EL “CANTOR DEL PUEBLO”

Notas de vino tinto y guitarras nostálgicas por Azul

Dibujo de Juan Carlos Castagnino. El 16 de febrero de 1967, Guarany estuvo nuevamente en la redacción de “El Tiempo” en lo que fuera la promoción de su trabajo discográfico. En la ocasión conformaron una ronda de charla  junto al reconocido cantor el no menos popular boxeador azuleño Gregorio “Goyo” Peralta (izquierda) como así también Rubén Bagnoli y Oscar Turchetta (de izq. a der.). Nacido como Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo, Horacio Guarany trazó una gigantesca trayectoria en el folklore argentino, marcando varias generaciones con sus letras y canciones. 
Luego de su show en el Cine Teatro “San Martín” (13 de agosto de 1963) Guarany compartió una extensa charla con el multifacético “tiempista” Miguel Oyhanarte mientras recibía la visita de varios azuleños en la redacción del diario..

Horacio Guarany estuvo públicamente en Azul por última vez el 12 de marzo de 2005. Como Padrino de la celebración, subió al escenario de la IV edición de la “Fiesta de la Vaca”, desarrollada en el Parque Municipal. Y esa misma noche le impusieron su nombre al Escenario Mayor, un reconocimiento que el propio Guarany resaltó como único en toda su extensa carrera.
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Horacio Guarany estuvo públicamente en Azul por última vez el 12 de marzo de 2005. Como Padrino de la celebración, subió al escenario de la IV edición de la “Fiesta de la Vaca”, desarrollada en el Parque Municipal. Y esa misma noche le impusieron su nombre al Escenario Mayor, un reconocimiento que el propio Guarany resaltó como único en toda su extensa carrera.

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo nació el 15 de mayo de 1925, cerca de Guasuncho o de Intillaco, en pleno monte del Chaco Austral, siendo el antepenúltimo de catorce hermanos. Fue anotado en la cercana localidad de Las Garzas (provincia de Santa Fe), y quien pasará su infancia en Alto Verde (distrito que actualmente forma parte de la ciudad de Santa Fe). Su padre, Jorge Rodríguez, era un indígena correntino que trabajaba como hachero de la empresa británica “La Forestal”, y su madre, Feliciana Cereijo, había nacido en León (España).

De niño, Eraclio Catalín gustaba de la música, del canto, y aprendió a guitarrear con el maestro Santiago Aicardi. En 1943 viajó a Buenos Aires para probar suerte con la música. Vivió en una pensión en el Barrio de la Boca y actuaba en el boliche “La Rueda”. Pasó bastante tiempo cantando tangos, boleros y todo tipo de canciones para poder tener para un mínimo sustento, al menos para comer. Asimismo trabajó luego embarcado de cocinero, y también como foguista.

Y un día nació Horacio…

Pero un día, cuando nadie lo esperaba, Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo pasó a jugar un papel secundario para darle protagonismo a quien llevaría la voz cantante desde entonces;  repentinamente nació artísticamente Horacio Guarany.

Aquél joven se inició con la Orquesta de Herminio Giménez, cantando música paraguaya y en idioma guaraní. En 1957 debutó en Radio Belgrano de Buenos Aires, consiguiendo que su interpretación de “El mensú” (de los hermanos Ramón Ayala y Vicente Cidade), se difundiera en las estaciones de radio.

Un festival en Moscú influyó tanto en su vida profesional como personal. Antes de viajar dejó grabado su primer LP y, a su regreso, ya estaban sus canciones en boca de todo el pueblo folklórico argentino gracias a la difusión realizada por Miguel Franco en las audiciones radiales de la época.

Tanta fuerza cobraría Guarany que llegó a convertirse en pionero del Festival Nacional de Cosquín  (1961), y fue un clásico, año tras año con conocidas composiciones como “Guitarra de medianoche”, “Milonga para mi perro”, “La guerrillera”, “No sé por qué piensas tú”, “Regalito” o “Si se calla el cantor”.

Muchas de sus célebres composiciones musicales acompañaron las letras del gran poeta tucumano Juan Eduardo Piatelli, temas como “Canción del perdón” o “No quisiera quererte”, entre tantas otras.

Después del derrocamiento de Juan Domingo Perón, Horacio Guarany se afilió al Partido Comunista, participando de sus actos partidarios y al tiempo que pronunciaba frases como “Yo pertenezco al glorioso Partido Comunista”. Sin embargo, en los tiempos venideros, dicha afiliación le jugaría en contra para su carrera…

Los difíciles años ’70

En 1972 filmó su primer largometraje “Si se calla el cantor”, con Olga Zubarry, cuya trama giraba en torno al triunfo de un cantante luego de varias malas experiencias. Dos años más tarde, dirigido por el mismo director Enrique Dawi, filmó “La vuelta de Martín Fierro”, con Onofre Lovero, un relato de la vida de José Hernández y de su obra.

