RELATOS DESDE EL ENCIERRO  

Osvaldo

 

Por Matías Verna (*)

“Vengándose, uno se muestra igual que su enemigo”  (Sir Francis Bacon)

Una de las primeras libertades que se dieron en mi guardia fue la de Osvaldo Méndez Coria. 16 años después, el hombre, educado, respetuoso, sin tatuajes, con estudios y una familia que religiosamente lo visitaba los sábados y domingos; recuperaba su libertad.

Se fue en silencio. Nadie golpeó una puerta, nadie le dijo chau ni suerte. Solo se fue a eso de las 2 de la mañana con los dedos negros de la tinta que le dejó el notificador de Registro de Internos y nada más.

Osvaldo Méndez Coria le dejaba el lugar en el pabellón N° 7 de la Unidad N° 2 de Sierra Chica a otro que en las primeras horas de la mañana ya se instalaría con sus pertenecías o su mono como dicen por allí.

El hombre estrechó la mano a todos los que estábamos levantados a esa hora en ese turno que conducía el “Negro” Rocha y se fue caminando despacito hasta perderse en la noche fría que dejaba septiembre entre el granito rojo y la mirada oculta de las lechuzas.

Violador, abusador y asesino de una niña de 9 años, era todo lo que decían de Osvaldo Méndez Coria.

Un corazón roto, paciente, triste hasta la muerte, lo esperaba en la parada del colectivo que lo dejó en libertad a dos cuadras de su casa en Haedo. Puntazo directo a la yugular y tres más a la altura del corazón fue todo lo que recibió.

Osvaldo Méndez Coria cumplió su condena. Pero no lo perdonaron. Su asesino no se sabe quién es. Pero dicen que duerme en paz.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría y se encuentra trabajando en la publicación de su séptimo libro titulado “Crudo”, el cual será editado en el mes de abril. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos

 

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