HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL Y LUJÁN

Por la senda de la Virgen de Luján

César A. Cáneva fue un devoto de la Virgen de Luján, quien dejó una clara huella de su labor en Azul.  Imagen de Nuestra Señora de Luján, copia fiel de la venerada en su Santuario y Basílica nacional, recibida y bendecida en la Iglesia Catedral el 15 de agosto de 1945. La imagen de la Virgen de Luján que trajera el joven Cura Párroco, César Cáneva, al arribar a Azul, hoy es la férrea y dulce custodia de su sepulcro.
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Imagen de Nuestra Señora de Luján, copia fiel de la venerada en su Santuario y Basílica nacional, recibida y bendecida en la Iglesia Catedral el 15 de agosto de 1945.

Por Luis Sola y Eduardo Agüero Mielhuerry

CAPÍTULO III:

César Antonio Cáneva nació en Carlazzo, Italia, el 27 de Marzo de 1874. Sus padres fueron María Castelli y Pedro Cáneva. Tuvo dos hermanas: Inocencia y Margarita.

Tras la muerte de su madre, dejaron atrás el pueblo natal para radicarse algún tiempo en París. Finalmente el destino fue la Argentina.

Pedro y sus hijos se instalaron en San Nicolás, en la casa de su cuñado Antonio Castelli. Casi de inmediato César comenzó a trabajar como mandadero en un almacén de ramos generales.

En el Hospital “San Felipe”, conoció al capellán de dicho instituto, don David Cánepa, a quien frecuentó asiduamente, entablando una estrecha amistad, siendo él uno de sus principales conductores en el camino de la Fe.

Inició sus estudios y al despertarse su férrea vocación religiosa, ingresó al Seminario de Buenos Aires. Más tarde, fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1901 en la iglesia de San Ponciano, de La Plata. El día de Navidad celebró su primera Misa en dicho templo.

La fría tarde del 13 de Julio de 1903, en el Ferrocarril Sud, llegó a nuestra ciudad para hacerse cargo de la parroquia. Todo su capital estaba constituido por una enorme fe y una imagen de la Virgen de Luján que trajo bajo el brazo.

Para ese entonces, en Luján todavía se encaramaba el vetusto santuario erigido por Lezica y Torrezuri, demolido a partir del 28 de abril de 1904 para la construcción de la actual basílica neogótica. También en Azul desde 1900 se había comenzado a construir un nuevo templo, pero con el correr del tiempo la obra se hallaba paralizada. El flamante Sacerdote se topó con tremenda dificultad, y otras de la mano de la Logia Masónica “Estrella del Sud N°25”. Su tarea no fue sencilla…

Fe traducida en obras   —

Carismático y campechano, Cáneva supo ganarse a la comunidad y logró imponerse. Prueba de ello es la inauguración del templo neogótico (actual Catedral), el 7 de octubre de 1906, tan sólo tres años después de su llegada. La Iglesia quedó bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario y San Serapio Mártir como supo ser desde antaño.

Gracias a sus denodados esfuerzos, el joven Sacerdote logró que arribaran a nuestra ciudad un grupo de Hermanas Azules de la Inmaculada de Castres. Ellas, con el impulso irrefrenable del Padre, lograron inaugurar el 15 de marzo de 1908 el Colegio de la Inmaculada Concepción. La misma congregación de monjas fundará en 1964 un colegio homónimo en la localidad de Jáuregui, partido de Luján.

Corría el año 1911 cuando una epidemia de viruela flageló a Villa Fidelidad, -donde años atrás el padre Salvaire había predicado a la tribu de Cipriano Catriel en el pago del Azul-. Junto a la abnegación y el sacrificio del Dr. Ángel Pintos, el Padre Cáneva recorría cotidianamente la zona, socorriendo a los desamparados hermanos indígenas. La epidemia cesó después de un mes, con un saldo de 57 víctimas fatales.

De aquél entonces se afirma que Cáneva adquirió la costumbre de fumar toscanos que el Dr. Pintos le había recomendado para evitar el contagio.

Merced a los esfuerzos de Cáneva y a los de la Comisión Directiva de la “Pía Unión de San Antonio”, el 1 de octubre de 1911 se inauguró el “Asilo San Antonio” para varones. Por entonces presidia la Comisión doña María Gómez de Enciso. Algún tiempo después, gracias a la contribución de la señora Rufina de Martínez Berdes, el 5 de noviembre de 1916 se inauguró la iglesia de “San Antonio”.

El 16 de julio de 1926, se procedió a la bendición y colocación de la piedra fundamental de la Capilla Nuestra Señora Del Carmen. De la mano de Cáneva también nacieron en Azul el Asilo de Ancianos (1924) y el Hogar Buen Pastor (1932). El primero contó durante muchos años con la paciente conducción de Ernestina Darhanpé de Malére y el segundo fue fruto de la labor, entre otros, de Monseñor Santiago A. Rava.

En la década del ’30 ocurren numerosos hechos religiosos significativos para Argentina y en especial para nuestras ciudades. Tras ser creada la Diócesis de Azul en 1933; la iglesia argentina presentó a la Santa Sede los futuros prelados, para ocupar varios obispados vacantes. Entre ellos se cuenta a Monseñor Juan Chimento, para el obispado de Mercedes, -actualmente Luján-Mercedes-, y al Presbítero César A. Cáneva, para el obispado de Azul.