Durante el mismo 1974 Guarany recibió múltiples amenazas de muerte y sufrió atentados con bombas por parte del grupo parapolicial Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), siendo “invitado” a abandonar el país en 48 horas. Así fue como en diciembre debió exiliarse, primero en Venezuela, luego en México y finalmente en España.

La dictadura militar destruyó todos sus discos de los locales comerciales de la época, además de censurar la difusión pública de sus canciones, especialmente temas como “La guerrillera” o “Coplera del carcelero”, entre otras.

El 5 de diciembre de 1978 retornó a nuestro país, pero poco después, el 20 de enero de 1979 le pusieron una bomba en su casa de la calle Manuel Ugarte, en Buenos Aires, lo cual lo empujó a tomar diversas medidas de seguridad. De hecho, decidió permanecer en Argentina, pero sólo realizó espectáculos en el interior del país.

Con el retorno de la democracia, en diciembre de 1983, volvió a brindar recitales masivos y presentaciones televisivas. Así se reencontró con el gran público que lo disfrutó en cada festival y cada presentación donde desparramó todo su sentimiento y su cálido pero enérgico mensaje. Así reavivó su romance con la gente, acrecentando su mítica, esa misma que se generaba cada vez que el “Cantor” subía a un escenario, con una plena identificación con las letras de sus canciones –tan únicas y populares-, y el sentimiento expresado en cada nota que salía de su garganta, esa que supo que “si el vino viene, viene la vida…”.

Su lugar en el mundo…

En 1989 adquirió una finca en Luján, a la que llamó “Plumas Verdes”, según explicación del propio artista en su libro de memorias (Memorias del cantor), llamada así porque queda “en el regocijo del loro”, con mucha arboleda añosa y frutales. A su finca y a la ciudad que lo albergaría hasta su muerte les dedicó un álbum grabado en su nuevo sello discográfico.

Entre 1992 y 1993 escribió tres novelas: “El Loco de la Guerra”, “Las Cartas del Silencio” y “Sapucay”.

En el año 2002, en el recital con Soledad realizado en el Luna Park, se grabó el disco “En Vivo en el Luna Park”. Juntos realizan luego una gira por todo el país durante 2003.

Siguió con su arte y oficio de cantar y de escribir, aunque el 24 de octubre de 2009 hizo su último recital en el Luna Park, pero sólo se despidió de aquel local que lo viera más de veinte veces lleno en su carrera. En febrero de 2012 realizó una cuatrilogía contando su vida en forma musical en el Teatro Ateneo de Buenos Aires, con cuatro conciertos.

En 2007 filmó “El grito en la sangre”, dirigido por Fernando Musa y actuando junto a Abel Ayala, Florencia Otero y Roberto Vallejos, película basada en la novela “Sapucay” de su propia autoría.

En 2013 recibió un premio del Congreso de la Nación Argentina y al año siguiente el Premio Konex a la trayectoria.

En 2015 volvió a cantar en el festival de doma y folclore de Jesús María, Córdoba. Con 89 años realizó la presentación en el festival invitando al Chaqueño Palavecino a cantar con él.

A finales de 2015 se publicó “Horacio Guarany, toda una vida”, una extensa y documentada biografía escrita por Roy Stahli.

La vida misma es toda un canto…

Dueño de una extensa discografía y de una pluma exquisita, a lo largo de su virtuosa carrera, además de compartir escenario con diversos artistas, también grabó célebres e inolvidables canciones con César Isella, Mercedes Sosa, Soledad Pastorutti, Luciano Pereyra y el Chaqueño Palavecino, entre otros.

El pasado viernes 13 de enero de 2017 murió a causa de un paro cardiorrespiratorio, a la edad de 91 años, en su casa de Luján. Sin embargo, su mensaje no murió y no ha de morir jamás, porque como repetía incansablemente “Si se calla el cantor… calla la vida”.

HORACIO GUARANY EN AZUL

Organizado por el Club Colegial del Colegio Nacional “Esteban Echeverría” se concretó el día martes 13 de agosto de 1963, el Primer Festival de Folklore en Azul. En la oportunidad, en el Cine Teatro “San Martín” de nuestra ciudad se presentaron Jorge Cafrune, Los Cantores del Alba y el carismático Horacio Guarany. Luego del show, como aquellos que se conocen de una vida entera, Guarany compartió una extensa charla con el multifacético “tiempista” Miguel Oyhanarte y otros periodistas.

