26 de enero de 2014

. Una calle, ¿un mito?

LAS CALLES DEL AZUL

En la obra del artista plástico Eleodoro Marenco se aprecia un ideario de la figura del soldado negro "Falucho".

La cuadragésima quinta calle de nuestro recorrido fue bautizada como Falucho en 1924, en reconocimiento a un soldado negro, quien durante el motín del Callao, prefirió ofrendar su vida antes que arriar la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata y honrar la bandera española.


Por Eduardo Agüero Mielhuerry

El 25 de marzo de 1879, a través del Decreto N° 183, el Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta entonces con números romanos.
Nueve años más tarde la ciudad había crecido de manera sustancial, por lo que fue necesario trazar y denominar nuevas calles. Así fue como, el 4 de marzo de 1888, el intendente Pedro Oubiñas promulgó el Decreto N° 354 que establecía las denominaciones de ocho arterias y se nombraron como "avenidas" a dos calles preexistentes.
Entrado el siglo XX, el crecimiento poblacional y la dispersión de construcciones dentro de la forzosamente ampliada cuadrícula urbana, conllevaron a la imperiosa necesidad de trazar nuevas arterias para facilitar la circulación y desarrollar ordenadamente el ejido de Azul.
A través de la Ordenanza N° 782, del 18 de octubre de 1924, el Honorable Concejo Deliberante, por unanimidad, le impuso nombres a veinte nuevas calles abiertas y/o rectificadas en su trayecto. El proyecto había sido presentado y tratado por una Comisión especial integrada por Eduardo Berdiñas, Gregorio Motti, Francisco Gilardoni y Pedro Guiraut. Días después, éste último, que era el intendente Municipal de aquel entonces, la promulgó.
Los nuevos nombres elegidos fueron: Falucho, Comandante Matías B. y Miñana, San Luis, Mendoza, Neuquén, Chubut, Formosa, Misiones, Santa Cruz, Tandil, Tapalqué, Tiro Federal, San Juan, Catamarca, Francisco N. de Laprida, Juan Bautista Alberdi, Constitución, Libertad, Comercio e Industria.
De esta extensa nómina de calles, la primera que se sumó hacia el Sur, paralela a la arteria General Paz, fue la Falucho, bautizada así en reconocimiento al heroico soldado negro, quien en ocasión del motín del Callao prefirió entregar su vida antes que honrar la bandera española. Controversial como pocas, la historia de Falucho cobró trascendencia nacional a partir de la obra de Bartolomé Mitre -con las consecuentes posteriores discusiones con otros historiadores, comenzándose a dudar inclusive si en verdad todo no se trató de una invención del propio Mitre-, quien personificó el relato en el cabo segundo Antonio Ruiz.

