ENFOQUE

Pensar la patria

Escribe Prof. María Liliana Christensen

“La patria, amigos, es un acto perpetuo como el perpetuo mundo…”  Jorge Luis Borges

Estamos celebrando una vez más el 9 de Julio. Cumplido ya el Bicentenario de la Independencia que con austeridad republicana los argentinos festejamos en 2016, este nuevo aniversario nos encuentra atravesando una vez más una penosa y compleja realidad que nos duele, nos pesa y nos abruma. No resulta fácil en este escenario tan duro e incierto pensar la Patria como espacio propio pero a la vez compartido; pensar la Patria como territorio común en el que millones de hombres y mujeres tengamos derecho a la ilusión, sueños de prosperidad y legítimas ambiciones de bienestar y progreso.

Pensar la Patria es, en estos tiempos adversos en que parecen imponerse la resignación, la impotencia y la desesperanza, un enorme desafío.

El primer desafío es repasar nuestra historia con absoluta honestidad, sin concesiones, haciendo una auténtica y sincera revisión de todos los pasos que como pueblo hemos dado, haciéndonos cargo de nuestros errores y asumiendo las insoslayables responsabilidades sobre las decisiones colectivas que nos trajeron hasta aquí. Nunca hay casualidad en el devenir de los pueblos. Siempre hay causas, razones y fundamentos. Una larga cadena de desaciertos, de equívocos, de engaños, de frustraciones nos ha dejado aquí, situados en un presente que -una vez más- nos desvela y nos lastima.

La fecha histórica nos brinda la oportunidad de hacer este examen de conciencia colectivo.

Que la historia nos interpele 

Es una gran oportunidad para volver la mirada hacia atrás, sacar algunas conclusiones y atrevernos a mirarnos en el espejo apelando a la dignidad que la Patria nos exige en un momento como éste. Seguramente, si somos capaces de un ejercicio severo, crítico  y  riguroso que nos permita arribar a algunas primeras conclusiones, deberemos aceptar que la historia nos interpele y nos exija actuar conforme a la responsabilidad que colectivamente tenemos sobre esta realidad  que nos agobia.

Pensar la Patria es, además, apostar a la reconstrucción apelando a todas nuestras fuerzas. Las físicas, las intelectuales, las morales, las que vienen del interior de cada uno de nosotros y nos alientan a seguir avanzando en la ciclópea tarea de refundar una nación devastada por innumerables tempestades. Sin guerras, sin catástrofes naturales extremas, sin enfrentamientos civiles que llevaran al derramamiento de sangre entre hermanos, los argentinos en los últimos 25 años no hemos hecho sino retroceder, degradarnos, pauperizarnos…

Una sociedad que ha perdido derechos, que ha descendido ostensiblemente en su calidad de vida, que ha visto crecer el deterioro de todas las variables que miden la situación de un país. Una sociedad donde aumenta la desocupación, se expande la pobreza, se multiplica la desnutrición infantil, se derrumba la educación y crece la marginalidad. Esto es lo que hemos hecho en los últimos 25 años los argentinos. Perder.

Pensar la Patria como destino    

En este contexto y con la imperiosa necesidad de hacernos cargo para comenzar el penoso y arduo camino de la reconstrucción, el presente nos encuentra enfrentados, divididos, más enemigos que compatriotas, sumidos en una confrontación sin tregua que no registra demasiados antecedentes en la vida nacional.

Fractura expuesta de una sociedad que a todos los males que arrastra y a todas las penurias que sobrelleva, debe sumar la intolerancia, el odio y la violencia que acecha a cada paso, evocando otros tiempos en que los argentinos también conducidos por el sectarismo y la barbarie llegamos a los peores infiernos.

Es imprescindible que la Justicia actúe para restañar las heridas. Sólo con Justicia y Verdad lograremos superar esta instancia dolorosa y podremos volver la mirada hacia adelante.

Es importante pensar la Patria como destino, es urgente trascender el límite de la  desesperanza y generar proyectos que nos permitan refundar un sueño colectivo. Pero esto sólo será posible si la Justicia actúa, si resuelve los incontables casos pendientes y echa luz sobre un oscuro escenario atravesado por serias dudas, siniestras complicidades, patrimonios injustificables y conductas de funcionarios en extremo sospechosas.

Todos los días, desde hace mucho tiempo, se suceden las denuncias; todos los días asistimos azorados a nuevos hallazgos que abonan las peores presunciones. Se acumulan las imágenes y los testimonios que desnudan el accionar en perjuicio del estado de numerosos personajes repudiables, pero la ciudadanía observa con espanto que algunos de esos nombres aparecen en las listas de candidatos a legisladores para las próximas elecciones. Ni en las más sombrías pesadillas podría imaginarse tamaña provocación a un pueblo que en pocas semanas irá a las urnas.

El pueblo argentino tiene, frente a este nuevo aniversario de la Independencia y en un año decisivo desde el punto de vista institucional como el que transitamos, una enorme sed de justicia.

Y como venimos repitiendo desde hace muchos años, sin justicia no hay democracia.

 

 

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