Las calles del Azul

Otra vida ofrendada por la Patria

 

La centésima cuadragésima segunda calle de nuestro recorrido fue bautizada, en 1997, con el nombre de Coronel Jorge Roberto Ibarzábal, en homenaje a quien fuera Jefe del Grupo de Artillería Blindado 1 y resultara asesinado en el intento de copamiento al Cuartel de la Guarnición Militar de Azul.

	El teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal asumió el 20 de diciembre de 1973 como Jefe del Grupo de Artillería Blindado 1 de Azul. Un mes después fue secuestrado durante el intento de copamiento al Cuartel y finalmente asesinado el 19 de noviembre de 1974. El gobernador Oscar Raúl Bidegain, tras las duras palabras del presidente Perón renunció a su cargo el 24 de enero de 1974.
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El teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal asumió el 20 de diciembre de 1973 como Jefe del Grupo de Artillería Blindado 1 de Azul. Un mes después fue secuestrado durante el intento de copamiento al Cuartel y finalmente asesinado el 19 de noviembre de 1974.

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

 Trabajo declarado de Interés por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y de Interés Legislativo y Comunitario por el Concejo Deliberante de Azul.

En el siglo transcurrido desde que el Presidente de la Corporación Municipal, Federico Julián Olivencia, le impuso nombres a las 36 calles que tenía el pueblo -denominadas hasta entonces con números romanos-, y el decreto que nombró tres arterias en diciembre de 1979 (O’Connor, Obligado y Py), Azul se transformó y creció radicalmente.

Hacia 1888 la cuadricula del pueblo –pronto a ser declarado ciudad-, había crecido equilibradamente con la incorporación de ocho denominaciones establecidas mediante el Decreto N° 354 promulgado por el intendente Pedro Oubiñas, incluyendo el nombramiento de dos “avenidas”.

El deslumbrante siglo XX acarreó cambios e incorporaciones a la lista de calles azuleñas. Algunas perdieron sus primigenias denominaciones y otras surgieron gracias a la Ordenanza N° 782, del 18 de octubre de 1924, mediante la cual el Honorable Concejo Deliberante, por unanimidad, le impuso nombres a veinte nuevas arterias abiertas y/o rectificadas en su trayecto. El proyecto había sido presentado y tratado por una Comisión especial integrada por Eduardo Berdiñas, Gregorio Motti, Francisco Gilardoni y Pedro Guiraut. Días después, éste último, que era el intendente Municipal de aquel entonces, la promulgó.

En 1942, durante la administración del intendente José María Peluffo, se denominaron cinco avenidas, tres de las cuales fueron caracterizadas como “de circunvalación”, delimitando concisamente los que se creían iban a ser los límites de la ciudad. Sin embargo, como pronto fue evidente, Azul no se detuvo en su desarrollo.

Pasada la mitad del siglo XX, el crecimiento poblacional se vio acentuado, extendiéndose notoriamente la ciudad. Inclusive, el intendente Ernesto María Malére creyó que era conveniente modificar el sistema de denominación pasando a sistema numérico. Sin embargo, los vecinos no se adaptaron al mismo y quedó implementado solamente para algunas calles que permanecieron sin nombre o se continuó usando a los fines catastrales.

La “Comisión Municipal de Investigaciones Históricas del Partido de Azul”, a cuyo frente se hallaba el historiador azuleño Vicente Porro -quien contaba con la incansable colaboración de la poetisa María Aléx Urrutia Artieda-, hacia 1956 propuso la incorporación a la lista de calles azuleñas nuevos nombres, los cuales fueron propuestos a sabiendas del significado que los mismos acarreaban para la historia lugareña. En consecuencia, mediante el Decreto-Ordenanza del 12 de noviembre de 1956, firmado por el Comisionado Guillermo Rodolfo Sarmiento, se le impusieron nombres a quince nuevas calles de la ciudad.

Años más tarde, continuando con los cambios y algunas incorporaciones, llegaron dos nuevas denominaciones al ejido azuleño, Juan Bautista Justo y Carlos Pellegrini, dos personalidades de peso en la política nacional que marcaron indudablemente nuestra historia. Ambos nombres fueron impuestos durante las administraciones de los intendentes Pedro Armando López y Julio Villanueva.