El 15 de octubre, durante el XXXII Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, el Legado Pontificio Cardenal Eugenio Pacelli, -que luego será Papa Pío XII-, visita el Santuario de Nuestra Señora de Luján, patrona del encuentro eclesiástico.

Principiando febrero del año siguiente, los nuevos prelados aprobados por el Vaticano prestan juramento en la Casa Rosada. Días después, exactamente el 24 del mismo mes, Monseñor Juan Chimento, revestido con los hábitos pontificales, entra en la catedral de Mercedes, culminando su Carta Pastoral a la Virgen de Luján, a la que apellida “La Perla del Plata”.

A su vez, después de haber sido consagrado primer Obispo de Azul, Monseñor Cáneva impartió su bendición a los fieles, al asumir también el 24 de febrero de 1935. De esta manera, su mano laboriosa alcanzó a otras localidades como Ayacucho, Azul, Benito Juárez, Bolívar, General Alvear, General Lamadrid, Laprida, Las Flores, Olavarría, Rauch, Roque Pérez, Saladillo, Tandil y Tapalqué.

En 1937 la comunidad de Azul adhirió al IIº Congreso Eucarístico Nacional, asistiendo en peregrinación el día 10 de octubre al Santuario de Nuestra Señora de Luján.

Hacia los años ’40, Azul mantenía un ritmo interesante de crecimiento. Y esto implicaba la obligación de cubrir las necesidades espirituales de las amplias barriadas que se conformaban. Así surgió la Capilla de San Lorenzo y Santa Rosa. La misma contó con la caridad silenciosa de Josefina M. de Piazza y el respaldo incondicional de Cáneva.

Su último y gran logro en Azul fue el Seminario Diocesano, inaugurado el 15 de marzo de 1945. Dicha obra demandó muchísimo trabajo y recursos, los cuales fueron coordinados incansablemente por Cáneva. En el término de un año, la firma Toscano,  Lattanzi y Barbetti, con la conducción del arquitecto Nicolás Lastra, elevaron un edificio majestuoso e imponente, con todos los adelantos de la época.

Altar de la Virgen de Luján   —

El que conocemos como el Altar de la Virgen de Luján en la Catedral de Azul, fue donado por la señora Francisca I. de Reynoso e inaugurado y bendecido por Monseñor Santiago L. Copello (c.1928).

En el centro, en la parte superior, se encuentra la imagen de San Antonio de Padua, con hábito marrón y aureola dorada, con el Niño Jesús en brazos. En la parte inferior, una pequeña imagen de la Virgen de Luján, con vestido de raso blanco y celeste, totalmente bordado con hilos dorados. A sus pies tuvo una media luna plateada y por detrás lucía la rayera gótica con la frase: “Es la Virgen de Luján la Primera Fundadora de esta Villa”; tanto la media luna como la frase, con el paso de los años fueron sustraídas o tal vez extraviadas.

A la izquierda de este Altar, en una pequeña placa de bronce, se lee: “Esta imagen de Nuestra Señora de Luján, copia fiel de la venerada en su Santuario y Basílica nacional, fue solemnemente recibida y bendecida en esta Iglesia Catedral. Azul – 15-8-1945”.

Luego de una procesión realizada el día 12 de agosto de 1945 y una misa posterior celebrada en el camarín de la Virgen, el 14 de agosto, a las 7 de la mañana, en el frente de la Basílica de Luján, se despidió a una nutrida comitiva. La misma, encabezada por el obispo de Mercedes, monseñor Anunciado Serafini, custodiaba tres fieles reproducciones de la verdadera imagen de la Virgen de Luján destinadas a las catedrales de Azul, Bahía Blanca y Viedma.

El día 15, bajo una lluvia intermitente, llegó a Azul el ómnibus que transportaba las imágenes. En la intersección de las avenidas Mitre y Centenario (actual Av. Cáneva), la Virgen fue colocada en una antigua carreta pintada con los colores patrios tirada por una yunta de bueyes, evocando la antigua leyenda sobre el arribo de la Virgen original a los pagos del Río Luján.

En la oportunidad, Monseñor Serafíni expresó: “…en esta mañana de Agosto, corriendo pampas, llega la imagen de Nuestra Señora de Luján. Con ella y junto a ella, afrontaremos el mañana incierto…”. Por su parte, Cáneva recordó fielmente: “hace 40 años el Obispo me nombró párroco de Azul. Tuve miedo. Fui a una santería, compré una imagen de Luján, me la puse bajo el brazo y con ella llegué a Azul”.

Dicha reproducción fue instalada –donde se encuentra en la actualidad- en el Altar derecho de la Catedral. En ese mismo lugar supo estar la Virgen que el Padre Cáneva había traído la fría tarde de julio que llegó a Azul. La misma fue colocada al día siguiente por el devoto Sacerdote en la Capilla del Seminario Diocesano.

Cuidando el descanso de un hombre santo    —

La fría mañana del 25 de mayo de 1953, con 79 años de edad, el queridísimo “Padrecito” César Antonio Cáneva falleció. Su testamento decía: “Declaro que no tengo herederos forzosos ni descendientes. He nacido pobre y pobre quiero morir. Todo lo que me ha venido de la mano de Dios…ha sido destinado para el culto…Recomiendo a la caridad de los fieles la última obra que he podido realizar: el Seminario Diocesano de Azul, en cuya Iglesia quisiera ser sepultado…”.

Y por esas cosas del destino, aquella Virgen de Luján que acompañó al joven Cura Párroco hasta el Azul como bastión para su Fe, hoy es la férrea y dulce custodia de su sepulcro.

 

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