Unos años más tarde, el 16 de febrero de 1967, Guarany estuvo nuevamente en la redacción de “El Tiempo” en lo que fuera la promoción de su trabajo discográfico. Por entonces se había lanzado una reedición de su exitoso “Horacio Guarany canta Martín Fierro”. El material publicitario de ese momento era una postal realizada por el artista Juan Carlos Castagnino, de la cual el apasionado y detallista Miguel Oyhanarte preservara una en su amplio archivo. Una fotografía preservó aquella distendida visita para la posteridad; en la ocasión conformaron una ronda de charla  junto al reconocido cantor el no menos popular boxeador azuleño Gregorio “Goyo” Peralta, como así también Oscar Turchetta y Rubén Bagnoli.

Guarany volvió a actuar un par de ocasiones más en Azul y hasta ha de formar parte de nuestro anecdotario como ciudad el episodio en el que el “Cantor” casi no sube al escenario por algunas serias desavenencias con los organizadores de un espectáculo en un reconocido Club local en el año 1993.

Horacio Guarany estuvo públicamente en Azul por última vez el 12 de marzo de 2005. Como Padrino de la celebración, subió al escenario de la IV edición “Fiesta de la Vaca”, desarrollada en el Parque Municipal. Y esa misma noche le impusieron su nombre al Escenario Mayor, un reconocimiento que el propio Guarany resaltó como único en toda su extensa carrera bromeando “miren que hay nombres para elegir, y justo vienen a elegir el mío!”.

RECUERDOS DEL “CAMINO VIEJO A TANDIL”…

Una de las grandes celebraciones entre el paisanaje de la zona del “Camino Viejo a Tandil” eran las carreras de caballos organizadas en el Almacén “El Sapo” de don Pedro Garay.

La taba, las bochas, los naipes o alguna cuadrera constituían el paso previo a acercarse al mostrador de estaño para tomar alguna copa. Centenares de personas pasaban la jornada distendidos, disfrutando de una armoniosa camaradería que muchas veces tenía algún fin benéfico cuando lo recaudado era donado para la Escuela N° 26.

El almacén ya no funciona, pero el viejo edificio aún perdura y marca el límite de una leyenda que recuerda el paso de algún personaje como Catalino Domínguez cuyo destino siempre estuvo ligado a las disputas y los altercados provocados por el juego, las polleras u otras cuestiones. Simples recuerdos que son parte de una historia doméstica que se agiganta con el paso del tiempo sumando a su prontuario la actuación de un joven y por entonces apenas conocido Horacio Guarany, que cantó para el vecindario en la Estancia “La Celina”, un poco más atrás de “La Severa”, ambas de Ramón Elgar, donde también solían armarse grandes domas.

DOS GUITARRAS AZULEÑAS CON GUARANY

Durante su exilio, Horacio Guarany se radicó temporalmente en España donde el azuleño Cataldo “Lalo” Carmisano se convertiría no sólo en su primera guitarra en los escenarios españoles, sino también en su “compañero de andanzas”, dupla a la que habitualmente solía sumarse ni más ni menos que Juan Manuel Fangio.

Guarany y “Lalo” grabarían juntos varios temas que aparecerían en los discos editados en España: “Horacio Guarany en España”, editado en Argentina como “Volveré en un canto” (1975), “Tiempo de amor y paz” (1975) y “Luche, luche” (1977), disco originalmente editado en España.

El otro azuleño que se convertiría en un puntal para el folklorista santafesino fue Guillermo “Bocha” Sotes Loredo. Muy joven, Sotes viajó a España donde conoció y compartió escenario y autoría con Cholo Aguirre, Rafael Amor y el mismísimo Horacio Guarany. Integró “América Joven” para competir en el festival de la Paz, en Valladolid. Conoció a Sergio Solar, guitarrista chileno, integrante de los Wawanco y con él, Mario Núñez y “Lalo” Carmisano formaron “Latitud Sur”. Con ese cuarteto participaron en la banda sonora de la obra “Evita” en castellano, con Paloma San Basilio y Patxi Andion. Hicieron muchas presentaciones en España, programas televisivos y viajaron a Aman, Jordania, para tocar para el rey Husshein y la reina Noor. Al volver a Argentina, estudió con Mario Allende e integró el grupo de Horacio Guarany durante muchos años. Tocaron en todos los festivales nacionales y recorrió varios países de Sudamérica, llegando inclusive a Australia.

