Sr. Director:
El viernes 11 de enero de 2013 llegué a la casa de mi hermano, el cual hacía tres días no se sentía bien. Habíamos concurrido a la guardia de una institución privada y a su cardiólogo, quienes lo atendieron y brindaron la atención necesaria, orientando reposo. Al abrir la puerta de su departamento aproximadamente las 19 horas (a las 15 horas me había comunicado y estaba dispuesto a descansar), lo encontré caído, boca arriba entre el pasillo y el dormitorio, golpeado, sin ropa alguna y con pérdida de control de esfínteres. Ante esta situación sus palabras fueron "fui al baño, me lave la cara y me caí". De ahí en más comenzó a delirar.
Ante mi desesperación acudí a llamar a una institución de emergencias local, de la cual es socio desde hace muchos años, hoy llamada IE, ya que se supone que al ser una entidad privada en la cual uno confía y pone a su cuidado la salud, tesoro más preciado, esperando que concurran profesionales eficientes para resolver estas emergencias.
A los pocos minutos, llega el médico, de apellido Domínguez, quien sin revisarlo, lo acuesta en su cama con ayuda del enfermero Marcelo Santillán (verdadero profesional que nos contuvo en todo momento) y diagnostica "un pico de hipertensión", para lo cual no lo medica, e indica "cuando encuentre la pastilla se la da y cualquier cosa me llama".
Mi desconcierto, el de mi esposo, hermano y vecino (quienes habían llegado ante mi llamado) me llevó a preguntar "¿y los golpes doctor? ¿y ese delirio? ¿por qué no lo interna?, a lo que responde "no tengo diagnóstico certero". Insistí: "Por favor doctor, se lo pido yo que soy la hermana"; contestándome él: "Intérnelo usted si quiere señora. Llame al Sanatorio". Y sin mediar más palabras, se retiro del domicilio.
Ante este triste suceso y quedándonos en total desolación, sorprendidos por el accionar del doctor, nos comunicamos con la central de Junín, quien nos escuchó atentamente y aceleró su internación.
Pasados varios minutos, concurre nuevamente el móvil de IE emergencias con el mismo doctor y enfermero. Este último baja la silla de ruedas y junto a mi esposo suben al departamento para buscar a mi hermano y ubicarlo en la ambulancia. Mientras tanto el doctor permanecía sentado en el asiento del acompañante, no teniendo la profesionalidad de ocuparse del enfermo. ¿No es su deber ir con el paciente?
Al ingresar a la institución, mi hermano tenía 6-11 de presión, ¿sufría de hipertensión?, y un cuadro de hipotermia severa, la cual hasta el momento ha dejado secuelas neurológicas.
Hace 14 días que mi hermano se encuentra internado en terapia intensiva con cuidados especiales y atención kinesiológica.
Quiero destacar la excelente atención y deferencia de los encargados de IE Emergencia, en particular del doctor Grecco y el señor Tucci.
Espero que esta humilde publicación sirva para que no se repita más una situación como la vivida por nosotros.
María Virginia Lauría
DNI 13.617.273.