Al iniciarse la década del ’70, Azul vivió una interesante etapa de expansión en una época compleja. La primera nueva denominación que apareció por entonces en la cuadricula urbana fue General Martín Miguel de Güemes (Decreto del 14 de junio de 1971). Luego fueron bautizadas las calles: Perú, Ecuador, Colombia, Guyana, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia (Decreto del 9 de junio de 1972); Manuel Chaves (Ordenanza N° 147 del 5 de septiembre de 1974); Maestras Azuleñas (Ordenanza N° 271 del 21 de julio de 1975); Tierra del Fuego y Antártida Argentina (Ordenanza N° 362 del 23 de septiembre de 1976).

Como marcamos al comienzo, el 16 de diciembre de 1979 -un siglo después de aquél decreto fundamental de marzo de 1879-, otro decreto, en este caso el N° 441, marcó el cierre de un ciclo con la incorporación de nombres tales como Teniente de Marina Eduardo O´Connor, Teniente Coronel de Marina Erasmo Obligado y Comodoro de Marina Luis Py.

Empero el crecimiento de Azul no se detuvo y, finalmente, en la década del ’80 aparecerán nuevos nombres reemplazando a otros y dos nuevas denominaciones en la cuadricula urbana: Cruce de los Andes y María Aléx Urrutia Artieda, en los barrios San Martín y Santa Elena, respectivamente.

Nombres superpuestos

El intendente Ernesto María Malére había promulgado el 11 de julio de 1953 la Ordenanza N° 18 (disposición sancionada por el Concejo Deliberante el día 8) mediante la cual se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3. Dicha disposición no tuvo aceptación en la comunidad, pero se la continuó empleando a los fines catastrales.

La década del ’90 estuvo caracterizada por una sucesión de errores suscitados en distintos puntos de la ciudad y con diferentes arterias. Por sólo mencionar algunos casos: dos calles distantes fueron bautizadas con el mismo nombre, dos calles paralelas también recibieron la misma denominación y otra fue rebautizada sin considerarse que primigeniamente la arteria tenía el nombre de un destacado intendente.

Pero además, sin dudas, la principal novedad de ésta década será la utilización de nombres de especies arbóreas para denominar a las calles, iniciando una modalidad que se repetirá en la primera década del siglo XXI.

Atendiendo a la propuesta de las autoridades de la Comisión Vecinal del Barrio Juan Domingo Perón que solicitaron “rendir un justo homenaje a hombres que se desempeñaron en la Guarnición Militar Azul y ofrendaron sus vidas en defensa no solo de la Unidad a la cual pertenecían, sino a la comunidad toda ante el intento subversivo de imponer una política contraria a los intereses nacionales”, a través de la Ordenanza N° 1.527, aprobada el 14 de abril de 1997, se designó a dos calles con los nombres de “General Camilo Arturo Gay” a la Calle N° 95 y “Coronel Jorge Roberto Ibarzábal” a la Calle N° 96.

Los nombres solo fueron aplicados entre las calles General Rivas y 9 de Julio, sin tener en cuenta que los números 95 y 96 corresponden a las calles San Carlos y De las Cautivas respectivamente. En realidad, ambas calles, que corren paralelas entre General Manuel Escalada y Santiago Avendaño, fueron renombradas posteriormente con el agregado del término “Diagonal” (Ordenanza N° 2.936), para compensar el desfasaje y los posibles errores en las ordenanzas y disposiciones anteriores y subsiguientes.

El camino militar…

Jorge Roberto Ibarzábal nació el 28 de marzo de 1928 en Juan José Paso, Partido de Pehuajó, provincia de Buenos Aires.

El 1 de abril de 1947 ingresó al Colegio Militar de la Nación, egresando del Arma de Artillería como subteniente el 12 de diciembre de 1950. También había cursado la Escuela Superior de Guerra de la cual se había graduado como Oficial de Estado Mayor.

Contrajo matrimonio con Nélida Teresa de Agreda con quien tuvo tres hijos: Silvia Patricia, María José y Roberto.

