiz y su medicina humanista; y tantas mujeres azuleñas que defienden la calidad de vida como bien común, con su propia vida.

Comparto nuevamente un proyecto que merece ajustarse y desarrollarse con más disciplinas, y más participación ciudadana. Que el desarrollo sostenible pasa por la protección de las comunidades que habitan el territorio como un espacio de vida, y no lo ocupan transitoriamente para explotarlo y dejarlo convertido en un cascarón vacío.

Y sin dudar, el feminismo puede articular sus luchas con estas batallas territoriales, puede prestar su imaginación crítica, puede visibilizar y ampliar los caminos que tantísimas mujeres han abierto empíricamente, movidas por sus historias y sus afectos, y no solo por teorías de escuela.

El imaginario feminista es sensible a las luchas en los territorios, y puede combinar herramientas políticas y jurídicas para proteger a la sociedad y a la naturaleza de un mercado "desatado", que no es otra cosa que el espacio de retención del poder de quienes ya lo tienen.

Hoy el desarrollo pos pandemia, además de políticos y expertos, demanda relaciones bajo nuevas formas de organización de la vida, la convivencia pacífica y la tolerancia, la cultura del cuidado mutuo y el cuidado del medio ambiente. Y hacer el definitivo recambio de la competitividad por la solidaridad.

Si llegaste hasta acá es porque buscás historias locales, ayudanos a seguir contándotelas. SUMATE A EN|COMUNIDAD.


Comparte tu opinión, dejanos tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.