Fortaleza del Real Felipe en el Callao

Los fuertes del Callao (en Perú) se hallaban en poder de los independentistas desde el 21 de septiembre de 1821. Luego de la invasión a Lima llevada a cabo desde Jauja por el ejército realista a mediados de junio de 1823, las fuerzas de la ciudad se replegaron a los fuertes del Callao en donde permanecieron sitiadas por más de un mes. Tras la retirada realista, el gobierno peruano -con sus fuerzas militares- abandonó el Callao, quedando en la guarnición el Batallón Vargas de la Gran Colombia, al mando del coronel Valdivieso. Para combatir a las guerrillas de Riva Agüero, el 19 de diciembre de 1823, Simón Bolívar mandó salir del Callao al Batallón Vargas con destino a Cajamarca y lo hizo reemplazar por las fuerzas argentinas del Regimiento del "Río de la Plata". Dichas fuerzas ingresaron en los fuertes luego de que desertaran muchos soldados en los 6 días que debieron acampar al aire libre hasta la llegada al Callao de la orden de Bolívar. Rudecindo Alvarado pasó a ser el gobernador de la plaza.
El Callao permaneció custodiado por unos 2.000 hombres pertenecientes al Regimiento del "Río de la Plata", conformado por la refundación de los Batallones 7 y 8 del Ejército de los Andes, bajo el mando del coronel argentino Ramón Bernabé Estomba (quien en 1828 fundará la Fortaleza Protectora Argentina, hoy Bahía Blanca), al Batallón N° 4 de Chile, a la Brigada de Artillería de Chile y a la Brigada de Artillería Volante del Perú. Eran las unidades remanentes de la División de los Andes, todas con un fuerte contenido de reclutas negros y mulatos, en su mayor parte libertos, todos los cuales quedaron al mando de Estomba.
Eran las mismas tropas que el 28 de julio de 1821, proclamaron victoriosas en la Plaza Mayor de Lima la Independencia del Perú. Eran también las valerosas tropas que dos meses más tarde, habían rendido La Fortaleza del Callao (Castillo del Real Felipe), con su inmenso parque de artillería y armamentos.
Sin embargo, a pesar de las gloriosas victorias alcanzadas, el abandono y el olvido por parte de las autoridades comenzaron a hacerse moneda corriente. Las tropas estaban impagas, vistiendo harapos y con hambre. Los soldados reclamaban sus sueldos -que venían con un atraso de varios meses-, necesarios para un pronto regreso a la patria; pero nadie los escuchaba.
De nada valieron los reclamos del general José de San Martín que había enviado a las provincias del Plata como emisario especial al comandante peruano don Antonio Gutiérrez de la Fuente, en busca de ayuda. Habían pasado nada más que cuarenta días desde la entrevista famosa de Guayaquil- 26 de julio de 1822- cuando llegó desde Buenos Aires la noticia que el gobierno no contribuiría a la causa, ni con armamentos, ni con dinero, quedando al descubierto la deshonrosa actitud del gobernador Martín Rodríguez (fundador en algunos años del Fuerte que daría origen a Tandil) y la de su ministro Bernardino Rivadavia (quien en breve se convertiría en el primer Presidente argentino).
El Protector del Perú, decepcionado, debió entregar la culminación de la guerra a Simón Bolívar y a su lugarteniente el general Antonio Sucre, debiendo retirarse a su chacra de Mendoza "Los Barriales"; pero allí, en tierra extranjera, quedaba el último vestigio del Ejército Libertador: "El Regimiento del Río de la Plata".
El Perú independentista se hallaba dividido entre dos gobiernos paralelos en guerra entre sí, uno de los cuales inició negociaciones con los realistas; públicamente se informó que esas negociaciones buscaban un armisticio, pero en secret
o se trató de la entrega del sur peruano al virrey La Serna.
Entre los 30 prisioneros realistas del Callao se hallaba el coronel José María Casariego, en contacto con los jefes conspiradores; éste logró influir al sargento 1° Dámaso Moyano -mulato mendocino, hijo de esclavos, perteneciente al Regimiento de Granaderos del Río de la Plata- y al sargento Francisco Oliva, del Batallón N° 11. Estos sargentos instaron a otros a sublevarse con el objeto de reclamar la paga de casi un año que se les debía y que se les mejorara el suministro de víveres. Facilitó la disconformidad de la tropa el hecho de que el día anterior a la sublevación se le abonó la paga a jefes y oficiales sin nada para ellos; además se había conocido la noticia de que las unidades serían trasladadas al norte del Perú para ponerse a disposición de Bolívar, contrariando el deseo de la mayoría que anhelaba regresar a Chile o al Río de la Plata. Moyano y Oliva se cuidaron de no revelarles la verdadera intención de la sublevación: la entrega del Callao a los realistas.
La sublevación o motín del Callao tuvo lugar el 5 de febrero de 1824 en la Fortaleza del Real Felipe en el Callao, durante la guerra de la Independencia del Perú, cuando se sublevaron unidades chilenas, grancolombianas, peruanas y argentinas.
El hecho significó la casi desaparición de las fuerzas llevadas al Perú por el general José de San Martín, quedando disuelto definitivamente el célebre Ejército de los Andes.
El día fijado para la sublevación, Moyano y Oliva montaron las guardias en lugares estratégicos y por la mañana arrestaron a los oficiales que había en la guarnición y a los demás a medida que iban llegando desde el pueblo cercano, entre ellos al gobernador del Callao, general Rudecindo Alvarado, y el comandante general de Marina, Pascual Bibero. El Estado Mayor de la División de Los Andes se hallaba establecido en Lima, por lo que los principales jefes pudieron evitar ser apresados por los sublevados. Moyano se autonombró "coronel Jefe del Regimiento y de la Plaza del Callao".
La tropa se entregó a los excesos. Al ver la indisciplina reinante, el 7 de febrero, asustados de la reacción patriota que los llevaría al cadalso y sin poder asegurar su autoridad, el mulato Moyano aceptó la sugerencia de Oliva de consultar al coronel realista José María Casariego, que estaba prisionero y alojado allí. Éste vio el partido que podía sacar de la situación y aconsejó reemplazar a los jefes patriotas por los españoles, lo que finalmente sucedió para consumar la traición.
Casariego los convenció de que se unan a las filas realistas donde serían recompensados, mientras que en las patriotas sólo recibirían castigos y malos tratos. Así, los realistas tomaron el control.
La bandera española se hizo flamear en los castillejos del Callao. Un negro, apodado "Falucho", que se encontraba como centinela en el "Baluarte de Casas Matas", se resistió a tributarle honores a la que fue enarbolada en el torreón de la "Independencia" con una salva general de todas las baterías de la fortaleza; al intimársele que lo hiciera, el valiente negro rompió su fusil contra el asta del pabellón rojo y gualda, a cuyo pie fue fusilado, mientras exhalaba su último grito: "¡Viva Buenos Aires!".
Luego se ordenó el izamiento de la bandera española en los torreones, y el saludo correspondiente con salvas de artillería. Al constatar el engaño, algunos de los sublevados intentaron reaccionar pero fueron apresados y fusilados inmediatamente por Moyano, a quien Casariego nombró Brigadier y Conde de los Castillos.
Desde Lima se enviaron varios emisarios con promesas de indulto -entre ellos, estaba el general Mariano Necochea-, los que fueron recibidos por Moyano sin conseguir que depusieran su actitud.
Producida la sublevación del Callao, Simón Bolívar consideró perdida esa guarnición y la ciudad de Lima, por lo que ordenó desde Pativilca al general Enrique Martínez que sacara de la ciudad el parque y todo lo que fuera útil al ejército. Para auxiliar en esa tarea ordenó al Regimiento de Granaderos a Caballo que se replegara a Lima. En otras palabras, los dejó librados a su suerte…

