TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN

Piazza sigue mirando desde afuera al G-7

El 2 a 2 ante Athletic no contrarrestó las necesidades del industrial en la tabla. Permanece a tres puntos de Cemento, momentáneamente el séptimo ubicado entre los conjuntos que por ahora pasan de ronda.  La estrellita, si bien dejó pasar la ocasión de descontarle a Boca (que empató), sostiene un destacada campaña y mantiene intactas sus sobradas chances de clasificación.

Escenas de área. Rígoli es todo festejo al tiempo que Lucas Iztueta y el arquero Barbieri demuestran que no tienen nada que celebrar. 
FOTOS NICOLÁS MURCIA 
Una forma de vida futbolística. Emilio Brienzo fue el jugador industrial más gravitante en buena parte del primer tiempo. Por el momento, Piazza está fuera del grupo de clasificados.
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Una forma de vida futbolística. Emilio Brienzo fue el jugador industrial más gravitante en buena parte del primer tiempo. Por el momento, Piazza está fuera del grupo de clasificados.

El empate en sí no dice demasiado, es un resultado que coronó un magro partido que, sin embargo, nunca malogró su atractivo y se mantuvo con aspiraciones de ser triunfo (para cualquiera de los dos) hasta el instante final. Pero este 2 a 2 se da en un contexto, gravita en una circunstancia deportiva y es precisamente ésta la que lleva a que la paridad adquiera mucho sentido, “diga” algo. Y lo primero que el empate dice es que para Piazza no hay mucho que celebrar, pues sigue sin poder incorporarse al grupo de siete clasificados.

No es una tragedia, por supuesto, no es necesario adosarle un componente dramático a esto. Pero no es propio del rendimiento industrial de los últimos torneos el no acceder a las instancias decisorias de un certamen oficial. De ahí que para sopesar con mayor fineza el peso que tiene este reparto de puntos, no deba evitarse el contexto en el cual se da. Lo mismo para Athletic, al que la suma de un punto (o la pérdida de dos) no le modifica demasiado su presente y su futuro.

Salieron a batallar por el dominio del mediocampo, a pelearse por el agua que ofrecía ese sector para hidratar el juego de cada uno. Pero en ese fragor se desmejoraron tempranamente y dependiendo de si era Brienzo o Maxi Lapalma el que preponderaba, era la suerte ofensiva que corrían.

Los primeros en lucir de manera notoria fueron los arqueros (ambos mantuvieron un buen desempeño a lo largo de todo el cotejo): fue Barbieri ante Uballes, luego de un defectuoso disparo cruzado, y, después, Matos ante Brienzo, en una atajada grandilocuente luego de una excelente volea del “Negro” que encendía alarmas en el ángulo diestro del 1.

Un desarrollo sin preponderancia que no podía desanudarse, nublado en muchos de los intentos de construir sentido colectivo. Escapaba de esa medianía el citado Brienzo, muy liberado por la marca alba a la derecha del campo; el 8 jugaba a merced, identificaba los bocetos ofensivos e invitaba a la integración con Hugo Iztueta, Laguna y Sánchez. La asignatura pendiente del local era la cesión acertada hacia la zona profunda de su ataque.

El elenco fidelino no conseguía referentes donde anclar una mejoría. Quien mejor respondía a esa idea era Agustín Parodi –terminó dando forma a una gran labor–, quien no cesaba en la constante lucha con toda la defensa local, a lo ancho de la ofensiva, muchas veces con la única opción de cuidar la posesión a la espera de una ayuda que rara vez surgía.

Los últimos minutos del primer tiempo vinieron a agitar en mucho un trámite que entusiasmaba casi nada. A los 36’, Barbieri lanzó un balón de tiro libre contra el área, hacia la izquierda del ataque piazzista,  Lucas Iztueta la llevó a la zona opuesta con un cabezazo para que Moyano, mediante un disparo con derecha algo pifiado, venciera a Matos ante la sorprendente pasividad del fondo blanco. Un minuto después, el fidelino era el que estaba festejando: Uballes (fundamental en ambos tantos de Athletic) entró en juego contra él área, en diagonal desde la izquierda, llegó hasta Barbieri y ante su achique, cedió con mucho acierto al ingreso opuesto de Rígoli, quien convirtió con un remate corto.

Era mucho para tan poco lapso de minutos… pero había más. A los 41’, Travi fue por derecha hasta la meta, mandó un pase por bajo que no pudo ser intervenido por Matías Parodi y esto posibilitó que Laguna, con un toque tan preciso como lúcido, venciera contra el palo zurdo a Matos, en el arco de la avenida.

Ese frenesí, la aparición crónica de espacios en adyacencias de sendos arqueros, no volvió al campo con los equipos para el segundo tiempo. Sí se reeditaba el carácter inquietante, la sensación de que mucho puede pasar, y para ello no es necesario un juego virtuoso. Resaltaba el hecho de que los dos estuvieran dispuestos a lacerar sus arcos, y en esto el más abocado era la estrellita, lógicamente, debido al resultado. De todos modos, Piazza no le huía a esa actitud y también se enfocaba en la misión ofensiva (sabía bien que Athletic estaba condicionado a soltar amarras y esto podría ofrendarle zonas descuidadas por donde lastimar y cerrar el pleito).

En su ansiedad por alcanzar la paridad, el albo saltaba líneas en el avance, pelotas largas y centrales que no obstante su previsibilidad, acarreaban algunos movimientos desacertados en el fondo industrial, aunque éste supo desactivar reiteradamente ese instrumento rival con el adelantamiento.

Pareció entender el elenco merengue que la centralidad no lo llevaba a ningún lado y comenzó a optar con estocadas laterales, quizá demorando un tiempo más pero logrando mejores resultados. Esa fue el andamiaje que permitió el empate: Cordero jugó un gran pase en diagonal hacia fuera, del centro hacia la derecha, “Choni” Parodi fue bien profundo y cruzó el balón casi contra el otro palo, por donde Uballes sólo tuvo que permitir que la pelota lo choque para que vaya a dar al fondo del arco.

El tramo concluyente perteneció enteramente a Athletic, que lejos de aceptar el 2 a 2 (que, repetimos, nada mal le sienta para sus aspiraciones clasificatorias), fue por más, se hizo de la pelota y del terreno y halló los caminos ofensivos. De todas formas, la historia principal del partido ya estaba escrita.

LA FIGURA  

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Agustín Parodi

Tuvo rivales en esta opinión (Laguna, el más notable), pero el delantero de Athletic merece ser considerado el mejor. Parodi afrontó por igual –con tesón y recursos– la dedicada marca piazzista y la soledad a la que, fundamentalmente en el PT, lo condicionó su equipo. Pese a las fricciones y cierto enfado, nunca perdió el foco del juego y su capacidad de ataque

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