RELATOS DESDE EL ENCIERRO

Pedro

Escribe Matías Verna (*)

“Perder una ilusión hiere, perderlas todas, mata”. José Narosky

Pedro Acosta Frei caminaba por el silencioso pabellón ofreciendo puñaladas al que quiera. Nadie salió de la celda. Faltaba poco para navidad y nadie quería mandarse ninguna por miedo al castigo o al traslado.

Las navidades son eternas para los primarios. Para el resto es todo psicológico, hay más días de visita, comida rica y carne al horno con ensalada con uno o dos panes más para acompañar con mandarinas de postre.

En vez de campanadas, al dar las 12, las puertas retumban y los gritos desde el encierro son aullidos cargados de tristeza con imágenes y regalos sin chimeneas ni trineos.

El 24 a la noche, Pedro Acosta Frei estaba más drogado que la mañana en que acribilló a balazos a un comerciante de Lomas de Zamora por 500 pesos y un cartón de cigarrillos V8.

Su novia logró pasar el control de seguridad de la visita y de entre las piernas sacó de regalo una bolsa de cocaína. Pedro se la tomó toda en tres saques.

El corazón parecía explotarle, las venas le tallaban el pecho y unas gotas de sangre decoraban su nariz de boxeador amateur.

Llevaba una casaca de los Lakers, entraba y salía de todas las celdas diciendo: “Papá Noel son los padres, Papá Noel son los padres”. Y encima, a los más guachines se les acercaba y con la mano abierta y  les daba un cachetazo en la nuca agregando: “Gato, gil, bigote”.

Pedro Acosta Frei, rompía ilusiones porque no aceptaba que él solo pudiera ver la realidad sin sueños. Y una vida sin sueños es como un camino con niebla o algo así dónde no hay bifurcaciones y señales hacia dónde ir.

Sin Estado que lo contenga. Sin familia ni esperanzas, sin diagnósticos de salida, preso desde menores, sin escuela que lo motive, ni confianza depositada en él. La mirada de Pedro Acosta Frei se proyectaba hasta los muros y se moría todos los días aunque la vida le daba un plus en esa batalla.

El enano Jony, el menos pensado, salió con una faca improvisada y lo puso de atrás dejando el cuerpo en medio del pabellón sin que nadie saliera en defensa de Pedro. Limpió la punta del fierro con la casaca del muerto y se metió rápido en la celda porque se le quemaba la comida para la visita.

“Los regalos van y vienen”,  había declarado una vez el enano Jony. “Pero con la ilusión no se juega encargado”, sentenció mientras se subía al camión de traslado hacia no se dónde.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría: Recientemente publicó su séptimo libro, titulado “Crudo”. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

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