“NUNCA PENSAMOS QUE PUDIERA HACER UNA COSA ASÍ”

El veterinario, cuando era retirado de la segunda de las audiencias de este juicio. El viernes que pasó fue condenado a diecisiete años de prisión por abusar sexualmente de dos nenas.
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El veterinario, cuando era retirado de la segunda de las audiencias de este juicio. El viernes que pasó fue condenado a diecisiete años de prisión por abusar sexualmente de dos nenas.

Además de esos abusos que tuvieron como víctimas a sus respectivas hijas y – según quedó probado en el juicio- cometió el veterinario, hay toda una historia que data de varios años donde ambas madres tenían estrechas relaciones, por situaciones bien diferenciadas, con César Marcelo “Yeye” Vitale.

Relaciones a través de las cuales, contó una de esas mamás, la segunda de las denunciantes que tuvo esta causa penal, “yo confiaba en él”.

“Nunca pensamos que pudiera hacer una cosa así. Además, tenía el perfil de una persona divina. Era bueno, te ayudaba”, agregó la otra madre.

“En el juicio -recordó una de las mujeres- yo les hablé mucho a los jueces,  poniéndolos a ellos como si en este caso se tratara de sus hijos. Y en un momento ví al Dr. Céspedes que se le llenaron los ojos de lágrimas”.

“Después, cuando me preguntaron si tenía algo más para acotar, lo miré a él, a Marcelo, que mientras tanto escribía y me miraba. Le dije que no le deseaba que le hicieran nada malo. Pero también, que nada de lo que hizo iba a reparar el daño que le hizo, más que nada, a sus propios hijos. Eso fue lo último que dije. Y en ese momento él agachó la cabeza y dejó de mirarme”.

A través de esos vínculos que ambas madres tenían por diferentes circunstancias con el veterinario, sus respectivas hijas se habían hecho amigas de la hija del azuleño que está preso actualmente en una de las cárceles de Sierra Chica.

Eso solía derivar en que las nenas se quedaran a dormir en la casa de esta ciudad donde Vitale vivía con su familia, el lugar donde después -según se comprobó en el juicio- el hombre que actualmente tiene 46 años abusaba sexualmente de ellas.

A tocamientos que a ambas nenas solía hacerles en sus zonas íntimas cuando se quedaban a dormir, le seguía ese juego perverso del que las hacía participar: el “gallito ciego”.

En el fallo se menciona que a través de esos juegos Vitale les daba de probar a las nenas mermeladas, dulces o alimentos untables por el estilo.

Sus víctimas, debido a que les vendaba los ojos cuando de a una las iba haciendo pasar a un baño donde las encerraba para separarla de otras nenas que también participaban inocentemente del perverso juego, ignoraban en ese entonces que aquello que probaban no estaba en una cuchara de plástico.

Así, el veterinario las accedía carnalmente por vía oral sin que ellas se dieran cuenta.

A esta altura, ambas madres están convencidas de que otras víctimas de estos aberrantes abusos podrían haber existido. Pero a Tribunales sólo llegaron dos denuncias; aunque en la previa se hablaba de la existencia de más casos que, finalmente, nunca se judicializaron.

Una de las madres recordó que luego de que la otra mamá se convirtiera en la primera denunciante, el veterinario habló con ella.

“Cuando le cayó esa primera denuncia, él me decía a mí que le querían sacar plata. Y yo en un principio, sin saber que a mi hija le había pasado lo mismo, le creía”.

Aquellos rumores que siempre circularon de que más nenas podrían haber sido también abusadas la llevaron un día a la mamá que en primer término denunció lo ocurrido a encontrarse con otra madre en un supermercado.

Según contó, la charla que entre ambas se produjo en ese momento inquietó sobremanera a su hija, que estaba con ella.

“Esta mujer me decía que le preguntaba a mi hija si él le había hecho algo. Y mi hija empezó, como caprichosa, a decirme que nos fuéramos”.

Pero después diferentes conductas de su hija, sobre todo advertidas por su abuela, fueron poniendo en evidencia que esa chica que hoy tiene 15 años había sido sometida a ese aberrante juego sexual que solía llevar a cabo en su casa el veterinario condenado el pasado viernes.

“Mi mamá notaba que ella vivía encerrada en la pieza. Y le preguntaba qué le pasaba, por qué estaba como insegura adentro de la casa. Mi hija le decía que en la calle se podía escapar, pero que adentro de la casa no. Y que tenía algo que no la dejaba vivir en paz. Le agarraban crisis, se arrancaba los pelos y decía que se quería quitar la vida”.

“También -recordó su mamá sobre las conductas de su hija luego de que fuera abusada por el veterinario-, continuamente se lavaba los dientes. Se cepillaba con desesperación. Y cuando yo le preguntaba, me decía que le gustaba tener la dentadura limpia. Era alevoso cómo se lavaba los dientes. Fuera de lo común”.

