TORNEO FEDERAL C

Poco pudo hacer Alumni para evitar ser eliminado

Uno de los peores partidos en esta notoria campaña albinegra, fue lo último que disputó, ayer, el equipo local en el certamen nacional. Estudiantes de Olavarría le ganó 2 a 0 en el Emilio S. Puente (resultado global de 5 a 2) y es el que alargó su permanencia en el campeonato.

Junto al banderín, Juan Longhini festeja el primer gol de la tarde, el que terminó por definir la serie en favor de Estudiantes.
FOTOS ADRIÁN GELOSI
Mariano Ridao se destacó por su tesón para apostar siempre a un toque atrevido, a una jugada colectiva, pero no pudo escapar de las carencias de todo Alumni. Se supone que es fútbol. Al cabo de una tan dura como pareja llave, Estudiantes clasificó y se mantiene en el Federal C.
ADRIÁN GELOSI
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Mariano Ridao se destacó por su tesón para apostar siempre a un toque atrevido, a una jugada colectiva, pero no pudo escapar de las carencias de todo Alumni.

El resultado fue malo, el nivel de juego igual, y las penumbras de una cálida tarde domingo ensombreció aún más la desazón de Alumni Azuleño. Pero aquel que corra el cortinado resultadista y amplíe su mirada, verá con claridad que la campaña del plantel en el Torneo Federal C fue muy buena. ¿A quién consuela esto? No lo sabemos y tampoco esa es la intención; pero vale agotar esfuerzos para hacer notar que el éxito no siempre culmina en alegría. En un contexto de club azuleño, la campaña albinegra es meritoria.

El triunfo del bataraz en el Emilio S. Puente es, desde una mirada general, inobjetable, pese a ser tan culpable como el local del magro partido al que dieron forma. Hizo un culto al usufructo en la manera en que supo hacer tallar la ventaja conseguida en Olavarría, y merced a esa confianza en primera medida, tuvo el partido en su palma los noventa minutos, pese al bajo rendimiento.

Primero lo buscó, desestimó la estrategia especulativa, y una vez que Longhini puso el 1 a 0, le dijo a Alumni “tomá, el problema es tuyo”, se puso al otro lado del mostrador y se abocó a tareas “administrativas”, en tanto su oponente lidiaba con su alma y entendía poco.

Sabían los azuleños que la visita iba a exprimir el 3-2 de la ida, pero cierta lógica que presumían confirmaba que Estudiantes lo haría refugiándose y especulando. Al menos hasta el gol inicial, y sin ser una topadora, se comportó de manera diametralmente contraria.  La propuesta se basó en una presión alta, directamente contra los centrales azuleños y, de igual forma, unos metros más atrás, ante los volantes. El conjunto olavarriense lograba que Alumni jugará sin tiempo y sin espacios.

En esos lapsos primarios en el cotejo, Candia en la zona central del mediocampo y Zalazar como agente creativo y sin ataduras posicionales, destacaban por sobre los demás y a partir de ellos el visitante sostenía la supremacía.  Entre los albinegros locales, los tibios esbozos en ataque eran posibles en los pies de Ridao.

Sufría mucho Alumni  y lo hacía demasiado cerca de Ibáñez; y el gol de Juan Longhini esclareció esa debilidad. Un primer centro que cae en el centro del área y que De la Canal despeja corto de cabeza; el balón no termina de ser evacuado de esa zona y un nuevo balón que Zalazar cruza, ahora por alto, desde la derecha. El envío fue lo suficientemente preciso para desairar una nueva intervención del central de Alumni y para permitir la intervención de Longhini, quien con un cabeza recto y alto venció la estirada de Ibáñez. Además de lamentos, post gol algunos alumnistas lanzaron reproches al juez (tan mediocre en su labor) puesto que el auto del gol, unos 10 minutos antes, le había abollado la cara a Garay de un codazo premeditado y muy notorio, merecedor de la roja.

Con el gol en contra, terminó de delinearse el peor momento de Alumni en el partido: un equipo descolocado, errático a la máxima potencia, sin referentes en la creación, que optaba por el pelotazo aliviador pero improductivo, y por todo ello carente de ocasiones reales de gol.

¿Cuál fue el primer indicio de las pretensiones estudiantiles luego del tanto? Una estructura anclada en su mitad, sólida y dispuesta en pocos metros y con un único menú al momento de proyectarse hacia Ibáñez, el pelotazo –desde dónde diera lugar– a Longhini.

Mariani modificó apellidos y dibujo de cara al complemento. Layús ingresó como tercer delantero (salió Mazzante) y Arrigoni pasó a ser volante derecho, abandonando una defensa que pasó a jugar con tres. Estas alternativas que implicaron riesgo en pos de mayor gravitación ofensiva (fue muy notorio ese déficit) no conseguían darle el rumbo al cotejo para que su idiosincrasia se modificase y así el albinegro azuleño adquiriese otra perspectiva y funcionamiento. Con el correr de los minutos y ante la conducta olavarriense, Alumni sí pudo ganar en el manejo del balón, aunque con escaso mérito.

Independiente jugaba sin pruritos, ningún anillo se le caía por anular a su rival con despejes ridículos o reiteradas infracciones, tampoco por resguardarse muy cerca de Senzacqua y esperar por una contra como un nene por Papá Noel (ese regalo llegaría finalmente).

Alumni devino en una bola de nervios blanca y negra, guiada por un corazón orgulloso que no hallaba herramientas en la razón futbolística. Rivalizaba contra dos, Estudiantes y el reloj y ambos lo vencían. Sin lucidez creativa, cada vez más desanimado y muy alterado para pedirle precisión, el equipo se mantenía ayuno de alicientes para permitir ilusiones. La experiencia de algunos de sus jugadores y el resultado global favorable eran suficiente ventaja para el bataraz.

Paciencia supo tener Estudiantes y lo planeado trajo réditos para Mauricio Peralta y los suyos. En la enésima contra del visitante, a los 31’, Longhini surgió por derecha, dentro del área, y cruzó un baló bajo al costado opuesto para Zalazar, ante una defensa sin poder hacer pie; el 10 controló, buscó el perfil derecho y anotó mediante un remate fuerte. Fin de la historia.

De lo que quedó, bastante poco aporta al análisis total del cotejo. Sin conseguir revertir el vacío futbolístico y actuando más por el dolor que por esplendor, Alumni agotó todo su resto en la empresa de arremeter contra el arco rival, pero la suerte estaba echada desde mucho tiempo antes y el gol Zalazar le había apagado la luz al desarrollo.

LA FIGURA 

Juan Longhini

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Quizá no se trate de una opinión indiscutible, pero no puede ignorarse lo mediocre del partido disputado ayer. Longhini, con las intermitencias lógicas de un centrodelantero en la integración al sistema de juego (más en su caso, sometido a una lluvia de pelotazos) resultó fundamental ayer: hizo el gol que acomodó el partido a Estudiantes y asistió a Zalazar en el segundo.

 

 

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