Piñón Fijo: nostalgias de un payaso que lleva 29 años divirtiendo a las familias argentinas

“Yo, gracias a Piñón, he aprendido muchísimas cosas de la vida; cosas muy profundas que quizás si hubiera seguido otra profesión que no me gustara tanto, no sé si hubiera tenido chances de encontrar una cantidad de respuestas filosóficas a la vida detrás de este traje de payaso”, dijo el artista. NACHO CORREA


Por Augusto Meyer
ameyer@diarioeltiempo.com.ar
El personaje regresó a la ciudad y volvió a llenar el Teatro Español. En diálogo con este diario en zona de camarines minutos antes del inicio del show que ofreció el pasado sábado, dijo que no se imagina cómo será su vida cuando sea el tiempo de dejar de actuar. De ahí que sostuviera que “a medida que pasa el tiempo uno se va reconfigurando”. 
Casi tres décadas lleva Piñón Fijo entreteniendo a las familias argentinas. Para ser más precisos, 29 años en los que el payaso pone a rodar un repertorio de canciones y de sketchs donde saca a relucir en su faceta artística lo mejor del humor sano y sin distinción de  edades. En una charla que tuvo a solas con EL TIEMPO en zona de camarines a minutos del show que el sábado pasado dio a sala llena en el Teatro Español, Piñón Fijo afirmó que le produce nostalgia cuando mira para atrás y ve el camino recorrido. Lejos de mostrarse cansado y desmotivado por el trajín de las giras, aseguró que las ganas ni el entusiasmo se pierden. “Por el contrario, se encuentran estímulos nuevos. A medida que va pasando el tiempo uno se va reconfigurando”, expresó.
Consultado sobre qué cosas le sorprendían durante las recorridas por el interior del país con su espectáculo, dijo: “Me sorprende el paso de la vida, el paso del tiempo. El hecho de haber empezado esto con ‘veintipico’ de años, siendo papá joven de dos niños y ahora ser abuelo. Antes yo trataba a los papás como iguales en el sentido cronológico y ahora los veo jovencitos y que me miran de otra forma, como quien mira con respeto a una persona mayor, más allá que yo soy payaso. Todas esas cosas que la vida se va encargando de reconfigurar, son las que a uno lo emocionan y hacen que uno se reinvente también”.
-¿Cómo es su vida cuando no es payaso? ¿Puede llevar una vida normal? ¿Lo reconocen por la calle?
-Mucho no me reconocen y en general, cuando no estoy de Piñón, estoy pensando en hacer algo para Piñón. Estoy pensando una canción o editando un video o haciendo un dibujito en 3D. Soy bastante inquieto con el tema de la tecnología. Tengo como una complicidad de los adultos y de la gente de mantener la magia de Piñón sin maquillaje. Hay una cosa que quizás, si uno lo hubiera forzado, no hubiera salido tan bien como sale. Uno lo explica cuando alguien se acerca a querer sacarse una foto y la gente lo entiende, aún en estos tiempos donde todo el mundo tiene un celu y una máquina de fotos. Al toque podrían sacarme una foto sin preguntarme sin maquillaje, pero se genera ese respeto lindo.
-¿En quién se reflejó en sus comienzos?
-En muchos. En Carlitos Balá, con quien tuve la dicha, allá por el 2006 y 2007, de girar por todo el país con él; de Pepe Biondi, de quien Carlitos Balá me contó muchas anécdotas de cuando trabajó con él. De María Elena Walsh, quien es todo un faro para quienes venimos escribiendo cosas para los chicos. Gracias a Dios hay mucha gente que se ha dedicado a los niños y a las familias.
-¿Qué tanto puede separar la realidad –difícil desde lo social y económico- de la prestancia que se requiere para estar “pum para arriba”?
-La ventaja que uno tiene –que no sé si es tan ventaja; de hecho, ojalá no la tuviera- es que cuando uno tiene varios años vividos, tiene encima varias crisis del país encima. Uno es como que entiende los ciclos económicos, y lamentablemente la economía siempre va ligada a lo social y cuando la economía no funciona, más allá de los números y de las estadísticas, hay gente que sufre. Hay niños y ancianos que sufren. Uno más o menos está curtido con eso y también entiende la función que tiene en cuanto a subir a un escenario y tratar de dibujar una sonrisa a la familia.
“Uno ve el milagro de un papá cantando y olvidándose un ratito de los problemas; uno ve al niñito mirándolo a su papá participando de eso y…es un milagro que –yo soy conciente de eso- no cualquiera lo logra y por eso lo disfruto mucho”.
-¿Qué se imagina de usted cuando deje de ser Piñón Fijo?
-No me imagino dejando esto. Toco madera (sonríe) y ojalá que no pase ni nada feo ni nada raro en mi vida. Mirá: Carlitos Balá anda por los 93 o 94 años y tiene su ‘sucutrule’ a cuestas. Estas cosas, para uno que las ejerce, no son una actividad laboral ni un trabajo; es un juego y es algo que a uno lo alimenta.
“Yo, gracias a Piñón, he aprendido muchísimas cosas de la vida; cosas muy profundas que quizás si hubiera seguido otra profesión que no me gustara tanto, no sé si hubiera tenido chances de encontrar una cantidad de respuestas filosóficas a la vida detrás de este traje de payaso”, agregó.
Sobre el escenario, Piñón Fijo contó con el acompañamiento de Marcelo –“músico, cantante y bombero voluntario de Alta Gracia”, de acuerdo con cómo lo presentó el payaso- y su hijo, Jere Fijo.
“Sol (su hija) se quedó con mi nieta Luna más quietita, en Córdoba. Sol tiene un proyecto lindo a nivel personal que está florenciendo y que a mí me llenan el alma. Te imaginás que los hijos elijan la misma senda que eligió el padre, algo que te da a entender que sos como un referente del tema; es un círculo hermoso de la vida”, concluyó.
 
CUMPLIR EL SUEÑO DE OTROS —- título
 
06 fijo
NACHO CORREA
 
Rostro blanco, cejas melancólicas y un par de lágrimas pintadas de negro cayendo a los costados de los ojos prolijamente delineados. La boca colorada y con un corazón. En la cabeza, la gorra amarilla y, en el cuerpo, un traje de colores primarios y ruedo en picos. En los pies, zapatos de colores invertidos. Con ese atuendo Fabián Gómez, oriundo de Deán Funes (Córdoba) y quien empezó su carrera como artista callejero antes de convertirse en el payaso-clown-mimo-trovador más famoso del país, se presentó el sábado, alrededor de las 15.15, a la entrevista con EL TIEMPO. La nota se hizo en uno de los camarines al mismo tiempo que el público, que prácticamente llenó el coliseo, se ubicaba en las butacas del Español. El sueño de muchos nenes que esperaban el recital –el estar cara a cara con el artista- lo cumplió quien suscribe, y por cuestiones profesionales. Luego, como padre y espectador, disfruté –a los 44 años- de bailar el “Chu Chu Ua” junto a mi hijo de 5 años.
 

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