QUINTA Y ÚLTIMA PARTE

Recuerdos del “Camino Viejo a Tandil”

RAÚL SANTIAGO GALLARDO
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RAÚL SANTIAGO GALLARDO

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

Los vecinos del “Camino a Tandil” tenían los más diversos orígenes, desde aquellos acaudalados estancieros hasta los peones o campesinos más humildes, los cuales se hallaban unidos por el amor a la tierra, esperanzados en el progreso. Vecinos de aquí y de allá, hasta inmigrantes italianos como Santo Güercilena, escapado de los horrores de la guerra en su tierra natal, que amó como pocos la bandera celeste y blanca que le dio una nueva oportunidad para él y su familia.

El Doctor…    

Uno de los tantos transeúntes que iba y venía por el Camino era el doctor Alfredo Ferro. Nacido en 1901, siendo profesor de Ciencias Biológicas llegó a nuestra ciudad con apenas 24 años de edad a ejercer la medicina en la especialidad de cirugía. Era profesor de Ciencias Biológicas y médico. Amante de las costumbres rurales, compró la estancia “La Juanita” (fundada por Francisco Mujica), ubicada a unos cinco kilómetros de la ciudad, sobre el Camino a Tandil, a la que rebautizó como “El Estribo”.

Dicha estancia se convirtió en “su lugar en el mundo”. La visita de hermanos, familiares y numerosos amigos eran constantes en “El Estribo”, donde Alfredo atesoraba ricas e interesantes colecciones criollas, cultivando una peculiar biblioteca, sin descuidar nunca su profesión a la que abrazó con pasión.

Al ver a tantos pacientes que en plena juventud eran llevados al Hospital Municipal padeciendo un quiste hidatídico en el hígado, riñón o pulmón, surgió en él la irrefrenable curiosidad de comprender dicha enfermedad para combatirla. Desde entonces se afirmó decididamente su vocación y resolvió dedicarse al estudio de la equinococosis.

Su espíritu inquieto, su curiosidad científica lo llevaron a atender y operar a varios enfermos. Al interrogarlos sobre su lugar de trabajo, se dirigió a diversos campos y observó cómo se faenaban caseramente los animales de consumo y cómo, en ese proceso con pocos cuidados higiénicos, se infectaba a los perros.

Asimismo, dedicó sucesivas jornadas a estudiar y examinar el trabajo en los galpones del Matadero Municipal. Con completos estudios viajó a la ciudad de Buenos Aires donde visitó a diversos médicos pioneros. Finalmente, en 1934, fruto de sus estudios, presentó una extensa y detallada publicación en la que presentó documentados más de trescientos casos de hidatidosis humana en el Partido de Azul.

Cuatro años más tarde realizó varios viajes de estudio y comprobó que la equinococosis había podido ser erradicada gracias al cumplimiento estricto de disposiciones que obligaban a reducir el número de perros, desparasitarlos y prohibir la matanza clandestina de ganado de consumo.

Con la experiencia recogida en su viaje, que complementó el conocimiento de las necesidades sanitarias de nuestro medio rural, Ferro fundó en nuestra ciudad el “Instituto de Hidatidología”, iniciando una ardua lucha en toda la provincia contra la enfermedad. Y fue también el impulsor del “Centro Panamericano de Zoonosis”, cuya chacra experimental se hallaba sobre el Camino a Tandil.

De “Las Acacias” a “Los Triones” 

Tras la muerte de Francisco Mujica, sus herederos se repartieron “La Juanita”. El matrimonio conformado por Mariquita Mujica y Miguel Etchepare, fundó la estancia “Las Acacias” en 1893, en el Camino a Tandil.

A las tierras heredadas, Miguel anexó algunos campos linderos en arrendamiento, llegando en 1906 a tener bajo su propiedad una estancia importante  y bien instalada. La extensión de campo se elevaba a 1.360 hectáreas de propiedad y 3.400 arrendadas a varios propietarios, subdividido el total en 24 potreros. Los ramos que el establecimiento explotaba con provechosos resultados, comprendían la ganadería, agricultura, invernada y lechería, constituyendo su especialidad la ganadería. Basta con mencionar que poseía solamente cultivadas con maíz y avena unas 600 hectáreas y 30 más con alfalfares.

El casco principal estaba constituido por una modesta pero linda casa habitación en forma de chalet, que estaba rodeada de floridos jardines y montes frutales, los cuales le daban un marco agradable. Poseía, asimismo, un galpón de material que servía de depósito general, casa para peones y diversas dependencias, cochera, caballeriza, etc.

Durante 30 años consecutivos, trabajó con fibra y entusiasmo. Fue uno de los vecinos antiguos del Azul y justamente estimado. Asimismo, las sociedades “Española” y “Vasca” lo contaban entre sus miembros caracterizados.

Cuando Juan José Mujica (sobrino político de Miguel), rondaba los 25 años de edad se sumó como colaborador del establecimiento, contribuyendo fielmente al progreso familiar. Más tarde Juan José se convertiría en Intendente del Partido de Azul.

Cuando fallecieron Juan José (1927) y Miguel (1937) -los principales impulsores de tan magnánimo proyecto-, “Las Acacias” fue vendida a José Arrastúa; luego a Gabriel Boubée y finalmente al doctor Enrique Squirru.

Las antiguas instalaciones fueron demolidas y en su lugar se construyó una casa tipo chalet vasco para el descanso del fin de semana y la época estival, pues la estancia se fraccionó radicalmente. El parque lo diseñó y plantó don Ángel Salas, amigo del Dr. Squirru y por entonces director del Parque Municipal. Squirru le dio un nuevo nombre a la estancia, bautizándola “Don Enrique” en memoria de su padre.

En 1947 el campo fue vendido a Linsay Holway quien volvió a rebautizarlo como “Los Triones”, revitalizándolo en su funcionamiento y realizando importantes reformas en el chalet, dotándolo de mucha más comodidad, anexándole además algunas fracciones de campo para aumentar su productividad.

Dentro del numeroso personal de dicha estancia, constituido por algunas familias, trabajaba el matrimonio Orofino-Provasi (Antonio y Rosa), cuyo hijo Juan también heredaría la pasión por el campo y sería peón y encargado de otras estancias.

Hoy “Los Triones” tiene otros dueños y otros transitan sus huellas…

Caminante, hay un camino…    

El Camino que une a Azul con Tandil ya no se transita con la frecuencia de otros tiempos. Se volvió “Viejo” y aunque las actividades a su alrededor se van renovando, los montes añosos parecen detenidos en el tiempo, contando glorias pasadas, recuerdos, risas y amores…

“Caminante, son tus huellas el camino y nada más. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás…” se ven estos “Recuerdos del ‘Camino Viejo a Tandil’”

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Dedicado a la memoria de mis abuelos Domingo Mielhuerry y María Ángela Graziano de Mielhuerry y a todos los queridos vecinos del “Camino Viejo a Tandil”.

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AGRADECIMIENTOS Y FUENTES

 – Muchas gracias a Miguel “Coco” Boloqui y Amelia Edith Mielhuerry por los recuerdos revividos.

– Muchas gracias a Raúl Santiago Gallardo por las ilustraciones de cada capítulo.

– Yuyú Guzmán. “Estancias de Azul”. (1995). 2° Edición. Biblos. Azul.  

– Augusto Rocca. “Historia de la arquitectura de Azul”. (2014). Editorial Azul.

Alberto Sarramone. “Historia del antiguo pago del Azul”. (1997). Biblos. Azul.

 

 

 

 

 

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