Para vivir mejor nuestra cuaresma

Reflexión sobre el ayuno
Jesús, nuestro Maestro, nos enseñó con su doctrina y su praxis que lo que entra por la boca no mancha al hombre; que no se debe ayunar en un banquete de bodas, cuando el novio está presente; que se debe ayunar en cambio de todo egoísmo, de toda injusticia, de toda avaricia, de toda maldad (Mc. 2,18-22; 7,15-23).
Si el ayunar fuera un mérito, tendríamos que canonizar a todos los hambrientos de la tierra. No es el comer o el ayunar lo que importa, sino el espíritu con que se come o se ayuna. Jesús ayunó como el mayor de los ascetas y compartió la mesa de los ricos y los pobres, de los justos y pecadores, hasta granjearse el calificativo de «comilón y borracho» (Mt. ll,l9). Yo puedo alabar a Dios si me privo de un alimento y puedo alabar a Dios si tomo un alimento, y alabo mejor a Dios si comparto el alimento.
Sea éste nuestro ayuno. No el ayuno que me impone una ley, sino el que me pide la caridad. Sólo ayuna bien el que ayuna desde el amor y para amar. Ayunemos desde la solidaridad. Hoy sólo se puede hablar de ayuno gritando la injusticia en que vivimos. Hoy sólo se puede ayunar luchando para que otros no ayunen. Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor, de los millones de hambrientos. Ayunar es amar.
El ayuno que Dios quiere sigue siendo el de partir tu pan con el hambriento; el privarte no sólo de los bienes superfluos, sino aún de los necesarios en favor de los que tienen menos; el dar trabajo al que no lo tiene o ayudar a solucionar el problema del paro; el curar a los que están enfermos de cuerpo o de espíritu; el liberar al drogadicto o prevenir su caída; el denunciar toda injusticia; el dar amor al que está solo y a todo el que se te acerca.
Ayunar es amar. No demos importancia a la comida de la que se priva un satisfecho. Demos importancia a la comida que posibilitamos a un hambriento. No importa quedarnos nosotros un día sin comer. Sí importa dar a Dios un día de comer. Sea, pues nuestro ayuno voluntario el impedir los ayunos obligados de los pobres. Ayunemos para que nadie tenga que ayunar.
Sea el ayuno signo de nuestra libertad y protesta contra la tiranía del consumismo. Ayunemos para saber decir no a la oferta seductora de la   manzana paradisíaca o televisiva. No quiero ser puro cliente del mercado. Ayunemos para la libertad. Y ayunemos para la austeridad. Ayunemos para nuestra paz; por aquello de que no es más feliz el que más tiene y más consume, sino el que más es y menos necesita.
La religión que impera actualmente en la mayoría de los países es el consumismo. Sus invitaciones son irresistibles y sus razones son poderosas. «Consume y sé feliz». El consumo es necesario, porque calienta los motores económicos. El consumo satisface las necesidades y los deseos. El consumo significa progreso y alto nivel de vida.
Solidaridad
«Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros… Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande».
Ayunar es convertirse
Un día de ayuno no nos convierte, pero nos hace consciente de la necesidad de convertirnos; no soluciona el problema del hambre, pero nos solidariza con los hambrientos; no nos libera del consumo, pero nos inicia en ejercicio de la libertad. Es como una breve y multiplicada huelga de hambre. Es protesta contra la injusticia, es llamada a la conversión, es grito profético.
Nuestro ayuno es signo de justicia
Estamos viviendo en un mundo cruel, donde a unos se le hincha el estómago de comer y a otros el vientre de no comer; donde un 25% de epulones banquetea espléndidamente y un 75% de Lázaros debe conformarse con las migajas. Así que muchas de nuestras comidas tienen el amargo sabor de lo robado.
Signo de amor
En el fondo, nuestro ayuno, todo ayuno verdadero, es un signo de amor. Se ayuna para amar y solamente para amar. Al empezar la cuaresma, un día de ayuno. Sea un día de silencio, un día de oración, un día de amor. No te costará demasiado. Será para ti como una exigencia de solidaridad.
Reflexiones extraídas de varios autores.
Mary Chamer
 
 

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