La vida por la Patria


Según afirmaba Bartolomé Mitre, el soldado negro "Falucho", que se hallaba de servicio en el Alto Perú cuando se produjo la sublevación del puerto de El Callao, y fuera fusilado por defender el pabellón por el que tanto había luchado, se llamaba Antonio Ruiz.
El que en algunos años se convertiría en Presidente de la Nación, publicó por primera vez el 14 de mayo de 1857 en el periódico "Los Debates", la historia de "Falucho", describiendo el célebre episodio tiñéndolo, tal vez involuntariamente, de ficción e imprecisiones.
"La noche del 6 de febrero hacía guardia en el torreón del Rey Felipe el negro Falucho, que pertenecía al regimiento del Río de la Plata. Falucho, era muy conocido por su valentía y por su patriotismo, era porteño y amaba a su ciudad. Como muchos, había sido envuelto en la sublevación, que hasta aquel entonces no tenía más carácter que un motín de cuartel". "Mientras que aquel oscuro centinela velaba en el alto torreón del castillo, donde se elevaba el asta-bandera, en que hacía pocas horas flameaba el pabellón argentino, Casariego decidía a los sublevados a enarbolar el estandarte español en la oscuridad de la noche, antes de que se arrepintiesen de su resolución. En ese momento se presentan ante el negro Falucho, los soldados con el estandarte español, contra el cual combatía desde hacía 14 años. Falucho no lo podía creer, y sintiéndose totalmente humillado se quebró en llanto. Los soldados, con órdenes de subir el pabellón español, ordenaron a Falucho que presente el arma al pabellón del Rey que se iba a enarbolar. Falucho contestó con melancolía recogiendo el fusil que había dejado caer: "Yo no puedo hacer honores a la bandera contra la que he peleado siempre", a esto le gritan: "¡Revolucionario! ¡Revolucionario!"."
Según Mitre, Falucho les contesta: ""¡Malo es ser revolucionario, pero peor es ser traidor!" (...) y tomando su fusil por el cañón, lo hizo pedazos contra el asta-bandera, entregándose nuevamente al más acerbo dolor. Los ejecutores de la traición, apoderándose inmediatamente de Falucho le dicen que iba a morir y haciéndolo arrodillar en la muralla que daba frente al mar, cuatro tiradores le abocaron a quemarropa sus armas al pecho y a la cabeza. Aquel momento brilló el fuego de cuatro fusiles, se oyó su detonación; resonó un grito de "¡Viva Buenos Aires!", y luego entre una nube de humo se oyó el ruido sordo de un cuerpo
que caía al suelo". Luego, el cadáver fue arrojado al mar como era costumbre en la época.
La historia de Falucho fue publicada nuevamente por Mitre en el diario "La Nación" de los días 6, 7, 8 y 9 de abril de 1875. Años después apareció su obra "Historia de San Martín y de la emancipación americana", en la que, con respecto a Falucho, escribió: "La bandera española fue enarbolada en el torreón Independencia, con una salva general de los castillos (7 de febrero). Un negro, soldado del regimiento del Río de la Plata, nacido en Buenos Aires, llamado Antonio Ruiz (por sobrenombre Falucho), que se resistió a hacerle honores, fue fusilado al pie de la bandera española. Murió gritando: ¡Viva Buenos Aires!".

