¿Por qué no denunciaste antes?

OPINIÓN

La malsana costumbre de culpar a las víctimas. Vivimos semanas conmocionadas por la notoriedad de los crímenes contra las mujeres y disidencias sexuales. ¿Qué ocurre con la justicia argentina?.

Escribe Moira Goldenhörn.

Abogada, docente-investigadora

Jueces, juezas, defensores y fiscales son parte de la cultura patriarcal. Absolvieron a los violadores femicidas de Lucía Pérez, quien fue asesinada en la vía pública a plena luz del día, por su ex pareja, y recién salido de la cárcel.

Cecilia Krojoski en Misiones y el hijito mayor de Soledad Marcos de tan sólo 10 años fue asesinado a puñaladas por su padrastro, quien tenía una orden de restricción de acercamiento.

En La Matanza, otro femicida con orden de restricción mató a su ex pareja, María del Carmen Iglesias, delante de sus hijos de 5, 10 y 11 años y uno de ellos dijo a la policía “mi mamá no llegó a apretar el botoncito”.

Llama la atención que, en la escandalosa mayoría de funcionarios/as especializados/as, así como de los/as profesionales del Derecho se manifieste tanta incomprensión de lo que implica la perspectiva de género, que en sí no es más –ni menos- que reconocer la relación de poder en cabeza de los hombres, intimidante, coartante y en muchos casos amenazante, injuriante y lesiva para las mujeres, y de los riesgos graves que esa incomprensión acarrea para las víctimas.

Víctimas secundarias  

Hace años venimos investigando la tesis de las “víctimas secundarias de la violencia de género” respecto de hijos, hijas y otras personas que se vinculan obligadamente con el hombre violento, ya que en casos no aislados podemos observar desde la naturalización del maltrato hacia las mujeres y sus hijes por parte del hombre violento, hasta desenlaces fatales por falta de adecuada respuesta de protección estatal.

Pareciera ser que el concepto de “interés superior del niño/a” no contempla su integridad psíquica, emocional ni física al obligarles a vincularse con la persona que violenta a su madre y a ellos mismos en forma directa en varias ocasiones.

Vientos de cambio   

Afortunadamente, soplan vientos de cambio también sobre el estanco Poder Judicial, ya que por otros fundamentos y en un fallo ejemplar, la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires reconoció, también la semana pasada, la responsabilidad del Estado en el caso Adriana García, cuyos hijitos varón de 4 y niña de 2 años, fueron degollados por su ex pareja, padre de ellos, con quien estaban obligados a mantener un régimen de visitas por orden judicial.

La Corte se expidió dando la razón a la madre de las víctimas fatales reconociendo en el Estado “la incapacidad de apreciar la gravedad del riesgo de la situación en la que se enfrentaba” ella y sus hijos.

En su brillante voto, el Dr. Héctor Negri dijo: “El dictado de una medida de restricción de acercamiento, impedimento de contacto, cese de actos de perturbación, realización de evaluación y/o tratamiento psicoterapéutico o psiquiátrico, son algunas de las diligencias que pudieron adoptarse y que fueron soslayadas”, concluyendo que “los órganos del Estado incurrieron en una falta de servicio, en una actuación deficiente”.

¿Por qué no denunció antes?    

Quizás el derrotero administrativo, policial y judicial de Adriana García, madre del niñito y niñita de 4 y 2 años degollados por su padre en el año 2000, pueda visibilizar una de las múltiples aristas que dan forma al gran “por qué” de una mujer víctima de violencia, que no denuncia “en tiempo y forma”. Otra arista puede ser el fundamento de la llamada “Ley Piazza”, que modificaba los plazos prescriptivos para las denuncias por abuso sexual cuando la víctima hubiera sido menor de edad.

Menor de edad, como era Thelma Fardín al momento de ser violada por Juan Darthés a sus 45 años de edad, en Nicaragua, lejos de su familia, de sus leyes y su grupo de contención.

El caso de Thelma no es aislado, es una realidad cotidiana en todo el mundo. Para darnos una somera idea de lo habitual que es la “falta de denuncia”, contemos que la actriz y dramaturga Zuleika Esnal lleva adelante desde su página de FB “No me calmo nada”, un proyecto llamado “Estoy acá”, en el que invita a sobrevivientes de violencia de género a empoderarse y poder romper el silencio al contar las agresiones sufridas. En su texto “Estoy acá”, recientemente reeditado, narra parte de los miles de testimonios de mujeres latinoamericanas sobrevivientes expresando que, pese a todo eso, “están acá” y pueden contarlo, llenar el silencio y exigir justicia reparadora.

Inquietudes    

¿Qué ocurre en las comisarías cuando se denuncian hechos de violencia?, ¿Por qué dudamos, como profesionales del Derecho, de la probidad en la actuación de la Fiscal en el caso Lucía y no de la legitimidad de las pericias que trascendieron?, ¿Por qué admitimos con naturalidad que hay responsabilidad de las víctimas (y de sus madres) al ser violadas, abusadas o asesinadas?, ¿Cuántos procesos por abandono de persona pesan en las madres de bebés y niños/as asesinados por sus parejas y cuántos procesos por abusos, violaciones y femicidios pesan sobre los autores?, ¿Cuántas condenas?, ¿Cuántas agresiones y femicidios son perpetradas por quienes debían estar alejados de sus víctimas por orden judicial?.

Probablemente en las respuestas a estas y muchas otras preguntas estén las razones por las cuales no se denunció antes, no se denuncia antes y muchas veces, jamás se denuncia.

 

 

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