EN UN JUICIO QUE TERMINÓ AYER

Por un robo en una estancia condenaron a un hombre como “partícipe necesario”

 

Le impusieron una pena de seis años y diez meses de prisión. El hecho materia de este debate ocurrió en enero del año pasado en “La Soñada”. El encausado era el chofer de la propietaria de la estancia y proporcionó datos a sus cómplices para que se llevara a cabo el ilícito.

Un hombre fue condenado ayer a seis años y diez meses de prisión luego de un juicio oral que se hizo en un Tribunal local, al ser considerado a escala penal “partícipe necesario” de un violento robo ocurrido en enero del año pasado en una estancia del Partido de Azul.

Escenario de este debate fue el Tribunal Oral en lo Criminal número 1 y el condenado en esta primera instancia fue identificado por voceros judiciales como Juan Luis Alaniz.

De 41 años, oriundo de la provincia de San Luis y con domicilio hasta marzo del año pasado en Capital Federal, fecha en la cual había sido detenido por el ilícito por el que ayer fue condenado, Alaniz fue considerado por el juez que intervino en el debate partícipe necesario penalmente responsable del delito de robo calificado por su comisión en despoblado y en banda, se mencionó en el fallo.

Joaquín Duba, actual vicepresidente del TOC 1 local, intervino en forma unipersonal en el juicio que se tradujo en esta condena de primera instancia para el encausado.

En ese proceso judicial quedó demostrado que Alaniz era el chofer de la propietaria del establecimiento rural y que fue el encargado de suministrar la información necesaria a los autores, los cuales nunca fueron detenidos, para que se llevara a cabo el hecho.

Laura Margaretic, fiscal a cargo de la UFI 2 departamental que instruyó la causa penal por el robo, fue también la funcionaria judicial que representó al Ministerio Público en el debate.

Las partes en el juicio se completaron con las participaciones de los abogados Luciano Tumini, Julio César Vélez y Agustina Lomolino. El primero de ellos representó como defensor Particular a Alaniz. Y los otros penalistas mencionados se desempeñaron en el proceso bajo la figura del Particular Damnificado, en este caso en nombre de la propietaria de la estancia.

Esa mujer se había convertido en una de las víctimas de este robo agravado, al igual que sucedió con una empleada suya, el encargado del establecimiento rural y su esposa.

A mano armada

El 9 de enero del año pasado se produjo el hecho por el que ayer Alaniz fue condenado.

Aquel día, cuando era alrededor de la hora 21, “al menos tres personas de sexo masculino, conforme un plan de tareas previamente pergeñado y con clara distribución de tareas, irrumpieron en la estancia ‘La Soñada’”, escribió el juez Duba en el fallo al referirse a la existencia material del ilícito.

Ese establecimiento rural está ubicado en jurisdicción del Partido de Azul, a la altura del kilómetro 343 de la Ruta Nacional número 3.

El encargado de la estancia, un hombre llamado Ricardo Alberto Randazzo, fue el primero en convertirse en víctima de aquel violento asalto.

En el ingreso al casco de la estancia, cuando llegaba ese día en un automóvil Volvo, dos de los delincuentes lo “abordaron” y, “tras intimidarlo con armas de fuego que ambos portaban, lo obligaron a ingresar a la morada”.

En el interior de la casa, con las armas de fuego que portaban, ambos sujetos intimidaron también a la esposa del encargado -una mujer llamada María Noemí Beloqui-, “a quien encerraron en el vestidor; a Raquel Brisniku, propietaria de la estancia, a quien la dejaron sentada, y a la empleada de ésta última, Gladys Florez Ramírez”.

Ramírez y Randazzo fueron atados de pies y manos por los autores del robo, quienes después se apoderaron de “una importante suma de dinero en efectivo en moneda nacional y en moneda extranjera propiedad de Brisniku, Flores Ramírez y Randazzo, alhajas varias, armas de fuego, adornos, utensilios y otros elementos que se hallaban en la morada”.

