Quién soy?

Por Mariana Azcona

Lic. en Psicología egresada de la UBA. Especializada en Clínica Familiar Sistémica.
MP. 35387 – marianaazcona45@gmail.com

Donde quedo aquella chica alegre, que se divertía con cualquier cosa, siempre dispuesta a la aventura?

Que fue de aquella mujer activa, informada y culta, que estaba al tanto de los últimos estrenos y de los acuerdos políticos internacionales?

No era yo alguien que salía a la calle sólo de tacones y con el pelo impecable?

Ya no sé ni quien soy, mi identidad fue barrida tras noches sin dormir y planes postergados.

Cuando llego a la esquina me miro para asegurarme que estoy vestida y sin pantuflas.

Antes de ser madres, muchas mujeres se imaginaron cómo querían ser y lo que no querían en sus familias, en sus hijos y en la crianza. “Mi hijo nunca va a hacer esas cosas”, “yo no voy a permitir que mi hija me hable así”, “son los hijos los que se tienen que adaptar a la vida de los padres!”etc, etc, etc.

Veían a otras madres y se proyectaban en ellas, me gustaría ser como ella o ni loca soy como aquella.

Recordaban su propia crianza y aseguraban que jamás iban a repetir lo que con ellas hicieron sus madres.

Cuando finalmente llega el momento de criar, las certezas se diluyen, las preguntas aparecen de la mano de las inseguridades y la regresión más fuerte hacia aquello que pensábamos que jamás volveríamos a encontrarnos de nuestra personalidad nos traslada, como por un túnel del tiempo, a terrenos inciertos.

Las experiencias fuertes de la vida nos impactan y respondemos con lo más seguro, los más conocido, lo arcaico. Este mecanismo es regresivo pero no es estático ni irreversible.

Por otro lado, aparecen en este momento de maternar, nuevas reacciones y facetas de nuestra personalidad antes desconocida y muy alejada de aquello que nos habíamos imaginado, la bronca, tristeza, desilusión, soledad, culpa, se apropian de nosotras sin pedir permiso.

La maternidad llega como una ola para revolcarnos unos metros por la orilla. Es una nueva temporada de nuestra propia serie, imposible de entender sin los primeros capítulos, aquellos en los que se constituyó nuestra identidad. Somos todas y cada una.

Cuando pretendemos que nada cambie en nuestro estilo de vida,  nos llenamos de frustración y de mal humor al comprobar una y otra vez que no podemos con todo.

Es importante aceptar que es una etapa, que los hijos crecen, que nuestro cuerpo y nuestro tiempo vuelven  a pertenecernos poco a poco, la aceptación nos ayuda a disfrutar de esta etapa aunque sea dura y cansadora.

Aunque parezca mentira, vamos a volver a tener nuestro tiempo para viajar, para hacer gimnasia, estudiar, trabajar y leer.

 

 

 

 

 

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