Tiempos turbios

El 11 de marzo de 1973 todo el pueblo argentino vivió con profunda alegría un nuevo día de elecciones. El Peronismo logró imponerse prácticamente en cada rincón del país.

El 25 de mayo asumieron las nuevas autoridades. El abogado Juan Carlos Peralta Reyes se convirtió en el intendente azuleño; el doctor Oscar Raúl Bidegain asumió como gobernador bonaerense y Héctor Cámpora llegó a la presidencia de la República. Pero el clima social estaba enrarecido. El pueblo en su mayoría reclamaba el regreso del general Juan Domingo Perón y colocaba en él todas sus esperanzas. Sin poner en duda su lealtad, Cámpora renunció, permitiendo que, tras nuevas elecciones, Perón alcanzara la presidencia por tercera vez. Empero el General ya no era el mismo tras tantos años de exilio y comenzarían entonces a surgir diversas y violentas digresiones en la ciudadanía.

El 20 de diciembre de 1973, el teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal fue nombrado Jefe del Grupo de Artillería Blindado 1.

El comienzo del fin…

La tardecita del sábado 19 de enero de 1974, cálida y apacible, poco tenía de particular en Azul. Sin embargo, la vida local se vería sobresaltada y enlutada repentinamente. Un número considerable de hombres, guarecidos en camiones cisterna acondicionados oportunamente para esconderlos, habían tomado por asalto una casa quinta ubicada a unos doscientos metros de los cuarteles, con acceso, a pesar de algunas dificultades, por la Ruta Provincial N° 51. En la chacra, perteneciente a la familia Inza, habían reducido al casero, Manuel Rodríguez, y allí se refugiaron para ultimar los detalles de su accionar. El lugar reunía las características necesarias para el ocultamiento de la gente y particularmente de varios vehículos y camiones que fueron utilizados posteriormente. Era una casa blanca, de un solo piso, con ventanas pintadas de azul, con una entrada para autos y cerrada por un cerco de ligustro, alto y tupido, y por algunas coníferas que impedían la vista desde el exterior.

Aprovechando el hecho de que se hallaban pocos efectivos de tropas ya que las unidades -cuadros y tropas- se encontraban en período de licencia, y siendo un día franco para gran parte de los efectivos existentes, la “Compañía Trelew” de la organización terrorista autodenominada “Ejército Revolucionario del Pueblo” (brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores), atacó los Cuarteles azuleños con la intención de robar armamento pesado, munición y otros materiales de guerra para lograr la formación de un Ejército Popular. En esas circunstancias las unidades se encontraban con un número muy reducido de personal, no pasando de más de cuatro efectivos por subunidad.

La “Compañía Trelew”

Las fuerzas irregulares montaron su ataque dividiendo a sus efectivos en dos escalones: uno de asalto (que penetró al cuartel) y un escalón de apoyo (permaneció fuera de los cuarteles para bloquear a los posibles apoyos y refuerzos, y facilitar el repliegue y disponer de los medios necesarios para el retiro del material robado).

Entre 60 y 70 hombres integraban la fuerza de ataque o asalto, quienes estaban divididos en seis diferentes grupos de acción, los que debían cumplir con las siguientes misiones: “Grupo Puesto Tanque de Agua”; “Grupo Centro de Comunicaciones Fijo” (anularía las comunicaciones del cuartel); “Grupo Casino de Oficiales”; “Grupo Sala de Armas”; “Grupo Secuestro” (tomar como rehenes a los jefes); y “Grupo Evacuación Sanitaria” (recuperar heridos o muertos).

Todos los grupos atacaron vistiendo uniformes militares de combate similares a los que se usaban oficialmente, con cascos idénticos a los del personal regular, portando fusiles FAL y FAP, ametralladores, lanzacohetes, lanzagranadas para fusil, granadas de mano, pistolas c.11.25 y 9 mm y escopetas 12.70.