Para huir, los delincuentes utilizaron el Volvo en el que circulaba el encargado aquella noche en la que fue atacado ni bien llegó al establecimiento rural.

En ese automóvil llegaron hasta la tranquera de la estancia, el lugar “donde los esperaba al menos el tercer sujeto de sexo masculino, quien controlaba los movimientos y alertaba sobre posibles peligros, con el cual se alejaron del lugar con el producto del ilícito”, señaló el juez Duba en el fallo.

El mismo día de ocurrido el hecho, horas antes Alaniz “condujo hasta el lugar a la víctima desde la ciudad autónoma de Buenos Aires, para luego hacerse llevar por Randazzo hasta la terminal de ómnibus de Azul, momento en que éste sujeto dio alerta para iniciar la empresa criminal, permaneciendo en la ciudad, de acuerdo a un plan previamente pergeñado”, sostuvo también el juez.

La investigación iniciada por lo sucedido, en la que participaron efectivos de la DDI Azul, se convirtió en un elemento vital para considerar al encausado como un “partícipe necesario” en el hecho.

En ese contexto, fueron pruebas fundamentales en el debate para su condena el entrecruzamiento de diferentes llamados que Alaniz hizo desde su teléfono celular con sus cómplices y quienes llevaron a cabo el robo.

El dato

Como agravantes a la condena que le impuso al imputado, el juez consideró “la nocturnidad” y “la extensión del daño material causado”.

UN APORTE ESENCIAL 

El hombre condenado ayer había sido detenido en marzo del año pasado.
ARCHIVO/EL TIEMPO
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El hombre condenado ayer había sido detenido en marzo del año pasado. ARCHIVO/EL TIEMPO

En enero del año pasado, en la ciudad de Buenos Aires, el hombre condenado ayer había sido detenido por la Policía. Juan Luis Alaniz fue arrestado durante un allanamiento en un departamento de un edificio del barrio porteño de Palermo, el lugar donde vivía por ese entonces.

En ese procedimiento se incautaron elementos considerados de interés para la investigación por el robo en “La Soñada”, como por ejemplo dos teléfonos celulares. También, un trozo compacto de cocaína que al parecer tenía para la venta.

Un policía declaró en el debate que los delincuentes habían estado un día antes en Azul para -como comúnmente se dice- “marcar” la estancia donde luego cometieron el robo, algo que quedó demostrado a través de las comunicaciones entabladas entre ellos y Alaniz, que para ese tiempo utilizaba dos teléfonos celulares.

Una de las víctimas contó en el juicio que al momento de ocurrido el robo en la estancia el hombre condenado ayer hacía aproximadamente cuatro años que era el chofer de la propietaria del establecimiento rural.

Ese mismo testigo señaló que Brisniku “tenía confianza en Alaniz”, por lo que la mujer “siempre viajaba con dinero” y ambos hablaban “como si fueran de la familia”.

Para el juez que lo terminó condenando, Alaniz fue quien otorgó “los datos necesarios y precisos para que los tres autores materiales del suceso -junto a él- planificaran, coordinaran y arribaran con éxito al establecimiento rural propiedad de Raquel Brisniku”.

Cuando aquel día llegó hasta la estancia, inmediatamente a Alaniz se lo vio nervioso, contaron testigos en el debate. Y regresó a Azul enseguida, con intenciones de volver a Buenos Aires, para lo cual fue trasladado por el encargado del campo en el mismo auto que él había conducido horas antes hasta “La Soñada”.

Si bien en principio había dicho que iba a tomar un micro en la Terminal, esa noche se quedó en la ciudad y difundió a través de Facebook diferentes cosas que hizo -ir a cenar a un restaurante, por ejemplo-, en una clara actitud que apuntaba a que lo desligaran de ese robo por el que ayer fue condenado.

“La esencialidad en el aporte que tuvo el imputado Alaniz, previo al hecho, durante los momentos casi concomitantes con su inicio y luego del mismo, determina su participación como cómplice primario del evento”, sostuvo el juez Duba en el fallo.

 

 

 

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