¿Una misma persona?


Bartolomé Mitre tomó como base de la historia de Falucho testimonios verbales del general Enrique Martínez, jefe de la División de los Andes; el testimonio de los coroneles Pedro José Díaz (a cuyo cuerpo pertenecía Falucho) y Pedro Luna; y el testimonio escrito del coronel Juan Espinosa. Mitre diría a continuación que hubo dos negros apodados Falucho, aduciendo que este sería un apodo genérico que se daba a los héroes desconocidos de raza negra.
Desde la primera publicación realizada por Mitre se levantaron críticos y detractores. Para empezar, muchos autores afirman, sencillamente, que la muerte heroica de Falucho fue un invento del propio Mitre, quien buscaba crear un ideario colectivo de patriotismo y lealtad.
En 1899, Manuel J. Mantilla escribió en su libro "Los Negros Argentinos" que se decía que hubo dos Faluchos, el fusilado, del que dan testimonio Martínez, Díaz y Espinosa, y otro más que vivía en Lima hacia 1830, según una carta del general Miller a San Martín del 20 de agosto de ese año. En la misiva, el autor lo nombraba diciendo que "el morenito Falucho, que era de la compañía de cazadores del número 8 y tomó una bandera en Maipú", le mandaba saludos a San Martín. Aunque breve, esta frase indica que Falucho era muy bien conocido por ellos. Y a este sencillo testimonio se suma el del general Tomás Guido.
Siguiendo otras investigaciones, Mantilla se permite dudar de que ese soldado negro asesinado en El Callao haya sido ciertamente Antonio Ruiz. Según el historiador, en una lista de fines de 1819, había un Antonio Ruiz en la compañía del capitán Manuel Díaz (mientras que en la de Pedro José Díaz no había homónimos). Afirma que en ese regimiento sólo había un soldado con ese nombre quien era Cabo Segundo, lo que hace imposible que cuando ocurrieron los hechos ese hombre haya estado en el puesto de guardia. Mas como si fuese poco, menciona que no hubo tal fusilamiento sino que el soldado fue muerto a bayonetazos.
En consecuencia, lo más probable es que el soldado negro que dio su vida en El Callao haya sido otro "Falucho" y no Ruiz. Es que en el ejército del general José de San Martín hubo unos 1.500 negros criollos quienes, agradecidos porque la revolución les había dado la libertad, se integraron a esa campaña, tanto en el Ejército del Norte que comandó Manuel Belgrano como en el de Los Andes, que lideró San Martín.

Siguiendo la versión de Mitre


Si la versión histórica de Bartolomé Mitre es la correcta, hay algunos datos que merecen ser rescatados de la figura del cabo segundo Antonio Ruiz. Nació a finales del siglo XVIII en Buenos Aires. Era hijo de esclavos africanos y, continuando la suerte de sus padres, prestó servicios para la familia Ruiz, que al bautizarlo como cristiano, siguiendo la costumbre de la época, le dio el apellido.
Fue uno de los tantos esclavos a los que se les concedió la libertad a cambio de luchar por la independencia. Ya desde la época del virreinato, los hombres de color habían formado unidades militares donde demostraron su valor y coraje en la lucha.
En 1813 se incorporó al Batallón patriota de la Libertad, de Pardos y Morenos, que acompañó al general Manuel Belgrano durante la campaña al Alto Perú, en la encarnizada lucha emprendida por la independencia de América. Luchó en las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma.
Incorporado al Ejército de los Andes, bajo las órdenes del general José de San Martín, asistió a la campaña restauradora de Chile, encontrándose en las memorables jornadas de Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. Formó parte del Ejército Libertador del Perú, a cuya campaña emancipadora asistió, señalando su valor en los combates y su lealtad al glorioso pabellón a cuyo servicio se hallaba.
De cualquier manera, lo cierto es que un simple sobrenombre sirvió para inmortalizar una historia real o un mito que a lo largo del tiempo puso el acento en el patriotismo de los hombres y mujeres que lucharon por la libertad y por los ideales de la Patria.