A pesar de la distancia que actualmente separa a “Lalo” Carmisano y “Bocha” Sotes, pues el primero reside en Marbella, España, y el otro en Tandil, ambos guardan muy buenos.

Horacio Guarany para “El Tiempo”

En la visita que realizara Horacio Guarany a la redacción de “El Tiempo” en 1963 se le realizó un extenso reportaje del que es interesante resaltar algunos aspectos:

Cronista: ¿No cree usted que la proliferación de intérpretes folklóricos (música y canto) puede desvirtuar el propósito  de afianzar definitivamente tales manifestaciones autóctonas?

Guarany: Creo todo lo contrario. Creo que hacen falta muchos valores, muchos conjuntos. El pueblo es el que selecciona, el que purifica, el que pule. El pueblo viene a ser lo mismo que la piedra, la llanura, el río para la copla. La copla que crea el pueblo, entra a rodar y se va puliendo en ese andar de boca en boca, de mano en mano. Llega hasta el estanciero, hasta el peón de campo, hasta el minero, hasta el hombre del quebrachal o del cañaveral, y él la va puliendo, la va limando hasta que la copla llega a ser una sola, una auténtica voz de pueblo. De la misma manera, cuanto más conjuntos haya –que por otra parte no son más que hijos del pueblo-, mejor. No le puede hacer daño. Lo difícil es cuando hay poco, porque no se puede aprender. Si hay muchos malos, de ellos vamos a sacar experiencia. Pero si no hay malo, no podemos decir: esto está mal y aquello está bien…

Cronista: ¿Cuál es, a su juicio la causa por la cual todos los conjuntos que se forman escogen los temas norteños, olvidándose de los sureños, que los hay en abundancia y de exquisita calidad.

Guarany: La mayoría de los muchachos nuevos tienen un problema tremendo. En alguno, la falta de tiempo, puesto que hay que trabajar y hay que vivir. En otros, la falta de formación e información. Entonces se va a lo más práctico, a lo más fácil: al disco. Sacan el disco para poder hacer luego su canto. Y qué ocurre? Sin querer, o queriendo, o sin darse cuenta, o dándose a veces… se copian. Entonces se va al exitismo. Y así tenemos muchachos auténticamente sureños que salen cantando con voces y temas norteños… Yo creo que todo eso está perfectamente identificado con la situación que vive el país. Todo el país nuestro vive un estado de confusión, de desorientación, en todos los órdenes. No solamente en el canto, sino también en la industria, en el comercio, en la construcción, en el vestir, etc. Se vive una deformación total, que lleva a que la gente no pueda dar su verdadera opinión. Algunos por miedo, otros por falta de conocimientos… Otros por confusión misma. Cuando haya los medios necesarios para que nuestra gente pueda ilustrarse, nutrirse, con los elementos verdaderos, yo creo que del Sur van a salir los verdaderos cantores sureños. La confusión viene aparejada, inclusive, a un complejo tremendo de inferioridad sobre lo nacional. La gente sureña a lo mejor cree que si le canta al alambrador, al peón de tambo, al peón de campo, al zorrero, al hombre de los pajonales, al papero de Balcarce, al chacarero, etc., cree que eso no sirve, que no tiene valor. Entonces sale un sureño cantándole a un minero del norte, al hombre del cañaveral o al del quebrachal…

Es la falta de formación, de cultura en general. Bien se sabe que la cultura es la base de todos los pueblos. Y nuestro país, desgraciadamente, en cultura anda a los ponchazos. La gente se cultiva como puede. Cultivarse en nuestro país es un lujo tremendo.

Cronista: Queremos, ahora, que nos deje unas palabras dedicadas a la juventud azuleña.

Guarany: A la juventud de Azul, como a la de todos los lugares de mi patria –aunque yo no soy quién para dar consejos, pues solo puedo brindarles mi experiencia-, le digo que debe creer en la gente. Tener fe en sí mismo y creer en la gente con una fuerza tremenda. Creer hasta en el enemigo de uno, porque el enemigo algo nos enseña. Y con esa creencia, luchar por lo que uno siente, por lo que uno tiene deseo de hacer, y hacerlo. Morir no se muere nunca. Sólo mueren os que no han vivido. Los hombres viven y las bestias duran. Porque el hombre vive cuando deja algo. Aún después de muerto queda él. Quedan sus cosas. Queda su recuerdo. Y ahí es donde está viviendo. El que no fue capaz de dejar nada, cuando ha desaparecido físicamente, es porque no ha vivido nunca. Ha estado muerto siempre…

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