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Panorama político bonaerense: Claves de la encrucijada que desvela a Kicillof

2 de febrero de 2020

Los términos de la elección que probablemente deba hacer el gobernador, a más tardar el miércoles, se fueron clarificando con el correr de las semanas. En su formulación más simplificada, la opción sería: dejar que la provincia entre en default por "solo" USD 276 millones o pagarle a los acreedores, aun después de haber sugerido que no había recursos para hacer eso. 



Ambas posibilidades tienen pro y contras que se extienden más allá de la suerte de la gestión del gobernador debido a que la negociación involucra la esfera nacional, en un doble sentido: porque es un antecedente de lo que ocurrirá en marzo con la deuda soberana –y atado a eso con el grueso de la bonaerense, más allá del vencimiento actual- y porque hay acreedores que lo son de ambas jurisdicciones.



Por eso resulta clave la reunión reservada que Kicillof mantuvo el viernes con su par nacional, Martín Guzmán, mientras para despistar se desarrollaba un acto en el Salón Dorado de la Gobernación donde varios lo estaban esperando. De un Guzmán a punto de partir a Alemania, en ese cara a cara Kicillof volvió a escuchar que es conveniente descartar un auxilio nacional para pagar.



Solo horas después, Alberto Fernández ratificó en público ese criterio. Pero no despejó cierta expectativa interna en el gabinete bonaerense, donde parece haber dos posiciones: los que creen que una eventual ayuda solo se definirá -por sí o no- en un contacto aún pendiente entre el Presidente, la vice Cristina Fernández y el gobernador. Y hay quienes insisten en que si a Nación no le conviene un default anticipado de PBA debe "poner lo dólares".



La posición de estos últimos es comprensible. Si bien en La Plata hay conciencia de que PBA solo podrá encarar una negociación de fondo si antes, en marzo, Nación tiene éxito en la suya, saben que pagar para no complicar a Fernández expone en lo inmediato a Kicillof a ensayar una especie de mini ajuste que, aunque no se constituya en una política definitiva, lo expondrá a pilotear un período político potencialmente conflictivo.



Es que todo ocurre en un mes donde las arcas bonaerenses estarán particularmente exigidas por el pago del 12% de aumento salarial que, vía cláusula gatillo, recibirán los docentes. Y por la reactivación de la cancelación de la deuda flotante con proveedores. "Si pagamos con plata propia, nos va a alcanzar raspando para los sueldos", es la definición que ensayan cerca del gobernador.



Una primera consecuencia  es que habría problemas para entregar el bono a los trabajadores estatales, que a diferencia de los maestros no tienen un mecanismo de ajuste automático que ate sus sueldos a la inflación. Lo saben los representantes gremiales que vienen conversando en forma reservada con el gobierno para cerrar un esquema de paritarias que, ya les dijeron, estará supeditado a resultado de lo que pase con la deuda.



Para terminar de armar el rompecabezas que intenta resolver el gobernador hay que recordar que, como se viene diciendo aquí, Kicillof quiere hacer todo lo que esté a su alcance –y tal vez un poquito más- para no defaultear. Por eso, no hay que descartar, incluso, alguna heterodoxia. La más mencionada es un pago parcial de capital, menos gravosa para el fisco provincial.



En el gobierno fruncen el ceño cuando de menciona ese recurso. Recuerdan que los bonistas proponen por los medios "soluciones" que no ratifican en las mesas formales, como pasó con la idea del crédito "puente" del pool de bancos. Y que están atomizados –Fidelity, en fondo que más bonos concentra, tiene apenas el 16%- y cada uno propone algo que no necesariamente representa a los demás.



En definitiva, eso es parte del escenario que desvela a Kicillof: pensar en un acuerdo en esas condiciones y después de haber modificado sin éxito su propuesta para adelantar el pago de intereses luce poco realista. Y pagar es una receta plagada de bemoles económicos y políticos, entre los cuales figura la necesidad de ensayar una pirueta retórica para justificar una medida que se venía rechazado.



En la semana se develará el misterio: esta vez no hay más plazo para dilaciones. Luego, Kicillof habrá dejado atrás la etapa del desembarco. El resultado de la pulseada de la deuda será importante a la hora de establecer el balance acerca de en qué condiciones lo hará. (DIB) AL


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