“Pensé que nunca en la vida me iba a tocar esta situación de no tener un techo”

Lo expresó ayer al hablar con este diario Cristian Oruezabal, el trabajador de FANAZUL que desde el domingo se instaló en una casa armada en el veredón municipal, luego de que tuviera que abandonar el lugar donde vivía por no poder seguir pagándolo. La situación por la que atraviesa es la consecuencia directa de la pérdida de su fuente laboral hace un mes. Paralelamente, hasta ayer, nadie del Ejecutivo comunal se había puesto en contacto con él.

Cristian Oruezabal llevaba trabajando en la fábrica de explosivos cinco años y medio. Ahora, sin trabajo y sin techo, vive en el veredón municipal. NICOLÁS MURCIA


Por María Vizcay-De la Redacción de El Tiempo
 

EL DATO:
Este diario intentó ayer por la tarde tomar contacto telefónico con Carlos Peralta, subsecretario de Desarrollo Social de la comuna, para consultarlo si el Ejecutivo está brindando algún tipo de ayuda a Cristian Oruezabal ante la delicada situación que atraviesa. El funcionario municipal no atendió el llamado de este diario que se realizó minutos después de las 19, y tampoco se comunicó por sí mismo posteriormente.

Cristian Oruezabal es uno de los 220 trabajadores despedidos de FANAZUL.
Desde el último domingo vive, literalmente, en el veredón municipal luego de haberse quedado “sin techo”. Frente al palacio comunal armó, junto a sus compañeros de trabajo, una casa de madera y nylon a la que identificó como “Complejo Habitacional Bertellys”.
Es parte de la lucha que quiere dar este hombre de 34 años, que nació en Rauch aunque hace cinco años y medio se radicó en esta ciudad para trabajar en la fábrica de explosivos que se encuentra cerrada desde hace un mes.
Ayer conversó con este diario y comentó parte de su historia. Resaltó la dignidad del trabajo, la posibilidad que tuvo de ayudar a su familia, la -también- dolorosa situación de muchos de sus compañeros, y las responsabilidades políticas que entiende tienen en esto el Intendente, la Gobernadora y el Presidente.
“Si bien veo el panorama muy complicado, creo también que la forma de revertirlo es estar como estamos. Nos va a llevar tiempo, el desgaste de la cabeza es importante, pero estamos juntos y creo que entre todos lo vamos a sacar adelante”, aseguró ayer.
“Quiero estar acá y dar la pelea”   
“Hace cinco años y medio conseguí el trabajo en FANAZUL y me vine a vivir a Azul”, comentó en un principio.
Al narrar la historia de cómo terminó en el veredón municipal, indicó que durante más de cuatro años alquiló una casa y que el último año, ante las versiones que indicaban posibles despidos en la fábrica, “decidí mudarme a un hotel porque me salía más barato que el alquiler y, además, si me echaban no tenía que pagar todo el año de contrato”.
El 28 de diciembre pasado fue el último día que Oruezabal trabajó, al igual que todos sus compañeros, en la planta. Ese día tomó un colectivo para viajar a Rauch a pasar las fiestas con su familia. El 2 de enero volvió a Azul y, ante el cierre de su fuente laboral, entregó la llave de la habitación porque ya no la podría pagar.
“Ese día, me quede sin un lugar donde vivir. Empezamos con los cortes y dormía en la ruta; después vino el acampe y dormía en la plaza”, comentó.
Así fue pasando los días hasta que el sábado a la tarde armaron la estructura -donde colocó un colchón sobre una tarima de madera que hace las veces de cama, dos sillas y una mesa- y el domingo ya durmió ahí con la firme intención de permanecer en esta ciudad dando la lucha por la reapertura de FANAZUL desde acá mismo.
Es que según comentó podría volver a Rauch, donde viven sus padres y su hermano. Pero su decisión está tomada: “si me voy, me siento mal. Quiero estar acá y dar la pelea porque quiero que nos devuelvan el trabajo”.

