“Ojalá la gente deje de esperar que llegue todo servido”

Todos los años se suma a campañas solidarias y hace unos días que regresó de Salta, adonde llegó para colaborar con los afectados por el desborde del río Pilcomayo. En charla EL TIEMPO, Hourcade describió, con desgarradoras expresiones, la compleja situación atestiguada. Además reflexiona sobre la tarea solidaria y las expectativas que genera en Azul.  

La gente de Salta recibiendo lo que la comunidad del Partido de Azul donó.


Beto Hourcade se sumó a la caravana solidaria impulsada por el Movimiento Solidario Sobre Ruedas del cual hace 23 es parte. Se trata de una organización motera que reside en Buenos Aires donde hay varios amigos de todo el país que se dedican a hacer este tipo de actividades. Es todo puramente solidario y ayudan principalmente en comunidades aborígenes, sobre todo en Chaco, Salta, Santiago del Estero y el resto del norte argentino donde los aborígenes están bastantes olvidados. No solamente le han arrebatado sus tierras sino que tienen cada vez menos posibilidades de mantener sus ideologías, creencias, entre otros elementos propios de su cultura.
Un viaje solidario pero triste
Hourcade contó que “en esta caravana fueron amigos de Chacabuco, de un montón de lugares y decidí acompañar a los chicos de Buenos Aires. Yo fui con mi camioneta completa de alimentos para repartir en las comunidades aborígenes Wichis y Tobas, en las localidades de Santa Victoria y Aguaray. Cuando salimos recién en Ceres me sumé a la caravana y me acoplé. Cuando llegamos nos alojaron con todas las comodidades muy amablemente los bomberos voluntarios, nos dieron para dormir, comer y preparamos todas las bolsitas con alimentos. Salimos el sábado para ir hasta Salvador Mazza”.

Continuó “ahí nos recibió gendarmería y los bomberos porque había mucho miedo por los saqueos y todo tipo de desmanes, que pobre gente, no lo hacen porque realmente sean personas malas sino por necesidad. En realidad lo destruyeron sus propias tribus pero fue ante la necesidad, es decir todo fue saqueado”.
Así que por ello ingresaron con helicópteros que “les tiraban los alimentos desde ahí arriba y era impresionante cómo se veía muchísimo la necesidad de la gente que quedó aislada por la rotura de los puentes, obviamente no tenían para comer. Cuando fuimos a Santa Victoria llegamos a dos comunidades”.
Descripción del lugar y de la gente
En segundo lugar describió el lugar que visitó. “Las casas son de adobe y de barro y fueron derribadas por el río Pilcomayo y quedaron a la deriva de Dios. Estaba todo inundado. La realidad es era muy complicada su situación. Con palos y silos bolsas hicieron casitas precarias”, señaló.
Aclaró que “son comunidades que se respetan mucho pero están separadas, casa uno tiene su cacique. Lo que ví es el Gobierno de Salta llevó unos trailers que les permitía darle clase a los niños en castellano y aborigen y los mismos padres de los chicos estaban construyendo sus ´escuelas` con palos parados e hicieron pupitres para que el maestro pueda darle clase a los niños”.

Beto Hourcade: “Las casas son de adobe y de barro y fueron derribadas por el río Pilcomayo y quedaron a la deriva de Dios”.   GENTILEZA BETO HOURCADE


REFLEXIÓN
En otro tramo de la charla expresó “es mucha la necesidad que tienen y a la vez hay un 80 por ciento que son evangélicos y es conmovedor porque ellos tienen una oración de agradecimiento. Todo eso lo publiqué en mi Facebook con el único objetivo que la gente revalorice lo que tienen de este lado y se puedan ocupar un poco de los que no tienen.
 Aclaró que “de una forma u otra siempre se puede salir adelante, siempre hay posibilidades de tener la comida sobre la mesa. Si bien hay necesidades pero allá es tremendo lo que está pasando. Querer es poder y entiendo que hay gente que no quiere porque tiene todo servido, hay que terminar de servirles a los servidos. Por algo yo tenía 50 chicos en el comedor y dejé 25 que realmente lo necesitan”.
En el mismo sentido aclaró que “no sé si se puede con facilidad seleccionar a quién darle y a quién no. Lo mismo hicimos cuando fuimos a Salta y entregamos los alimentos en manos de la gente porque pretendían que los dejáramos en cualquier lado y hace 23 años que hago esto y prefiero dejarlos en mano”.
“Así que por un lado me volví contento y feliz porque Azul, Cacharí y Chillar se solidarizó con estos hermanos aborígenes que no tienen ni un baño. Aunque me vine con un gran dolor en el corazón porque pienso que se pudo haber hecho mucho más pero quiera Dios que ellos puedan recuperar sus tierras, que baje el Pilcomayo y que puedan seguir con sus vidas normales y que tengan posibilidades de vivir un poco mejor”, apuntó.
Agregó “que dejen de estar tan olvidados como están porque que cada año que voy los veo cada vez peor. Es injusto porque son personas honestas, sencillas, sinceras con mucha fé en Dios y realmente como cristiano uno desea que estén mejor pero que todos podamos hacer algo. Uno nace, crece, se desarrolla, sabe lo que es tener agua corriente, luz eléctrica; pero en cambio ellos no se enteran de lo que es una visita al médico. Me vine con mucho dolor en mi corazón porque hay mucha desigualdad y trato de contenderme de no llorar porque es mucha la injusticia social. Ojala ellos tengan un médico, una casita, agua, lo que nunca tuvieron. De hecho me vine llorando muchísimos kilómetros cuando salí, que no le importa a nadie, pero Argentina es un país rico y nosotros podríamos estar mucho mejor si quisiéramos”.
Opinó que “nosotros seguimos con ese sin sabor de aquellos hermanos,  pero acá sé que hay necesidades pero también hay recursos. La gente se tiene que dar maña para salir adelante. Ojalá la gente deje de esperar que llegue todo servido”.
 

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