LOS ARCHIVOS DE LA DICTADURA

Pasiones y muerte de Susana Aurora Collinet

Foto de Susana Collinet publicada en EL TIEMPO el 28 de marzo de 1972.Registro de CONADEP en el que consta la desaparición de la joven azuleña Susana Collinet, legajo 6744.Reproducción de página del reportaje realizado por este diario a Susana Collinet en 1968, por su actividad bochófila. ARCHIVO
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Reproducción de página del reportaje realizado por este diario a Susana Collinet en 1968, por su actividad bochófila. ARCHIVO

Jugaba a las bochas en el club Vélez Sarsfield y en el seleccionado azuleño. Su sueño era estudiar y recibirse de profesora en Educación Física. La abuela Francisca, el agua y la fe. El segundo jefe del Área 15.1 en tiempos de la represión ilegal, y comandante del GADA 601 de Mar del Plata en diciembre de 1977, es el principal imputado en el caso de la joven azuleña desaparecida. El juicio oral y público comienza el próximo 24.

 

Escribe: Marcial Luna lunasche@yahoo.com

(Nota VII)

Susana Collinet nació en Azul, el 7 de noviembre de 1951. Su domicilio familiar estaba en la calle Burgos N° 484. Al momento de su rapto, en Mar del Plata, recién había cumplido los veintiséis años de edad. Además de padres y hermanos, ella tenía inquietudes, pero no en un solo sentido. Si por lo general los jóvenes se dedican con empeño a una actividad, Susana Collinet demostró tener dos pasiones simultáneas: las danzas nativas y la práctica deportiva de las bochas. Por un lado, lo artístico; por el otro, lo deportivo. Y se destacó en ambas.

Una azuleña que la conoció le refirió al autor de este artículo que “era muuuuy bonita” (sic). Una “rubia con tremendos ojos claros”. Y también confirmó que “bailaba folclore maravillosamente, pero se destacaba sobre todo por su destreza en el zapateo, y el uso de boleadoras. A tal punto que formó parte de un grupo […] recorrieron muchos lugares y actuó en escenarios importantes. Ella era muy simpática”.

Otro testigo de la época recordó que la familia manejaba un negocio en Mitre y Burgos, “Tío Fritz”. “Era una choppería o cervecería, y servían picadas. Estaba pintado todo de lila y blanco. Ponían mesas y sillas o sillones afuera, sobre el pasto, no en la vereda”. El negocio familiar estuvo también frente a Radio Azul, en avenida Mitre.

 

Su voz  

Aquello que acalló la represión ilegal, no ha podido ser arrancado totalmente. Siempre perdura algo en medio de lo atroz. Una memoria, borrosa por momentos, como la citada párrafos arriba. Una referencia, simple. O un papel, como en este caso: el autor halló una entrevista realizada por El Tiempo a Susana Collinet para la edición del jueves 25 de abril de 1968 (Pág. 5).

Es una manera de recuperar su voz, a través de la primera persona del singular: a continuación, es posible saber qué proyectos ella tenía entre manos, mientras transitaba los dieciséis años de edad.

Orgullosa, dijo que pertenecía al signo de Escorpio, por haber nacido el 7 de noviembre de 1951. Se definía como “bochófila” y su puesto fue “Bochadora. Elegí el más difícil”, admitió Susana. Su deseo más íntimo, en ese momento, fue el de “pedirle a la falange femenina de blanco que no pierda el entusiasmo y ruego que haya más instituciones que tengan equipos de damas.” Allí estaba la mujer, embarcada en la lucha por conseguir espacios negados.

La pasión por las bochas había ido creciendo en su interior, “sinceramente, desde hace bastante tiempo, pero razones especiales (estudio, por ejemplo) me impedían dedicarme en la medida que hay que hacerlo. Mi debut oficial data de diciembre de 1967, haciéndolo por el Club Vélez Sarsfield y con muy buena suerte, por cierto, dado que, con mi hemanita y mi prima, es decir [Cristina y Clara] integramos el trío de la entidad velezana, habiendo recibido en tan poco tiempo muchas satisfacciones”.

Efectivamente, Susana integraba, al momento de la entrevista, el seleccionado azuleño de bochas, junto a Ana Marquestau, Perla Hernández y Lucía Cordido.