El sábado pasado, junto a sus compañeros de FANAZUL, armaron la “casa” en la que desde el domingo duerme Cristian Oruezabal, luego de quedarse sin trabajo y sin techo. NICOLÁS MURCIA


Complejo Habitacional Bertellys   
A sus 34 años, proveniente de una familia trabajadora, advirtió ayer al hablar con este diario que “nunca pensé que me iba a pasar una cosa así. Si bien en los ’90 y en 2001 pasamos momentos difíciles, siempre tuve trabajo y un techo. La verdad, pensé que nunca en la vida me iba a tocar esta situación de no tener un techo”.
Entre la ventana y la puerta de su “nueva casa” Oruezabal colocó un cartel que indica “Complejo Habitacional Bertellys”.
Consultado al respecto, indicó que decidió poner esa leyenda porque “responsabilizo al Intendente, a la Gobernadora y al Presidente. Esta es una decisión política de no inclusión, de hacerle ganar plata a unos pocos y no importarle la gente”.
Comentó a su vez que en los días que lleva de acampe -ha estado desde el principio, antes de tener su “casa” armada en el veredón- “a Bertellys lo vi una sola vez, a mitad de enero, cuando pasó por el veredón. Ni siquiera hemos tenido la posibilidad de tener una reunión con él porque directamente no nos atiende”, y luego añadió que sus compañeros “no lo han visto casi nunca en la municipalidad. No sé si entrará por la puerta de atrás o qué, pero por donde estamos nosotros no pasa”.
Asimismo, advirtió que del municipio “nadie ha hablado conmigo. Si quieren hacerlo, estoy en el veredón”.
“La lucha la quiero dar donde la estoy dando”   
Los días de lucha en la calle no son fáciles, pero los trabajadores se mantienen firmes en  la convicción de que dando pelea, permaneciendo juntos y tirando para el mismo lado, algún resultado a su favor van a tener.
En ese marco, Oruezabal consignó que “si bien veo el panorama muy complicado, creo también que la forma de revertirlo es estar como estamos. Nos va a llevar tiempo, el desgaste de la cabeza es importante, pero estamos juntos y creo que entre todos lo vamos a sacar adelante”.
Su historia, con matices, se replica en otros trabajadores que aún no han llegado al extremo en el que él se encuentra.
Y pese a que la realidad, en ese sentido, lo golpeó primero a él, no quiso dejar de mencionar lo que viven muchos de sus compañeros. “Yo soy solo y a veces me cuesta levantarme por todo lo que estamos pasando. Imagínense para la gente que tiene familia lo doloroso que debe ser. No me quiero ni poner en su lugar”, dijo, e inmediatamente comentó que diariamente va a la casa de un compañero de la fábrica a bañarse y a descansar un poco mejor, “pero él está en peor situación que yo porque tiene su esposa y cinco hijos, paga 8 mil pesos de alquiler. Pagó dos meses que ahora se terminan, así que no sabe qué va a hacer en los primeros días de febrero”.
Por último, si bien comentó que “tengo gente que me puede abrir las puertas de su casa” para sobrellevar la situación de “sin techo” que está atravesando, aseguró que “la lucha la quiero dar donde la estoy dando. Y la voy a pelear hasta que tenga fuerzas o hasta que nos reincorporen a todos”.
“EL TRABAJO ME DIO LA POSIBILIDAD DE AYUDAR A MI FAMILIA” 
“Más allá de la dignidad que da el trabajo, a mi me dio la posibilidad de ayudar a mi familia”, comentó Cristian Oruezabal en otro tramo de la conversación que ayer mantuvo con este diario.
Comentó, en ese contexto, que su papá tiene una bicicletería en Rauch y que su mamá es ama de casa. Su hermano, trabaja en el negocio familiar.
“Estando solo, me quedaba buena plata y los pude ayudar a que se compraran un auto, a que viajen cuando cumplieron los 50 años de casados, porque nunca habían salido de Rauch”, indicó, para luego remarcar una vez más que “el trabajo me dio muchas cosas y, ahora, perderlo es muy bravo”.
Cuando hace cinco años y medio entró en FANAZUL, lo hizo en la denominada Planta K, que es la de dinamita. Al principio fue sunchador -es el que encinta las cajas con los explosivos- y luego, ascendiendo en su labor, pasó al prensado de los amasados.
Para eso se tuvo que capacitar. Con orgullo, y también cierta mezcla de nostalgia, consignó que “hay que tener muchas horas para poder trabajar en la prensa sin supervisor, y yo las tenía. Trabajaba sin supervisor junto a tres compañeros más”.
Por la recuperación de ese puesto y de todos y cada uno de los 220 restantes, es que hoy vive en el veredón municipal haciendo visible y palpable el reclamo por la reapertura de la fábrica que están llevando adelante desde hace un mes.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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