A matar o morir…

El soldado Daniel Osvaldo González se hallaba apostado como centinela de guardia en el Puesto N° 4, cerca de la calle lateral al Oeste del Cuartel (sobre Avenida General Manuel Escalada). Al comenzar las operaciones de los terroristas, cerca de las 23:30, contando con el factor sorpresa, hirieron de un bayonetazo a González procediendo a degollarlo inmediatamente. Pero ante el estupor de los atacantes, el soldado alcanzó a efectuar unos disparos al aire alertando a sus camaradas, tras los cuales lo remataron de dos tiros. Su cuerpo fue abandonado sin vida…

Posteriormente, fue herido de gravedad el teniente 1º Alejandro Domingo Carullo, Oficial de Servicio. Inmediatamente después, ráfagas de ametralladora, granadas de mano y de fusil, se empezaron a escuchar en distintos sectores del cuartel.

Ante el violento ataque, también resultaron gravemente heridos el cabo 1° Raúl Jesús Puyó (RC B1 10) y el cabo Manuel Caballero (GA Bl 1), y heridos leves los soldados Héctor Omar Pipola (RC Bl 10) y Francisco Pino (GA Bl 1).

Los tiroteos alertaron a los oficiales que se encontraban en el Barrio Militar ubicado sobre la Avenida General Martín Miguel de Güemes, frente al cuartel. Mientras estos fueron adoptando medidas de acción, los atacantes ya habían penetrado la parte posterior de las subunidades del sector Este y Oeste del cuartel y el Casino de Oficiales, donde se produjeron los primeros combates, buscando alcanzar las salas de armas de las baterías y escuadrones.

Parte de los incursores lograron tomar el recinto en que debía encontrarse la guardia y en el que solamente se hallaban soldados sancionados (obviamente desarmados) y un custodio. Los redujeron y en este sector destruyeron la caja de conexión de luz y teléfonos, con lo que lograron dejar a la unidad completamente incomunicada y a oscuras, generalizando la confusión. Las luces de los vehículos atacantes y las linternas generaron un nefasto juego de sombras…

Emboscados…

Mientras estos episodios se desarrollaban, el Jefe del Grupo de Artillería Blindado 1, teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal, que se hallaba cenando con su familia y unos amigos de su hija Silvia -que el día anterior, viernes 18, había cumplido 18 años-, en el departamento que habitaban sobre la avenida General Martín Miguel de Güemes, frente al Cuartel se puso en alerta ante los sucesivos disparos. Cerró las persianas y les indicó a todos que se recostaran en el piso; mientras tanto su esposa Nélida, que sabía cuál sería la actitud de su marido y presagiaba que podía ocurrir una desgracia, le insistía con que se quedase con ellos, que esperara refuerzos. Ibarzábal tomó su arma personal, una Smith & Wesson, y levantó el teléfono sólo para comprobar que las líneas ya estaban cortadas.

Vestido de civil, lo más ágilmente que pudo cruzó el puente de la avenida Güemes para, agazapado entre sombras, correr por la avenida Catriel hasta la casa del jefe de la guarnición, que a su vez era el Jefe del Regimiento de Caballería, coronel Camilo Arturo Gay, quien se alojaba en una casa detrás del cuartel, separada de este por el Arroyo Azul, sobre la mencionada avenida y la calle General Ignacio Rivas.

Cuando ambos se dirigían al corazón mismo del Regimiento, sorpresivamente fueron interceptados en las sombras de la noche por un grupo de terroristas desde el sector del puente. Los dos intentaron resistirse, pero el coronel Gay recibió un disparo que le provocó inmediatamente la muerte.

Jorge Roberto Ibarzábal trató de refugiarse, pero fue inmediatamente desarmado y tomado como rehén. Los asaltantes se dirigieron con él maniatado hacia la casa de Gay. Allí lo obligaron para que convenza a la familia del Coronel para que se entreguen o de lo contrario “volarían” la propiedad. Ibarzábal logró convencerlos de que resistirse allí sería peor. Finalmente lograron su cometido y se llevaron a todos los ocupantes a la Herrería, salvo a Ibarzábal a quien trasladaron de manera urgente fuera del Cuartel en un vehículo sin identificar con destino desconocido.

Un grupo de oficiales, que se encontraba en el Casino y que combatía en ese lugar, vio entrar por el sector Oeste un grupo de camiones, seguramente con la intención de recoger armamento y material. Dichos oficiales lograron poner en marcha un vehículo a oruga, transporte M 113, que con personal que había ingresado al cuartel y seguido a pie por una unidad de apoyo del Arsenal Naval Azopardo que concurrió a la zona, lograron repeler a los atacantes.