Un intento fallido

En el año 1953, el intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N° 18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Falucho le correspondió el número 38. Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.

Para culminar…

La calle Falucho fue la primera que se sumó en 1924 inmediatamente paralela hacia el Sur a la arteria General Paz, que hasta entonces había sido la última de la cuadricula urbana de Azul desde 1888. El próximo domingo nos ocuparemos de la siguiente calle que se incorporó en el mismo sentido, la cual fue bautizada como Comandante Matías B. y Miñana, en homenaje al destacado azuleño de corazón que luchó por la seguridad de nuestros pagos hasta su último aliento, muriendo en la más absoluta pobreza.

La Fortaleza del Callao fue escenario de los sucesos que inmortalizaron al valiente "Falucho".

FALUCHO, LA PAMPA

La localidad de Falucho fue fundada el 18 de octubre de 1908 por don Ricardo Lavalle, en tierras de su propiedad, ubicadas en el departamento Realicó de la provincia de La Pampa.
Una vez creada y con la estación ferroviaria en funcionamiento, Falucho tuvo tempranamente organizada la Comisión de Fomento, recayendo la responsabilidad de comandarla a Carlos Tamborini.
Desde1928, la Plaza principal del pueblo lleva el nombre de su fundador. Y aunque en sus orígenes poseía un futuro prometedor, en la actualidad, el pueblito no tiene más de doscientos habitantes, respirándose en el ambiente un aire de viejos anhelos nunca alcanzados...

EL MONUMENTO A FALUCHO

A finales del siglo XIX, en la Capital Federal, se decidió rendirle homenaje al célebre soldado de quien, en verdad, ni siquiera se conocía su rostro. Por ende, se le encomendó al artista que base la estatua en los "rasgos comunes de los hombres de color".
Hecha en bronce fundido en talleres argentinos, la obra fue iniciada por Francisco Cafferata (1861-1890), quien se suicidó a los 29 años. La continuó su discípulo Lucio Correa Morales (1852-1923), quien la culminó en 1897.
Con un sencillo acto, el monumento fue inaugurado primitivamente en el cruce de las calles Florida y Marcelo Torcuato de Alvear, junto a la Plaza San Martín.
El 23 de mayo de 1923 se decidió su traslado y se lo emplazó frente a los Cuarteles de Palermo, en la Plazoleta triangular (a la que se le dio el nombre del héroe), ubicada en la intersección de las calles Santa Fe, Luis María Campos y Fitz Roy.

EL NEGRO FALUCHO

(Por Rafael Obligado)


Duerme el Callao,
ronco son hace del mar la resaca,
y en la sombra se destaca
del Real Felipe el torreón.

En él está de facción,
porque alejarle quisieron,
un negro de los que fueron
con San Martín, de los grandes,
que en las pampas y en los Andes
batallaron y vencieron.

Por la pequeña azotea
Falucho, erguido y gentil,
echado al hombro el fusil
lentamente se pasea.
Piensa en la patria, en la aldea
donde dejó el hijo amado,
donde, en su hogar desolado,
triste le aguarda la esposa,
Y en Buenos Aires, la hermosa,
que es su pasión de soldado.

Llega del fuerte a su oído,
rumor de voces no usadas,
de bayonetas y espadas
agudo y áspero ruido:
Un "¡viva España!" seguido
de otro "¡viva a Fernando!",
y está Falucho dudando
si dan los gritos que escucha
sus compañeros de lucha,
o sí está loco o soñando.
Desde los Andes, el día,
que ciñe en rosas la frente,
abierto el ala luciente
hacia los mares caía,
cuando Falucho, que ansía
dar un viva a su manera,
como protesta altanera,
contra menguadas traiciones,
izó nervioso, a tirones,
la azul y blanca bandera.

-"¡Por mi cuenta te despliego,
-dijo airado-, y de esta suerte,
si a tus pies está la muerte,
a tu sombra muera luego!"
Nació el sol. Besos de fuego.

Dióla en rayos de carmín,
rodó el mar desde el confín,
un instante estremecido,
y en la torre quedó erguido
el negro de San Martín.
No bien así desplegados
nuestros colores lucían,
por la escalera subían
de tropel los sublevados.
Ven a Falucho y airados
hacia él se precipitan:
-"¡Baja ese trapo -le gritan-,
y nuestra enseña enarbola!"
¡Y es la bandera española
la que los criollos agitan!

