12 de abril de 2014
La sociedad argentina se está hundiendo en un salvajismo brutal. En las calles se mata a seres humanos como se matan moscas. La persona que molesta o entorpece lo que se intenta lograr, se elimina como un simple objeto material. Se ha perdido el valor de la vida humana. La muerte violenta se reduce a la noticia policial en forma puntual y mediática. No sólo es alarmante el número de hechos de violencia criminal sino que lo más grave es la generalizada pasividad y hasta indiferencia ante la noticia de una muerte más.
El hecho inhumano, acontecido recientemente, de tirar a un ser humano desde un puente, como se tira un residuo, es un crimen de lesa humanidad para una sociedad elementalmente civilizada. Lo más preocupante es que este hecho no es un caso más de los lamentables homicidios que no tienen castigo. Tal cual pareciera que ha sido interpretado por el pueblo argentino. Este hecho criminal, no fue uno más. Reviste carácter simbólico. Es un claro signo que la violencia criminal ha calado muy hondo en el corazón del pueblo argentino.
Los que tiraron como basura a un ser humano, fue un grupo humano que reclamaban sus derechos y no respetaron el derecho del otro. Ante lo que consideraron un objeto que entorpecía sus planes, usaron la violencia brotada de sus corazones enardecidos por el odio egoísta y criminal.
Se llega al crimen social después de un largo proceso de deterioro social. Nuestra Patria hace décadas que se viene deteriorando, expresó el Obispo Emérito de Viedma Miguel Esteban Hesayne. A tal punto ha sido invadida por elementos ideológicos foráneos, que el mismo ser de nuestra Patria agoniza.
La Argentina no tiene vocación de violencia y de Patria fratricida. Su vocación es de Patria constructora de la paz que cobija hijos de Dios. Patria de hermanos con muchos discípulos de Jesucristo que junto a gente de buena voluntad están llamados a construir una gran Nación justa, próspera, acogedora, reconociendo a Dios fuente de toda justicia y razón, según nuestra Constitución Nacional.
Hay que procurar la conversión propia y de muchos otros a cuidar más que la abstinencia de carne, la carne de los seres humanos, según expresión del Sumo Pontífice Francisco. Hay que entablar relaciones humanas que humanicen y abran espacios de amor projimal en la familia, el trabajo y la diversión con sana alegría. Hay que volver a la cultura popular de la amistad y la generosidad social.
"La Patria al hombro", esta expresión profética que pronunciara siendo Cardenal arzobispo de Buenos Aires hoy el Sumo Pontífice Francisco ha de ser la voz de orden que deberán escuchar tanto gobernantes como gobernados.
Con coraje y esperanza puesta en Jesucristo hay que asumir el desafío de ponernos la "Patria al hombro", viviendo el proyecto de Dios que ama y quiere una vida feliz para sus hijos. Y con amor se puede trabajar las reacciones temperamentales dejando entrar a Dios en los corazones, proyectando ese amor a los semejantes con los cuales se convive de una u otra forma.
Solamente con amor, bondad, tolerancia, con respeto hacia el otro es el camino para recuperar el valor humano de la persona y desechar la pasividad, la indiferencia cuando se esta en presencia de un delito de lesa humanidad como es tratar al ser humano como un simple objeto material.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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