Con esmero, fiereza y valentía, el ataque fue rechazado en todos los sectores después de varias horas, recuperando el control de las salas de armas, los depósitos, parque y lugares donde había material de guerra. Pasado el tiempo solo quedaba por reducir el sector de la Herrería donde permanecían dos terroristas que tenían como rehenes a la esposa del coronel Gay, a sus hijos, a un civil amigo, a dos suboficiales, soldados y a varios heridos.

Cercados los rebeldes, después de varias horas de negociación, se decidió accionar sobre los delincuentes sin más contemplaciones. Uno de los terroristas, Guillermo Altera, fue abatido de inmediato. El otro, Santiago Juan Carrara, fue herido gravemente, pero antes de desplomarse alcanzó a disparar su fusil FAL sobre Hilda Irma Cazaux de Gay -quien estaba sentada en el piso con la cabeza de su hija apoyada sobre su falda-, produciéndole la muerte.

En el cuartel los atacantes encontraron una tenaz resistencia, sobre todo en las zonas de Baterías y Plaza de Armas, la cual, a pesar del entrenamiento y la motivación que los impulsaban, tras varias bajas detuvieron su accionar. Y así, ante tal eventualidad comenzaron a replegarse, huyendo en un verdadero desbande generalizado.

 El durísimo discurso del Presidente

Los grupos radicalizados del justicialismo, tanto de izquierda como de derecha, no se manifestaron con claridad contra el ataque. El presidente de la Nación, general Juan D. Perón, con su salud debilitada y ante un ataque al que consideró directo hacia su persona, al día siguiente, por la noche, se dirigió al país por cadena nacional.

En uno de sus más duros discursos, el Presidente reprendió de modo contundente –aunque sin nombrarlo abiertamente-, al gobernador bonaerense Bidegain: “Hechos de esta naturaleza evidencian elocuentemente el grado de peligrosidad de los grupos terroristas que vienen operando en la Provincia de Buenos Aires, ante la desaprensión de sus autoridades”. Seguidamente criticó al E.R.P y a los Montoneros: “Pero todo tiene su límite (…) Estamos ante verdaderos enemigos de la patria organizados con fuerza para luchar contra el Estado, al que a la vez infiltran”. Al mismo tiempo, defendió al Ejército y a las demás Fuerzas Armadas: “Han demostrado su acatamiento a la Constitución y a la Ley (…) no merecen sino el agradecimiento del pueblo argentino”.

Luego prometió que el gobierno iba a tomar “las medidas necesarias” para atacar al mal desde sus raíces, “movilizando todos los medios necesarios”, y recostándose en los sindicatos: “Pido a los compañeros trabajadores una participación activa en la labor defensiva de sus organizaciones”.

Finalizó con términos durísimos: “El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una Patria justa, libre y soberana (…) sin ello, ni la reconstrucción nacional, ni la liberación serán posibles (…).

El mensaje fue tan contundente que el gobernador Oscar Raúl Bidegain no tardó en presentar su renuncia el día 24 de enero. Pero nada volvería a ser como antes…

Tras el ataque a Azul, Perón creyó menester mostrarle al país y, sobre todo a los militares, que se podía vencer a la guerrilla con la policía y con la ley en la mano.

En cautiverio hasta la muerte

La revista “Estrella Roja” del 28 de enero de 1974 le dedicó un suplemento especial a esta operación, en cuya tapa apareció la fotografía del teniente coronel Ibarzábal en una “cárcel del pueblo” y en la publicación siguiente, del 11 de febrero, se estableció la condecoración con que la “cúpula” política del Partido Revolucionario de los Trabajadores (P.R.T.) descaradamente y con absoluto cinismo honró con la orden de “Héroes de Trelew” a 28 de los guerrilleros que atacaron el cuartel de la Guarnición Militar de Azul.

