PARA LA CANONIZACIÓN DEL CURA BROCHERO

Ojos azuleños en el Vaticano

El presidente Mauricio Macri y, de fondo, una imagen del cura que será canonizado hoy en el Vaticano.
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El presidente Mauricio Macri y, de fondo, una imagen del cura que será canonizado hoy en el Vaticano.

Por Jorge Pérez Enviado especial de EL TIEMPO

Está todo listo en la Plaza San Pedro del Vaticano para llevar a cabo hoy la canonización del primer santo que nació, vivió y murió en Argentina. El pasado jueves fueron colgados los clásicos tapices en el frente a la Basílica de San Pedro en Roma. El cura Brochero está montando a su mula, Malacara, su gran compañera de ruta evangelizadora por las sierras de Córdoba.

Probablemente es la primera vez que una animal de este tipo comparte semejante lugar en el Vaticano. El tapiz reproduce una fotografía original donde Brochero aparece fumando un cigarro. Gracias a la tecnología, el cigarro entre sus labios ha desaparecido.

José Gabriel del Rosario Brochero nació el 16 de marzo de 1840 en Santa Rosa del Río Primero (Córdoba). A los 16 años ingresó al Seminario Mayor de Córdoba Nuestra Señora de Loreto, donde recibió su formación sacerdotal. En la Universidad Nacional de Córdoba cursó sus estudios filosóficos y teológicos. Fue ordenado Presbítero el 4 de noviembre de 1866. Más tarde, fue nombrado Prefecto de Estudios del Seminario Mayor de Córdoba y se inició en la vida pastoral en la Catedral de Córdoba, donde desempeñó su ministerio sacerdotal durante la epidemia de cólera que devastó a la ciudad entre 1867 y 1868.

En 1869 se recibió de Maestro en Filosofía por la Universidad y en noviembre de 1869, el Obispo lo destinó como Párroco a Traslasierra para que asumiera a su cargo el extenso curato de San Alberto, cuya sede se encontraba en San Pedro, cabecera del departamento en ese entonces.

Brochero fue hombre de fe, hombre de acción que compartió muchos emprendimientos con y para sus coterráneos. Su nombre es un símbolo y un programa, ya que representa la labor misionera que la actual Iglesia católica valora especialmente. Prototipo del cura humilde y sencillo, era alegre e incansable. Mientras realizaba una titánica labor apostólica con mentalidad progresista, no cesaba de estudiar las obras necesarias para desarrollar la región serrana de la provincia de Córdoba que lo vio nacer.

La historia cuenta que Brochero contempló el rosario de pueblos donde habría de desempeñarse y aceptó la tarea con alegría. Mientras miraba desde las Altas Cumbres, se dijo a sí mismo “está todo por hacer”. Su obra testimonia aquel propósito que cumplió con creces, armado de fe, coraje y amor sin límites y de una célebre picardía criolla, perpetuada en cientos de anécdotas que se incorporaron a la historia del valle por el que tanto luchó.

Don Basilio López, del poblado de San Vicente, le regaló una mula, el medio de movilidad que adoptó para llegar a todos los rincones de su extenso curato. Eran largas distancias por senderos intransitables que le demandaban varios días. Llevaba en sus alforjas chala para sus cigarros, los elementos para celebrar misa, el breviario, el rosario y algún pedazo de charqui para comer… Aunque prefería hacer un alto en los ranchos diseminados en las montañas para conocer a su gente, tomar mate y saber de sus problemas.

Murió leproso y ciego en la Villa del Tránsito (hoy Villa Cura Brochero) el 26 de enero de 1914, a los 74 años de edad.

Pocos días después de su muerte, el diario católico de Córdoba destacó: “Es sabido que el Cura Brochero contrajo la enfermedad que lo ha llevado a la tumba, porque visitaba largo y hasta abrazaba a un leproso abandonado por ahí”.

En 2004, fue declarado Venerable por el Papa Juan Pablo II, y el 20 de diciembre de 2012, el Papa Benedicto XVI firmó el decreto que valida un milagro, lo que da paso a su beatificación que se llevó a cabo el 14 de septiembre de 2013 en un predio de nueve hectáreas en Villa Cura Brochero, tras una semana de preparación con diversos actos culturales y religiosos.

Junto a Brochero serán canonizados por el Papa Francisco otros seis beatos: el obispo español, Manuel González García “el obispo de los sagrarios abandonados” (1877-1940), el niño cristero mexicano, José Sánchez del Río (1913-1928), dos franceses, Salomone Leclercq (1745-1792) y Elisabeth Catez (1880-1906); y dos italianos, Lodovico Pavoni (1784-1849) y Alfonso María Fusco (1839-1910).

 

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