TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN

Por dos cabezas, toda la locura 

Boca venció a Atlético y jugará la final del certamen ante Chacarita. Un resultado histórico en un partido para olvidar. Los cabezazos de Sierra y De Stéfano cifraron la clasificación a la serie decisiva.

De cabeza a la final. Maximiliano Sierra convierte el 1 a 0, momento fundamental para que Boca comience a llevar el cauce del partido hacia su necesidad. 
FOTOS NACHO CORREA
Kevin, el señor de los abrazos. De Stéfano ya convirtió el segundo y Boca convertía el sueño en realidad: jugar la final del Apertura.
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De cabeza a la final. Maximiliano Sierra convierte el 1 a 0, momento fundamental para que Boca comience a llevar el cauce del partido hacia su necesidad. FOTOS NACHO CORREA

Quizá por esta vez valga la pena dejar de lado la forma y focalizarnos en el logro. Puede que, aunque lo analicemos, lo más acertado sea seguir revalorizando esta histórica campaña de Boca y esta posibilidad cada ver más definida en el cercano horizonte de lograr que los 42 años no sumen ni uno más. No jugó bien el xeneize, pero escasos fueron los tramos en los que se vio sobrepasado por Atlético, tan laborioso como inofensivo. Boca no padeció el cotejo y fue notoriamente eficaz para anotar. Este plantel auriazul acaba de situar a este club en una final habiendo pasado décadas de la última que cualquier bostero pudo celebrar. Y si bien no todo justificativo es válido, aceptable, las lindas formas podrían tener licencia cuando las necesidades emocionales reclaman una fuerte inversión de carácter. Y Boca nada en carácter.

La visita supo cómo contrarrestar el ensayo de presión y despliegue con el que el local abordó la disputa en el oeste. Y si bien tempranamente al gaucho adolecía de cohesión y directamente apelaba a la descarga larga en Valdez y Bossolasco, su rival no complementaba la asfixia con circulación y profundidad. Pura ebullición que no decantaba en nada. Pernea dispuso de una chance muy relevante pero su remate desde casi el punto penal se alejó del arco con destino incierto.

La llave de todas las puertas ofensivas boquenses fue el juego aéreo y ambos goles se propiciaron en momentos casi inmejorables del partido. A los 10’, un tiro de esquina desde la derecha, cayó en el segundo palo y no por mero capricho: allí se hizo Obelisco Sierra (ya lo es con los pies en la tierra), quien cruzó su cabezazo lejos de Hairzaguerre para el 1 a 0. Tempranamente Boca disponía el pleito muy a favor de sus intereses y ahora también podía jugar el partido de los estados de ánimo.

El conjunto tapalquense advirtió que necesitaba plasmar un sentido colectivo, que no rendía tirarle pelotazos azarosos a sus puntos (Sierra y Carmona festejaban cada uno de ellos). Atlético necesitaba hallar a Pernea librado de Borda, que nunca perdió de vista ni al 10 amarillo ni a ningún otro y fue figura. Atlético debía advertir que Randazzo, en pos de su aventura ofensiva, solía desguarecer su sector en defensa. Atlético tenía que comprender que por momentos puede ser redituable exponer a Valdez al trabajo “sucio” que a él le gusta; pero que eso, sin la contracara de ofrecerle también ocasiones relevantes, es volverlo intrascendente.

La visita, con la tenencia impulsada por la necesidad de empatar y por un natural repliegue boquense, no pasó de la supremacía territorial, ante un equipo que suplía sus carencias (principalmente la de jugar con 10) con el despliegue físico.

El cotejo fue nutriendo su cuota de eso que está a mitad de camino entre la pierna fuerte y tomarse a golpes (algunos lo llaman violencia, otros prefieren reducirlo a “cosas lógicas de un partido de estas características”). La cuestión es que este matiz fue notoriamente incompatible con las esperanzas de obtener un mejor espectáculo. La intensidad no mermaba, pero estaba focalizada en otros aspectos menos sustanciales del juego (como hacerle notar a Grazziano, que nunca pasa desapercibido, lo malo y merecedor de la sanción que es el rival).

De nuevo por intermedio de un centro, esta vez desde la izquierda, Boca amplió la diferencia: De Stefano tuvo ciertas facilidades para colar un hermoso cabezazo alto al ángulo zurdo del arquero tapalquense. Fin de la historia.

Todo lo demás, con escasísimas excepciones, fue un sobrante, un largo retazo que mostró un empobrecida pugna (aunque alimentada por el alto voltaje) por mantener el status quo (Boca) y por torcer una historia que plomo llenando una mochila grande (Atlético). El xeneize adoptó de buena gana y con idoneidad el rol de paciente controlador del trámite, mientras el gaucho, con algo de soga, agonizaba en su propuesta fatua.

Como si 42 años fueran la nada tanguera, este grupo de jugadores (todos los cuales no habían nacido cuando Boca dio su última vuelta olímpica en Primera) hoy disponen de una chance histórica, merecidamente autogestionada y que ya no puede ser fracaso –si es que en algún momento pudo haberlo sido), sea cual fuere el resultado del mano a mano con Chacarita.

LA FIGURA

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Gastón Borda

Lo llaman “grúa”, “bombero”, “salvador”. Borda ganó cada uno de estos apodos ayer y alguno más también. El círculo central casi nunca escapó de la palma de su mano y, cuando le fue posible, no renunció a la posibilidad de jerarquizar la creación del juego.

 

 

 

 

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