Durante los meses siguientes, el E.R.P. intentó negociar la libertad de prisioneros por la de Jorge Roberto Ibarzábal. Cada vez que éste pudo comunicarse con su familia se vio obligado a hacer mención al pedido de canje. Su familia le respondía a través de avisos en los diarios. En su primera carta manuscrita –que se publicó en “El Mundo”– decía que estaba en una “cárcel del pueblo en calidad de prisionero de guerra de un ejército enemigo y sujeto a las mismas normas establecidas en Ginebra para estos casos”. Agregando: “En la ‘cárcel del pueblo’ me tratan con corrección y mi estado de salud actual es bueno”. En otra misiva más, de abril, se dirigió a su esposa “Nelly” y sus queridos hijos: “Sé que los he dejado en una situación difícil y mi amargura es no saber cómo se las arreglan, ni poder hacer nada para ayudarlos (…).

El presidente Juan Domingo Perón falleció el 1 de julio de 1974. Ese mismo día, su esposa y vicepresidente de la Nación, María Estela “Isabel” Martínez de Perón asumió como Jefa de Estado.

El 19 de noviembre de 1974, aproximadamente a las 19:30, en el cruce de las avenidas San Martín y Donato Álvarez, en San Francisco Solano, localidad de Quilmes, provincia de Buenos Aires, una patrulla de control de ruta de la policía bonaerense advirtió el paso de tres vehículos, dos automóviles (un Ford Falcon celeste y una Chevrolet blanco) y una camioneta Rastrojero que llevaba en el techo un armario metálico, los cuales se desplazaban en lo que consideraron una actitud sospechosa.

Cuando el personal policial intentó detenerlos, los conductores pretendieron fugarse iniciando un tiroteo.

La camioneta finalmente se detuvo y quien se encontraba a cargo de la misma, Sergio Gustavo Lincowsky -apodado “El Polaco”-, extrajo una Magnun 357 y efectuó varios disparos contra el armario. Inmediatamente arrojó el arma al suelo y sin resistencia se entregó con los brazos en alto.

Cuando la policía controló la situación verificaron que dentro del armario se hallaba encerrado Jorge Roberto Ibarzábal. El prisionero, cuyo estado físico era lastimoso como consecuencia del prolongado encierro y la mala alimentación, recibió tres disparos: en la cara, en las manos y en el pecho.

Al día siguiente, en un parte de guerra, el Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P.) descaradamente justificó el asesinato.

Hasta entonces “Nelly”, íntimamente, había conservado alguna esperanza de volver a ver a su esposo. Inclusive esperaba ser también secuestrada –como había sucedido con otros rehenes-, y así al menos por unos momentos volver a estar con su amado. Nada de eso sucedió…

Para culminar…

Entre los tantos homenajes que recibieran las víctimas del intento de copamiento, el teniente coronel Ibarzábal fue ascendido post mortem al grado de Coronel.

Roberto, al igual que su padre, siguió la carrera militar.

Nélida Teresa de Agreda, viuda de Ibarzábal, falleció el viernes 28 de octubre de 2011, anhelando lo que nunca jamás sucedió…

La calle Coronel Jorge Roberto Ibarzábal fue la vigésima novena arteria incorporada a la cuadricula de Azul durante la década del ’90, siendo a su vez la segunda y última en incorporarse en la zona del Barrio “Juan Domingo Perón”.

El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Estanislao del Campo.

La carta del General

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El presidente de la Nación, general Juan Domingo Perón envió una misiva al personal militar de la guarnición Azul:

Buenos Aires, 22 de enero de 1974

Señores Jefes, Oficiales, Suboficiales y soldados

De la Guarnición Azul

S…./….D

Como comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y soldado experimentado luego de más de sesenta años de vida en la Institución, quiero llegar directamente a ustedes para expresarles mis felicitaciones por el heroico y leal comportamiento con que han afrontado el traicionero ataque de la noche del sábado 19 de enero de 1974.

Los ejemplos dados por los jefes y oficiales que han llegado hasta ofrendar sus vidas, tuvo la misma repercusión en los suboficiales y soldados que- con su valentía y espíritu de lucha- repelieron la agresión, con la colaboración de la Armada y la Fuerza Aérea.

Quiero asimismo hacerles presente que esta lucha en la que estamos empeñados, es larga y requiere en consecuencia una estrategia sin tiempo. El objetivo perseguido por estos grupos minoritarios es el pueblo argentino, y para ello llevan a cabo una agresión integral.

