PIAZZA, EQUIPO DE COSTUMBRES  

El triunfo ante San José por 2 a 0 en la revancha de semifinales, global de 3 a 0, lo pone en la final del Clausura ante Alumni. El industrial tiene la oportunidad de lograr el tricampeonato en lo que será su cuarta final en las últimas cinco que ha jugado la liga.

La suspensión de Lucas. En el aire, Iztueta despeja ante el acecho de Sarasola. Piazza y su costumbre de jugar finales.
NICOLÁS MURCIA

Volvió Piazza a lucir esplendoroso, volvió Piazza a ofrecer parte de su repertorio más reconocido como bicampeón que es, volvió a tener una gran fiesta en su cancha. Eso sí, en el segundo tiempo; antes, poco y nada.

Camino a ese estado de gracia que tomó forma luego del descanso, el camino fue polémico, sinuoso y sin tantos méritos. Un penal inicial que desde la zona de cabinas es casi imposible de ver, una acción que desencadenó otro escenario anímico para San José que comenzó a entender que su rival también era el juez. Ese primer tiempo se enrareció sobremanera, el juego se opacó a un nivel muy profundo y lo único que quedó para espabilarse fueron los goles y la atajada de Barbieri en el penal con el que contó el fidelino.

El final del partido con San José, el festejo con parte de la multitud que colmó el estadio.

Tenía condicionamientos San José como para plantear un partido con ciertas urgencias. La ventaja piazzista llevó a que Albisini planteara un cotejo con apetencias de demostrarle a su oponente que sabía cómo complicarlo. Y pudo hacerlo por momentos a lo largo de etapa inicial. Con mucho despliegue físico, ocultando muchos de los receptores naturales de las salidas (Bedoya, Sánchez, Pouyannes), el fidelino buscaba plantarse en campo villero y pugnar porque su rival comenzara a saltar líneas con pelotazos. Todos los balones en tiro libres, San José los mandaba directo al área de Barbieri, otra manera de intentar que Piazza tuviera menos ventajas para lastimar.

El local se mantenía expectante, sabedor de que esa ventaja que arrastraba desde el partido de ida pudiera ir aumentando su peso específico. De momento se valía de arrestos individuales, les costaba demasiado armar circuitos de pases que desinflaran la presión santa.

A los 14’ llegó el primer notorio desequilibrio del cotejo: el balón es cabeceado por Iztueta en dirección al arco de Natiello, Zapata cierra cerca de la línea de meta, intercepta la trayectoria del balón y Coronel que sanciona penal. Ramón Sánchez convierte y todo parece confluir dentro de una coctelera que se agita rabiosamente.

Por primera vez (lo sería luego en casi todo el ST), el partido era un cachorrito dormido placidamente en los brazos de Piazza. Un control absoluto (expresión que no siempre equivale a referir un extraordinario nivel de juego), con el mérito ahora más explicito de intentar amalgamar jugadores con pelota al pie y llevar al desgaste físico a SJ.

FOTOS NICOLÁS MURCIA

Pero ese control se ejercía a demasiada larga distancia, muy esporádico en cuanto a la intensidad y errático en la puesta en práctica.

Costaba mucho inventarse un entusiasmo para seguir el partido. Se discutía casi el mismo tiempo que se quería jugar, San José insistía con el supuesto perjuicio del árbitro, Albisini se fue expulsado por protestar fallos y el desempeño no aportaba demasiados alicientes (si bien de momentos sus expresiones futbolísticas tenían como base el otro lado de la mitad de cancha).

Con mucha ligereza tomó las marcaciones San José durante toda la muy buena acción que decantó en el 2 a 0. Parodi tomó en tres cuartos, sobre la izquierda, y avanzó en diagonal sin resistencias; cruzó un excelente pase a la derecha para la proyección de Gómez contra la meta. Su centro pasado halló la frente de Sergio Valdez, por el segundo palo, de cara al gol sobre la línea.

La respuesta fue inmediata para el fidelino: Platero buscó vencer a Barbieri con un remate duró, a media altura, desde la medialuna; en el camino, la pelota halló un defensor de Piazza, que la rebotó. Coronel interpretó penal por golpe en un brazo, lo sancionó, no amonestó a nadie y le dio a la visita la chance del descuento. Cara a cara de arqueros: Natiello buscó a ras del piso y Barbieri atajó muy bien.

A muy poco de empezar el segundo ya entusiasmaba mucho más que aquellos largos primeros 45 minutos. Quintana ingresó con rápida sintonía e instantáneamente el balón empezó a hacérsele amiga; proponía el mano por los costados y San José hallaba una variante ofensiva inédita en el cotejo.

Las necesidades fidelinas, cada vez más punzantes en el ánimo, empujaron al visitante a ir contra Barbieri. En el comienzo del complemento, se alumbraron algunos posibles caminos, pero en pocos minutos todos sus intentos no eran más que impulsos sin planeamientos. Ese escenario fue dándole a Piazza un contexto futbolístico muy favorable, contexto que el vencedor (no siempre pasa) terminó usufructuando de muy buena manera.

El elenco dirigido por Peralta puso en el tapete una versión superadora, emergió el carácter colectivo, se potenciaron individualidades y todos estos matices edificaron una propuesta con mayor firmeza en el fondo (no la había habido en el primer tiempo), una mejor administración en el sentido del ataque –para cual seguía siendo fundamental “Choni” Parodi– y ocasiones de gol realmente profundas y que iban poniendo en jaque la delgada resistencia santa.

La reacción de San José no alcanzó a revolucionar el estado de las cosas del partido, no pudo modificar la matriz que determinaba el pulso del cotejo. Entonces, sus esfuerzos no consiguen tomar otra forma que la de ímpetus desmedidos pero en la misma medida de improductivos.  Mientras tanto, el azúcar que saboreaba cada ataque de Piazza le empezó a jugar en contra: siempre con superioridad numérica, con tiempo y espacio, los jugadores locales empezaron a dilapidar un sinfín de ocasiones clarísimas. Pero como no recibía verdaderos ataques, se lamentaba de sus yerros pero no los sufría.

Piazza no ha agotado su apetito y va por el tricampeonato. Es claro que Peralta tiene como misión fundamental el Federal C 2018, pero entretanto luchará cara a cara con Alumni por una nueva corona.

LA FIGURA

 Agustín Parodi

En el primer tiempo, cuando jugar era casi una odisea, Parodi ya conducía a Piazza con arrojo, claridad y relevancia en los metros finales. En el complemento, cuando el local gobernaba cómodamente, esas virtudes se multiplicaron, “Choni” su injerencia se mantuvo, de igual forma que su compromiso.

 

 

 

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