Susana no dudó en afirmarlo: “Las bochas se han convertido para nosotras en un sano esparcimiento, a la vez que sirve para hacer amistades nuevas cada día y es el mejor vínculo entre las instituciones”.

Había comenzado a recolectar los primeros aplausos y la emocionaron. Pocos días antes del reportaje con El Tiempo, Susana Collinet había viajado con el resto del equipo a Punta Alta. Allí, en uno de los partidos disputados, “tiré lo que se llama ‘bostezo’ y una salva de aplausos y felicitaciones coronó esa simple labor. Luego del partido me comentaron que nunca habían visto a una mujer tirar de esa forma.” [Del diccionario bochófilo, “bostezo”: se tira la bocha intentando dejarla en un determinado sector. Mayormente no se busca interactuar con otra bocha; sino ubicarla en un lugar específico].

Recién se iniciaba el ’68 y Susana Aurora Collinet había comenzado a cursar el tercer año en el Colegio Nacional de Azul. Su propósito era “seguir, cuando finalice, profesora de Educación Física. Además, otras de mis pasiones es el folclore y estoy siguiendo un curso en el Centro Tradicionalista ‘Fortín Azul’ para poder llegar con el tiempo a ser profesora de danzas nativas.”

 

La abuela Francisca  

Además de su domicilio de Burgos 484, Susana tenía otro preferido: el de su abuela Francisca Galíndez, en Guido y Spano y calle Alvear, donde recibía inconmensurables mimos. No importa si era la preferida o no; o, quizá, a la que más travesuras se le perdonaban de niña.

Era mujer de fe, la abuela Francisca. Una vecina, que el autor entrevistó, afirmó que “su abuela se había renegado con la Iglesia Católica”, cuando ocurrió la desaparición de su nieta Susana. Y el silencio posterior, que se le hizo tan pero tan largo que la horadó tanto como el dolor.

Doña Francisca colocaba agua, que extraía de la bomba, debajo de la imagen del Sagrado Corazón. Para ella era agua bendita, y quizá lo fuera a los ojos de Dios. Le hacía pedidos a la imagen. Cuando se iluminaba, se cumplían. La mamá de Susana Yaben, por citar sólo un caso, fue a verla a doña Francisca, le dijo que sí, que su hija volvería. Y, luego de estar casi un mes desaparecida, efectivamente regresó a Azul. A la vida.

Pero cuando le pidió por su propia nieta, esa imagen no se iluminó. Y fue allí cuando doña Francisca perdió toda fe.

El hecho aún es recordado entre los vecinos más antiguos. Y la sombra de esa pesadumbre parece retroceder hacia aquellos días del año 1977.

Efectivamente, el rapto de Susana Collinet se presume que ocurrió el 1 de diciembre, aunque en el legajo de la CONADEP se estableció como fecha de desaparición la del 6 de diciembre de 1977, es decir, la misma que Norma Delbonis. Ese legajo fue rotulado con el número 6744 y aporta dos datos: la Libreta Cívica de Susana (LC 10.180.007), el apellido materno, Galíndez; y el hecho: “Desaparición Forzada”.

Pero, resulte extraño o no, la ausencia por desaparición forzada de Susana Aurora Collinet recién fue declarada el 28 de marzo de 1996 por el Juzgado Civil y Comercial Nº 8 de La Plata, e inscripta en el Registro de las Personas el 29 de abril de ese mismo año.

 

En Mar del Plata 

No se recuerda una militancia activa en la Juventud Peronista de “la Rusa” Collinet, como suele señalar alguna reseña. Más bien, su relación de intimidad y amistad era con Norma Delbonis, desaparecida en la misma semana de diciembre del ‘77. Delbonis, también azuleña, sí era militante de la JP.

Juntas se habían radicado en Mar del Plata en 1976 y, algunas mañanas, Susana acompañaba a Norma a realizar actividades de asistencia social en los barrios periféricos de la ciudad denominada “La Feliz”, aunque sólo lo fuera en muy pocos aspectos en aquellos tiempos.

En el expediente que se tramitó ante la Justicia Federal, y que ahora se incorpora al juicio que el 24 de abril comenzará a desarrollarse en Mar del Plata, consta que el último contacto que Susana Collinet mantuvo con su familia fue a principios del año 1977. Y fue con su hermana Cristina, a quien le comentó que no quería viajar hasta Azul porque le preocupaba que algo pudiera ocurrirle a sus padres.