Por ello, sepan ustedes que en esta lucha no están solos, sino que es todo el pueblo que está empeñado en exterminar este mal, y será el accionar de todos el que impedirá que ocurran más agresiones y secuestros.

La estrategia integral que conducimos desde el gobierno, nos lleva a actuar profundamente sobre las causas de la violencia y la subversión, quedando la lucha contra los efectos a cargo de toda la población, fuerzas policiales y de seguridad, y si es necesario de las Fuerzas Armadas.

Teniendo en nuestras manos las grandes banderas o causas que hasta el 25 de mayo de 1973 pudieron esgrimir, la decisión soberana de las grandes mayorías nacionales de protagonizar una revolución en paz y el repudio unánime de la ciudadanía, harán que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República.

Vaya mi palabra de consuelo para los familiares que perdieron a sus seres queridos, de aliento para los heridos y de esperanza para las familias del Coronel Gay y Teniente Coronel Ibarzábal. Tengan la certeza de que todo el poder del Estado está siendo empleado para lograr su liberación.

Quiera Dios que el heroico desempeño de todos ustedes nos sirva siempre de ejemplo.

Juan Domingo Perón

Presidente de la Nación.

Desde el corazón…

En letra manuscrita, Jorge Roberto le escribió a su hijo que por entonces tenía apenas 10 años de edad:

A mi querido hijo Robertito

(Cárcel del Pueblo. Julio de 1974)

Roberto es el nombre que tu madre

eligió para ti hijo querido,

Roberto es el nombre de tu padre

que se fue cuando tú estabas dormido.

 

Ora pienso yo en mi suerte

ora pienso en tu destino,

yo ya estoy más cerca de la muerte

pero tu recién inicias el camino.

 

Bueno es entonces que comprendas

que tu niñez tal vez ha terminado

y a raíz de esta circunstancia tan tremenda

el camino del hombre has iniciado.

 

Esto duele y provoca mi martirio

hiere el alma como el rayo a la tormenta

y por causas que quizás tu no comprendas

has dejado tan pronto de ser niño.

 

Ruego entonces que tus pasos se encaminen

por la senda del honor y la decencia

y le pido a Dios que te ilumine

para que puedas resolver sin mi presencia.

 

Intenta hijo querido conducirte

como el hombre que yo quise que tu fueras

y no olvides que tu madre necesita

que la ayudes, la acompañes y la quieras.

 

Tienes toda la vida por delante

sed decente, sed honrado y sed humano,

y recuerda que jamás podrás saber

las cartas que Dios tiene en sus manos

 

Oro a diario para volver a verte

pido a Dios la dicha de abrazarte

no resisto el dolor de este castigo

que me priva de ti por no tenerte.

 

Papi

Agradecimientos y fuentes

  • Muchas gracias a Silvia Patricia Ibarzábal por los datos proporcionados y la excelente predisposición y la cordialidad.

  • Muchas gracias al capitán de Banda Lucio Adrián Merlo, encargado del Museo de la Guarnición Militar, por la información brindada.

  • Muchas gracias a Rodolfo Heredia y Luis Librandi por la información facilitada.

  • Muchas gracias a Miguel Izquierdo por las gestiones realizadas.

  • Muchas gracias a Norma Iglesias por su incansable y enriquecedora guía por los senderos de la historia azuleña.

  • Muchas gracias a Stella Tumminaro del Concejo Deliberante de Azul.

  • Muchas gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.

  • Muchas gracias a Chelita, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública “Monseñor César A. Cáneva”.

  • Ramón Genaro Díaz Bessone, General de División, “Guerra Revolucionaria en la Argentina. 1959-1978” (1996). Círculo Militar. Buenos Aires.

  • Revista “Santa Bárbara” N° 21, Agosto de 1995.

  • Alberto Sarramone. “Historia del antiguo pago del Azul”. (1997). Biblos. Azul.

  • Notas periodísticas de los días 22, 23 y 24 de enero de 1974 de los diarios “El Tiempo” de Azul y “Clarín” y “La Nación”.

 

 

 

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