TERCERA POSICIÓN

Que la verdad triunfe sobre la mentira

Cada vez con mayor asiduidad la prensa en general intenta cumplir el rol de pensar por el ciudadano votante, ante la complaciente pasividad de este, que al parecer se siente más cómodo que otro –por caso los medios- reflexione por él, y que a su vez asuma como pensamiento propio lo oído, visto (en más de los casos material editado) o escrito.

Especialmente se da esto cuando el receptor del mensaje está ausente del lugar de los hechos. Incluso a veces también del comunicador opinante, infinitamente más grave aún por su rol de formador de opinión.

Esto puede llevar a que la masa poblacional sea inducida muchas veces a pensamientos direccionados políticamente, cuyo resultado final puede terminar en un razonamiento incorrecto.

¿Se puede contrarrestar esto ejerciendo la capacidad individual de análisis sobre una noticia antes de tomarla como propia?. Claro que si, y se va a sorprender el ciudadano que lo haga las veces que se lo intenta embaucar, ya sea por lo que se expresa o muestra, o viceversa (por lo que no se muestra ni se expresa).

Un caso testigo es el recital del Indio Solari el pasado 11 de marzo en Olavarría. La realidad –cruda y dolorosa- dice que hubo dos muertos al finalizar el recital. Si es que importa, no fueron por aplastamiento según las autopsias, pero sí pudieron haber sido producto de distintos factores que el mismo recital encierra y bien podrían llevar al colapso a una persona (alcohol, drogas).

Después, de quien es la responsabilidad de estas muertes las deberá dilucidar la Justicia y no los medios. Llámense como se llamen: el intendente, los organizadores, la provincia, el propio Indio, o todos según les toque. Y aunque imposible de ser penados, también tienen su cuota de culpabilidad aquellos que concurren a un recital sin entrada, pues contribuyen a la desorganización, además de burlarse olímpicamente (esta vez) de sus pares ricoteros que tuvieron la previsibilidad de sacar la entrada. Pues precisamente la cantidad de entradas puestas a la venta y adquiridas, es el mejor control para una mejor organización. En este caso, y en cualquier otro que reúna a tan considerable cantidad de público.

Pero en el entretanto la política “mete la cola”, de todos los colores (partidarios). Y aunque quizás inconscientemente llevados por su ansia de dar primicias, quien también entra a jugar un rol preponderante es la prensa, la que por lo general se sitúa en posición de “fiscal y juez de primera instancia”. E incluso, vaya a saberse por qué, en oportunidades llega a inventar hechos, por caso la agencia oficial de noticias dando a conocer una cantidad de muertos mentirosa, que solo lleva al peldaño de la angustia a quienes esperan el regreso al hogar de sus seres queridos.

Si el intendente es de tal o cual partido, ¿interesa a la hora de buscar esclarecer los hechos?. No, o al menos no debería. La respuesta es contraria si lo que se busca es sacar rastrero rédito político. Para cualquier lado. No es la primera vez –ni lamentablemente al parecer será la última- que algunos políticos  apliquen aquello de que “el fin justifica los medios”.

Todos hemos visto el despliegue comunicacional que llovido desde la urbe capitalina cayó sobre Olavarría. Se pasó de los especializados en rock (hasta el sábado) a los habituales movileros (desde el domingo a la mañana en adelante) que diariamente patean las calles de la gran  ciudad en busca de noticias impactantes. Durante dos intensos días una catarata de opiniones (que incluyen a muchos opinólogos) martilló nuestras cabezas. Nos decían que la culpa es de tal o cual. A su vez, unánimemente frasean que “todos sabíamos lo que iba a pasar”, sin darse cuenta que se están auto culpando como corresponsables de lo sucedido.

Desbordes, excesivo consumo de alcohol, alguna pasta base dando vueltas, avalanchas, corridas, hurtos, descontrol, etc. se ve en cuanto acto masivo se realice, sin importar si es deportivo, cultural o político. ¿Debemos conformarnos con que siempre sea así?. Absolutamente no. En el caso que nos ocupa, pretender cargar las tintas sobre el cantante por todo esto, hasta afirmar que no debe realizar más recitales de este tipo, parece como mucho. Se acerca más a la hipocresía que a la realidad. Porque si vamos a extremos, si el Indio no tiene que cantar más, tampoco debería haber más fútbol (o al menos River Vs. Boca) desde 1968 cuando el hecho de la fatídica puerta 12 del Monumental dejara decenas de muertos, ni más fiestas electrónicas si se evalúan los cinco muertos de Puerto Madero hace algunos meses. Y así se puede seguir con la lista. Un despropósito.

El fútbol prohibió la hinchada visitante, pero esta va igual y las peleas –y muertes- se dan afuera de los estadios. Incluso muchas veces las disputas son entre distintas fracciones de un mismo club. ¿Se intenta buscar otra solución?. No.

Los casi doscientos muertos de Cromañón nos enseñó poco y nada. Apenas que las puertas de los boliches se abran para afuera, pero de lo que pasa adentro de locales bien gracias.

Es cierto que las fiestas privadas son responsabilidad de quien las organiza, pero no es menos real que lo que sucede dentro de ellas no debe ser ignorado por el Estado, que sí tiene la potestad de interrumpir en cualquier lugar orden judicial mediante, a los efectos de corroborar si se cumple con ordenanzas o leyes establecidas.

¿Quién protege los derechos y la integridad del ciudadano antes, durante y después de cualquier acontecimiento masivo, sea público o privado?, incluidos controles ruteros. ¿Gran nebulosa legal o gran lavada de manos de los actores intervinientes?. Mientras tanto el país se sigue llenando de muertos por irresponsabilidad de alguien o algunos. Esta vez le tocó a Olavarría.

El martes último por la noche, y ya con el insólito rastrillaje dispuesto por la provincia dos días después del recital en busca de cadáveres en medio del campo, con final “positivo” por ausencia de cuerpos, los móviles periodísticos emprendían el regreso a sus bases no sin los trofeos más importantes: la cabeza política del intendente del lugar y la defunción como cantante del Indio, antes de lo que finalmente dictamine la Justicia.

No se puede soslayar la presencia –tardía pues llegó el lunes a Olavarría- del Ministro de Seguridad provincial, quien no escatimó frases para sepultar políticamente al jefe comunal en pos de salvar su propia ropa (o la de su jefa política), al adjudicarle la mayor responsabilidad ante lo sucedido.

¿Alguien duda de que si el Indio Solari decide volver a cantar no volverá a concentrar a sus seguidores en igual o quizás mayor cantidad que en Olavarría?. Entonces, ¿la solución es prohibir o trabajar para mejorar los espectáculos?. Por otro lado, tenga cuidado el ciudadano de a píe, pues a la hora de recibir información “no todo lo que brilla es oro”.

“Que la verdad triunfe sobre la mentira”, dijeron las Abuelas de Plaza de Mayo ante lo acontecido en la vecina ciudad. Dios les otorgue la razón.

 

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