Del hecho de la desaparición, su familia se enteró a través de allegados del grupo de danzas folclóricas, porque habían leído en un diario el nombre de Susana y que se la involucraba en alguna clase de operativo, de aquellos tan “habituales” en los años de la represión ilegal en Argentina.

En el expediente queda reflejado, además, que su hermana Cristina viajó a Mar del Plata, realizó averiguaciones para tratar de determinar qué había ocurrido efectivamente con su hermana Susana, pero los resultados fueron nulos.

Luego, por sugerencia del Obispado de Azul (probablemente de monseñor Manuel Marengo), Cristina se presentó en el Regimiento de Granaderos a Caballos. La atendió un teniente coronel que sólo le espetó que la cuestión era “muy difícil” y que “no se podía hacer mucho.”

Frases hechas, de la época.

Meros formalismos de la burocracia criminal estatal.

No hay registro de que la familia Collinet hubiere presentado habeas corpus o recursos de amparo.

El domicilio de los Collinet en Azul fue allanado. La manzana fue rodeada por vehículos militares y policiales, luego de un mediodía que lejos estaba de anunciar una próxima feliz Navidad, mientras avanzaba diciembre.

Durante el operativo, la casa fue revuelta y luego de no hallar objeto alguno, de interés para la comisión de requisa, los efectivos uniformados se retiraron del domicilio de los Collinet.

 

Stura, a juicio

El principal imputado en el caso de la azuleña Susana Collinet es Norberto Benito Stura. Nació en Capital Federal el 19 de marzo de 1936 y actualmente cumple arresto domiciliario en su propiedad de calle Blanco Encalada Nº 1441 2º A, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De todos modos, sigue a disposición del Juzgado Federal N° 1 de Mar del Plata (entre otros, por el caso Collinet). En su documento nacional de identidad, además del N° 4.180.319, consta que es hijo de Benito Stura y de Ángela Calamia.

En el trámite para este mega-juicio oral y público, si se tiene en cuenta la cantidad de imputados y de testigos (estos últimos superan los quinientos), se ha verificado que Stura fue el segundo jefe del Área 15.1 a partir del 28 de octubre de 1977, hasta el 11 de noviembre del año siguiente. Y luego, también, entre el 26 de febrero de 1979, hasta el 15 de octubre de 1979.

De igual modo, se determinó que en ambos períodos Stura estuvo comandando el Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601, y fue calificado por los jefes de la unidad, Roberto Bocalandro y Eduardo Isasmendi Sola, y por el jefe de la subzona, Aldo Carlos Máspero.

En ese contexto de su desempeñó militar, como comandante del GADA 601con asiento en Mar del Plata, fue secuestrada, en su jurisdicción militar, la azuleña Susana Aurora Collinet.

Stura, además, deberá responder por el hecho de haber sido parte de la organización delictiva que ha sido investigada por la Justicia Federal y, ahora, llevada a juicio oral y público a partir del 24 de este mes [ver edición del pasado 1 de abril, Pág.7, en la que aparece el listado completo de imputados]. Y también Stura será juzgado por el delito de asociación ilícita; por el delito de privación ilegal de la libertad agravada e imposición de tormentos agravados respecto de Susana Kowaldo (un hecho); por el delito de privación ilegal de la libertad agravada, imposición de tormentos agravados y homicidio calificado respecto de Jorge Martín Aguilera Prycznicz, Lucía Perrier de Furrer, Néstor Furrer Hurstiz, María Cristina García Suarez, Patricia Carlota Valera, Mirta Noemí Libran Tirao, María Adela Chiappe, María Gabriela Leguizamón, Amanda Virginia Prato Moyano y Marta Noemí Yantorno (diez hechos); y por el delito de privación ilegal de la libertad agravada y homicidio calificado respecto de Susana Aurora Collinet, Juan Telmo Ortiz Acosta, Diana Noemí Conde, y Claudio Zurita Brocchi (cuatro hechos).

Al tratarse, sino de una mega-causa, por lo menos de un mega-juicio, y debido al vastísimo tiempo transcurrido, flota un interrogante en el aire, tan denso y lóbrego como un humo negro en una noche cerrada:

¿Llegará la justicia para Susana Aurora Collinet, finalmente?

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