SEMIFINALES DEL TORNEO APERTURA 

Quizá se hayan guardado lo bueno para la revancha 

Piazza y Athletic no pudieron sintonizar con ciertas expectativas generadas sobre este partido a partir del potencial de ambos y empataron 0 a 0, ayer en el Félix Piazza.

José Matos atenaza la pelota ante la custodia de Herrera. En el Lorenzo Palacios quedará definido uno de los finalistas del Apertura.Ese redondo objeto de deseo. Piazza y Athletic disputaron la ida de semifinales y no salieron del cero en el marcador.
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Ese redondo objeto de deseo. Piazza y Athletic disputaron la ida de semifinales y no salieron del cero en el marcador. FOTOS NACHO CORREA

Quedará por ver si fue la marquesina para el partido equivocado o el partido acertado para la marquesina errada. Pero lo que es seguro es que no coincidieron, no comulgaron las ilusiones y las presunciones con lo actuado en el campo de juego. Los jugadores afrontaron dos condicionantes nada despreciables ayer: el mal estado del piso y el fuerte viento que cruzaba desde la avenida hacia la Prat. Gravitaron ambos, pero no pueden ser los exclusivos culpables del mediocre partido.

Fueron pocas las veces que pudieron llegar a una instancia superior a la de presionar y disuadir, sobrepasar la fase de protección y alejamiento del peligro. En un desarrollo donde fracasaron las estructuras colectivas en pos de gravitación ofensiva, las individualidades no afloraron al punto de incidir en el tanteador. De los dos Piazza lo propuso más, pero estamos ante un empate que no termina de defraudar las apetencias de ninguno.

El tramo inicial tuvo en Athletic al mejor de los dos. Compacto, adentrado en la mitad local y con una estratégica triangulación entre Lapalma, Burgos y Brienzo a la espalda de Bedoya, la visita generaba con mayor calidad e impacientaba a un rival que debió improvisar a punto de dejar el vestuario, merced a la lesión de Gómez en la entrada en calor. Ingresó Castro como volante por derecha, debiéndose relegar Esteban Valdez a la saga junto a Iztueta.

Ya pasada el cuarto de hora, Castro comenzó a ser el que amalgamaba con los delanteros, edificando el juego por la borda diestra. Era efectiva la alternativa del volante, pero de tan reiterada tornábase previsible. Al compás iba haciendo pie Bedoya, no tanto como pasador (pues no mostró la precisión de siempre) sino más bien como resistencia a esa supremacía fidelina en la zona. En consecuencia, Rodríguez comenzó a quedar cada vez más aislado en ofensiva –de la que no saldría en el resto del partido– y la línea de tres (Brienzo, Burgos y Borda) por delante del doble cinco perdió maduración en la gestación y debió debilitarse para fortalecer la marcación. De esa manera, Athletic empezó a recurrir a las pelotas largas, más aliviadoras que productivas.

Pero también Piazza lanzaba en demasía, al igual que su oponente, pelotas mayoritariamente cruzadas desde la mitad de cancha, facilitando la resolución frontal de sendas defensas. Ambos carecían de la injerencia de jugadores internos (Burgos y Sánchez).

La preponderancia la sostenía el villero, sin avasallamientos pero con la intensión de que todo dependa lo más posible de sus acciones. No obstante, le costaba horrores claridad en las cesiones profundas con las que hallar a los delanteros. Castro y Pouyannes representaban buenos funcionamientos por los costados, pero no disponían del contexto ideal para usufructuar distracciones (Giménez era de los laterales el único con licencia para el ataque) o intentar el ascenso en diagonal.

Tuvimos en el albor del complemento una suerte de leve mejoría, la tesitura del cotejo recrudeció cierta esencia de lo que había ofrecido cuando la disputa comenzó. Esgrimieron los dos métodos más efectivos y con mayores implicancias colectivas para tratar de vulnerarse. De nuevo, algunos efímeros encuentros en pequeños espacios, sin que importase tanto el sólo hecho de distraer el balón de botín a botín, sino el de producir espacios y desequilibrar el ajuste a la marcación de su oponente. Pero qué poquito que duró…

La tesitura general de la etapa estuvo alimentada por interrupciones constantes, el crecimiento de la cantidad de infracciones y de una utilización del esférico que apetecía mucho más generar una segunda jugada y tener ganancia de esa circunstancia.

Más involucrado Sánchez  y liberado Giménez, su propia inercia le daba a Piazza el mango de la sartén. En respuesta, Athletic –firme en defensa, destacándose Herrera– le seguía jugando balones largos al solitario Rodríguez, muy bien absorbido por el fondo local. Para el 9, esa dinámica para conectarlo terminó siendo un suplicio.

Con el ingreso de Tuminaro por Castro, Hourcade practicó una atendible movilidad en las ubicaciones: el ex Vélez se acopló a Valdez y a Parodi en ofensiva, Pouyannes pasó al costado diestro del mediocampo, en tanto que Sánchez se estableció en el sector opuesto de esta línea. En la estrellita, el cambio que introdujo Ivanoff tuvo motivaciones más preocupantes: la lesión de Brienzo en una de sus rodillas, reemplazado por Aliz.

Una de las sensaciones ante el desarrollo era la de interpretarlo como un partido que sólo hallaría modificaciones en el marcador a través de una acción individual o un gran accidente; realmente era complejo vislumbrar un gol como producto de lo colectivo. Otro factor de extrañeza en el Félix Piazza, fue la falta de acierto en el emblemático primer pase que compartieron Bedoya y Lapalma. Esta vez no fueron decisivos marcando el rumbo de sus equipos y se los vio peloteando demasiado, sin rumbo, como si las urgencias pesaran tantísimo más que el criterio que habitualmente hacen gala. En parte, esto también explica ciertos momentos del cotejo.

Cuando se dispute la revancha (podría no ser el domingo dado que es el Día del Padre y la policía suele negar los operativos de cancha), en el Lorenzo Palacios estos antecedentes pesarán más bien poco. Esta es una historia que se tiene que volver a contar.

LA FIGURA   

José Herrera

En términos generales, ambas defensas cumplieron con su rol fundamental. Y en términos particulares, Herrera resultó ser el mejor defensor del partido. José se complementó bien con Di Cataldo para revertir el juego aéreo y, como es su costumbre, supo acoplarse al doble 5 y tratar de ofrecerse como gestor.

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