AUTOPISTAS

Peajes más caros, polémica en ciernes

Por Hugo E.Grimaldi /Agencia DyN

BUENOS AIRES – Para tratar de corregir el exceso de vehículos sobre las autopistas que entran y salen de Buenos Aires se ha optado por una solución de mercado: si el peaje es mucho más caro, circularán muchos menos autos, se presume.

Esto último y la genuina bronca que destila el bolsillo de los usuarios son dos cosas seguras que se darán en primera instancia, aunque ya se verá hasta cuándo tendrá efecto el probable arrebato de “no quiero saber más nada con la autopista”.

Es que tras los severos ajustes que acaba de sufrir el precio de los peajes y la puesta en marcha de nuevas y abundantes bandas horarias en los picos de circulación, cada automovilista deberá reformular de ahora en más su propia ecuación comparativa.

Calculadora en mano

En ese cálculo, cada uno tendrá que considerar la distancia recorrida y la velocidad de crucero que podría mantener por la vía rápida, el costo del combustible, el desgaste del rodamiento y el sufrimiento del motor y todo ello, compararlo con un traslado similar a través de caminos alternativos, que incluyen empedrados y pozos, nervios por la inseguridad callejera, piquetes sorpresivos, desvíos y, finalmente, el tiempo invertido en el viaje.

Cuando cada uno haga su cálculo, probablemente verá que, en condiciones normales, aún con el sablazo recibido vale la pena pagar bastante más ya que, aunque muchas veces se viaje a paso de hombre, dispondrá de mayor seguridad y habrá menos desgaste para el auto y la siquis.

Para justificar el aumento, las autoridades de la CABA hablan con cierta razón de la cuestión inflacionaria aunque, observando la preferencia por el Metrobús o la lenta extensión de los subterráneos, parece existir además un elemento central que descontrola toda posibilidad de que se le pueda ganar el round a la gran cantidad de vehículos particulares que llegan al Centro porteño: los automovilistas no se atreven a obtener el costo-beneficio comparando con la alternativa de los medios de transporte público.

Trenes complicados, subterráneos abarrotados y colectivos poco confiables, todos con frecuencias aleatorias que desarticulan cualquier previsión horaria, hacen que estas posibilidades mucho más baratas queden de lado apenas se las considera. A lo sumo, los conductores intentarán ver qué pasa durante unos cuantos días hasta que les toque viajar aplastados o lleguen tarde a sus trabajos.

Tarea pendiente

Además, tampoco existen playas de estacionamiento de transferencia para facilitar el traslado a un costo de estadía razonable. Y eso que, para construirlas en relativamente poco tiempo, existen terrenos perfectamente disponibles pegados a muchas estaciones.

Esta tarea pendiente, algo más que común en todas las grandes ciudades del mundo, debería ser encarada rápidamente por la CABA y por los municipios de la periferia no como un negocio, sino como una alternativa más que válida para que los autos no lleguen al Centro y para que quienes tienen que desplazarse todos los días a sus trabajos puedan viajar mejor, en menos tiempo y con menos dolor en su bolsillo.

 

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