Dobló Falucho, entretanto,
la oscura faz sin sonrojos,
y ante aquel crimen, sus ojos
se humedecieron en llanto.
Vencido al punto el quebranto,
con fiero arranque exclamó:
-"¿Enarbolar ésa yo
cuando está aquélla en su puesto?..."
Y un juramento fue el gesto
Con que el negro dijo: "¡No!"

Con un acento glacial
En que la muerte predicen:
-"¡Presenta el arma -le dicen-,
al estandarte real!"
Rotos por la orden fatal
de la obediencia los lazos,
alzó el fusil en sus brazos,
con un rugido de fiera,
y contra el asta de la bandera
lo hizo de un golpe pedazos.

Ante la audacia insolente
de esa acción inesperada,
la infame turba, excitada,
Gritó: -"¡Muera el insurgente!"
y asestados al valiente
cuatro fusiles brillaron:
-"¡Ríndete al rey!"- le intimaron,
mas como el negro exclamó:
¡Viva la patria y no yo!".
Los cuatro tiros sonaron.

Uno, el más vil, corre y baja
el estandarte sagrado,
que cayó sobre el soldado
como gloriosa mortaja.
Alegres dianas la caja
de los traidores batía,
El Pacífico gemía
melancólico y desierto,
y en la bandera del muerto
nuestro sol resplandecía.

FALUCHO

Existen varias versiones sobre el origen del sobrenombre "Falucho". Algunos sostienen que el apodo con que se ha inmortalizado a quien supuestamente llevaba por nombre "Antonio Ruiz", le fue aplicado por sus compañeros como consecuencia del especial cuidado que le consagraba a su gorro de cuartel. Sin embargo, los "faluchos" son sombreros de dos picos y ala abarquillada que usaban exclusivamente los jefes militares y los diplomáticos en las funciones de gala, lo que hace descartar aquella afirmación, ya que Ruiz por entonces no fue más que un Cabo Segundo.
Por otra parte, existe otra posibilidad que es
la más factible. Por aquella época, en el Ejército del general José de San Martín, a los negros se les llamaba faluchos, para evitar nombrarlos como "catingas", término que se usaba despectivamente por el olor a traspiración de los mismos. Ésta última vulgar denominación exasperaba muchísimo al General que siempre se caracterizó por su carácter bondadoso y humanitario con sus hombres; en consecuencia, algún pícaro decidió sustituir aquella palabra por una menos problemática como "Falucho" y la costumbre hizo el resto del trabajo...


AGRADECIMIENTOS Y FUENTES

" Muchas gracias a Norma Iglesias por su incansable y enriquecedora guía por los senderos de la historia azuleña.
" Muchas gracias a Emiliano Tuinstra por su permanente ayuda.
" Muchas gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
" Muchas gracias a Stella Tumminaro del Honorable Concejo Deliberante de Azul.
" Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal de Azul.
" Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
" "Breves Biografías Militares". (1950). Biblioteca del Oficial.
" Diario Clarín. "Enciclopedia Visual de la Argentina de la A a la Z". (2002). Bs. As.
" Marcos Estrada. "El cabo segundo Antonio Ruiz. Falucho". (1964). Editorial Bs. As.
" Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.

DESDE "MADRES CONTRA LA VIOLENCIA ECONÓMICA"

DESDE "MADRES CONTRA LA VIOLENCIA ECONÓMICA" . "Nosotras planteamos 'tolerancia cero' a los deudores alimentarios" en el distrito de Azul

El nucleamiento local presentó un proyecto de Ordenanza en el Concejo Deliberante en el que solicitan la adhesión del Municipio a "dos leyes provinciales, la de obligación alimentaria -que acelera el proceso- y la del registro provincial de deudores alimentarios". En una entrevista con EL TIEMPO, integrantes de Madres contra la Violencia Económica afirmaron que "la Justicia no tiene perspectiva de género y por eso Azul es una fábrica de deudores". Ante ese contexto, "pretendemos es que el juez aplique estas leyes y que sancione a los deudores alimentarios".

24 de mayo de 2026

REMATE DE HACIENDAS REMATE DE HACIENDAS

REMATE DE HACIENDAS . La invernada siguió sostenida

Con 3.000 cabezas, Néstor I. Goenaga y Cía., trabajó su segundo remate del mes. Para Santa Fe, La Pampa y el oeste de Buenos Aires se fueron los mejores lotes. Las vacas para invernar continuaron requeridas y se pagaron hasta $3.600.-

24 de mayo de 2026