Pero, decime qué te pasa???

Por Mariana Azcona

Lic. en Psicología egresada de la UBA. Especializada en Clínica Familiar Sistémica.
MP. 35387 – marianaazcona45@gmail.com

Entre los dos y los cuatro años, es común y saludable que los niños hagan los conocidos e incómodos berrinches. Son rabietas a partir de no poder cumplir su deseo inmediatamente y sabemos que tiene que ver con una etapa del desarrollo, en la que se forma su personalidad diferenciándose de los padres.

Pareciera que nada les viene bien, quiere una cuchara y cuando la tiene quiere ir a afuera y cuando salimos afuera quiere otra cosa diferente hasta que los padres se cansan y estalla el berrinche. Después de un tiempo aprendemos a identificar este mecanismo y cortamos por lo sano desde un principio (en el mejor de los casos).

Pero no siempre es un berrinche lo que pasa y es importante que podamos diferenciar el berrinche de otras cuestiones. Si toda pataleta la denominamos berrinche y capricho corremos el riesgo de pasar por alto emociones y estados de ánimo importantes.

Cuando no es un capricho, que es?. Esta es la parte más difícil, por eso, a veces lo más cómodo es clasificarlo como berrinche y a otra cosa. Cuando está de mal humor, irritable, sensible, cuando está diferente al resto de los días…sentimos que le pasa algo.

Entonces le preguntamos una y otra vez: “qué te pasa? Decime lo que te pasa y yo te ayudo!, si no me decís que te pasa no te puedo ayudar!, etc.”. Sentimos que su silencio y su misterio es algo personal que nos hacen a nosotros, que están de esa forma para hacernos enojar…

A nadie le gusta estar mal, angustiado, malhumorado o triste.

Ellos, los más chicos y los adolescentes, muchas veces, no tienen ni idea de lo que les pasa.

No se quedan callados para no decirnos lo que sienten.

Simplemente no lo saben. A veces es posible que frente a nuestra ansiedad nos digan cualquier cosa para dejarnos tranquilos. Porque sienten que tienen que darnos una respuesta, que si nosotros les estamos preguntando es porque ellos deberían saber porque están como están.

Nosotros podemos ayudarlos a pensar y a identificar qué les pasa. Con paciencia y con amor.

Brindándoles las herramientas para que empiecen a identificar estas emociones por si solos y puedan ponerlas en palabras.

Dándoles opciones y alternativas posibles para encontrar la punta del ovillo, a partir de nuestra propia experiencia.

 

 

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