Finalmente, esa menor le contó a su abuela lo que le pasaba cada vez que iba a la casa del veterinario a jugar con su hija. Después de eso, a la chica la llevaron a hablar con la Dra. Nora Padrón. Y esa médica fue quien “me dijo a mí lo que había sucedido”.

“Al día de hoy me voy enterando de a poco, le voy sacando más cosas. Una confesión que me hace -contó, llorando, la primera de las denunciantes- es que tiene los labios de la vagina para afuera por los manoseos que él le hacía en la pileta”.

“Creía en él”

“Yo hablaba mucho con Marcelo. Creía en él. Me contó que le había entrado esa primera denuncia. Pero mi hija al principio, cuando le preguntaba, cambiaba de tema y siempre me decía que no, que nunca le había pasado nada. Ella se la pasaba jugando con la hija de él. Eran como hermanas, vivían prácticamente juntas”, recordó la mamá de la otra víctima.

En aquellas charlas que mantenía con Vitale, ignorando todavía que también había abusado de su hija, la mujer contó que “yo le decía que tenía que estar tranquilo, que si no había hecho nada Dios lo iba a defender”.

“Una vez me contó que su psicóloga se había equivocado con él, porque le había dicho en dos oportunidades que tenía un perfil de abusador. Cuando me dijo así, si bien yo no pensaba que le había hecho algo a mi hija, ahí ya empecé a creer que algo había pasado”.

En su caso, indicó que su hija le contó a uno de sus hermanos sobre lo que había sufrido. “Y después, ese mismo día, me lo dijo a mí”.

“Un día ella estaba en su casa y fue al baño. Y por atrás se le vino él, que se empezó a bajar la malla. Pero mi hija se pudo escapar, aunque en ese momento le dijo: ‘Yo sé lo que es la cuchara rara’. Y él le advirtió: ‘Si vos decís algo te mato a tu mamá y a tus hermanos’”.

“Después de eso mi hija pasó el verano encerrada y se destruyó todo el pelo, que tenía un pelo hermoso”.

“NO DEJA DE SER JUSTO EL FALLO”  

“No deja de ser justo el fallo. Es parte de las posibilidades que tiene el Tribunal al momento de hacer la mensura de la pena. Estoy absolutamente satisfecho por el fallo. Más allá de la diferencia de pena, que es bueno tenerlo presente y creo que era el único tema importante que surgió en los últimos días”.

Después de que el viernes se anunció la condena para el veterinario, el fiscal Marcelo Fernández se refirió, en diálogo con los medios, a diferentes aspectos del caso y del juicio que lo tuvo como representante del Ministerio Público.

Tras haber pedido en su alegato una condena de catorce años de prisión para Vitale y que el Tribunal, por abusar de ambas menores, finalmente lo condenara a diecisiete años de cárcel, el actual titular de la UFI 1 también sostuvo: “Uno, como funcionario público, tiene que tener la responsabilidad de no subirse a ciertas cuestiones que se ponen muy resonantes en cuanto a la ola punitiva que a veces se evidencia en la gente y en los medios. En ese sentido, siempre digo lo mismo. Debo manifestarme como un funcionario y, por lo tanto, con la mayor objetividad y de la manera más responsable”.

Después, al ser consultado sobre si la condena para el veterinario podía considerarse como un elemento tranquilizador para las víctimas y sus familias, el Fiscal señaló: “Las penas no están para tranquilizar a las familias”.

“Yo no supongo eso. A las penas las debemos fijar para establecer una sanción de cualquier delito. En este caso en particular, de delitos graves. Yo no sé si una familia puede quedarse contenta o triste por una pena. En lo personal, yo no lo haría. A mi no pasaría. No estaría ni triste ni contento. Principalmente, cuando se trata de hechos graves”.

Y agregó: “Pensemos en homicidios, en abuso sexuales graves, en delitos que no se reparan con una condena penal. Lo pienso así y, por lo tanto, no supongo que una persona pueda quedarse contenta o no con eso, con una pena”.

“Eso -continuó diciendo- es un trabajo que deberá hacerse posterior a todo esto. Más allá del proceso penal, esto sigue. Es sólo un aspecto de toda la situación. El conflicto es mucho más grave. Nosotros lo hemos resuelto y hemos llegado a un final que se puede considerar justo”.

“Pero ahora las nenas van a seguir creciendo. Y como víctimas, ese hecho no lo van a poder suprimir de sus vidas. Van a seguir elaborándolo con el apoyo que tengan. Psicológico, de la familia y de los propios elementos que vayan adquiriendo para crecer y para asumir esto como un hecho que puedan superar”. 

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