Patrimonio antropológico

 

En Azul nació y vivió Osvaldo Laurini. Un bohemio que cuando estudiaba en la ciudad de La Plata vivía en la casa del Centro Universitario Azuleño (CUA). Fue uno de los muchos jóvenes que no tenían recursos económicos para estudiar y gracias al CUA pudo obtener un título universitario. En ese tiempo se dedicaba a realizar esculturas para donarlas a los establecimientos educacionales del país. Cuando tenía una entrevista con un funcionario del área cultural en la Capital Federal se trasladaba en bicicleta. Eso fue en la década del 50.

Una vez recibido, fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de Azul. Pero su espíritu inquieto lo llevó a viajar mucho por Latinoamérica y en especial por la zona de Amazonia profunda ubicada entre Ecuador y Perú. Curioso, etnógrafo, que, cuando regresaba de un viaje siempre traía objetos de los lugares que visitaba. No se sabe si lo hacía como coleccionista para reconstruir parte de aquella cultura, lejana a nosotros y mostrarnos sus reflejos, o bien con otros intereses.

Luego de su fallecimiento todo ese material se encontraba en cajas, apiladas, cubiertas de polvo, en un altillo de un inmueble que la propietaria tenía que entregar las llaves para ser habitada por otra familia.

Por eso todo ese material se trasladó a un galpón. Allí se podían observar algunos objetos que sobresalían de las cajas envueltos en telgopor, como lanzas, atuendos confeccionados en telar, estatuillas en cerámica, o cuadros con fotografías de las poblaciones Shuar y Achurar (llamados jíbaros por los colonizadores blancos) de la Amazonia peruana y ecuatoriana, en particular de los pueblos inmediatos al río Pastaza.

Para algunos es una colección de objetos de gran valor antropológico, para otros son piezas que no tienen valor.

Lo concreto es que se trata de un conjunto de historias, una compilación material y simbólica llevada a cabo por un azuleño. Por lo tanto se puede estar hablando de un patrimonio de nuestra ciudad y que corresponde que esté resguardado en Azul.

Familiares de Osvaldo Laurini, radicados en Ecuador, al enterarse a la distancia de la situación en que se encuentran esos materiales están intentando y deseando que la colección se mude a la vecina ciudad de Olavarria. Sería lastimoso que la riqueza que oculta esta colección de Osvaldo Laurini, por negligencia y/o ignorancia de su existencia, sea transferida a otro distrito. Sin entrar a analizar el valor antropológico del material.

El estudiante de Antropología Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNICEN Matías Lescano propuso el rescate de estas piezas, ajenas a nuestra cultura, aunque ligadas a una historia escrita en su totalidad por un azuleño. Luego la búsqueda de un espacio para el resguardo de estas cajas que contienen estas piezas que trajo de Amazonia Osvaldo Laurini. Una vez logrado ello considera  que sería interesante la realización de una muestra para socializarla con la comunidad.

Lo que es imperdonable, por más que podrían existir intereses encontrados de la familia, es  que esta colección de objetos se pierda o se traslade de esta ciudad. Porque podría ser el comienzo de la creación en Azul de un gran museo que se dedique a la antropología, una ciencia que estudia los orígenes y la evolución biológica y cultural del hombre con referencia al ambiente, las razas y las culturas.

 

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