Respecto a la jornada sobre adicciones del viernes pasado

Sr. Director:

Cada tanto surge en nuestra sociedad la discusión de si Argentina es un país de tránsito o de consumo de drogas.

Ante esta cuestión, proponemos la siguiente pregunta: las políticas públicas en adicciones en Argentina, ¿son estables, o son de tránsito?

En un año de elecciones es prioritario pensar que es necesario trabajar sobre programas estables, independientemente del gobierno de turno, y funcionales a la comunidad que son quienes padecen este flagelo. El consumo de drogas es claramente una realidad anclada en nuestra sociedad. No es un problema de paso. Y necesita respuestas claras, articuladas y permanentes.

La articulación necesaria no debe pensarse solo en el plano de lo público, sino también abriendo la participación a Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) especializadas que vienen trabajando hace décadas en este campo, como así también a otras que, por su propio desempeño social, responden a los desafíos que plantea el consumo de drogas.

Una política sobre drogas y sobre adicciones tiene que sostenerse en el tiempo y responder al nuevo paradigma en drogadependencia.

Algunos aspectos que consideramos necesarios fortalecer de este modelo son:

– Los consumos problemáticos se deben enfocar desde la “salud pública”, integrada por la salud física, la salud mental, y la salud social. De esta manera, se trabaja sobre toda sustancia susceptible de generar dependencia, independientemente de su status legal, y se considera imprescindible abordar desde la atención primaria en salud el consumo de alcohol y otras drogas.

– La tenencia de drogas para uso personal no convierte al consumidor en un “pequeño narcotraficante”, por lo que se debe priorizar el abordaje educativo-sanitario por sobre el punitivo. No criminalizar a los consumidores en situación de enfermedad de adicción, significa operar legalmente con jueces de familia con obligatoriedad de rehabilitación.

– Es preciso poner más atención a la salud pública, la prevención, el tratamiento y la atención médica, así como a las estrategias económicas, sociales y culturales.

– En el ámbito educativo es necesario la implementación de herramientas que favorezcan el incremento de las habilidades sociales y emocionales de niños y jóvenes (como la perseverancia, la autoestima, la identidad, la sociabilidad y la responsabilidad).

– Debemos abordar la cuestión del vínculo entre las drogas ilícitas, la violencia y la corrupción. Un enfoque equilibrado supone el reconocimiento de la estrecha relación que existe entre los  traficantes de drogas y las redes delictivas involucradas en el contrabando de armas de fuego, los secuestros, la trata de personas y otros delitos.

– Desarmar con convicción la venta al menudeo. Los vecinos saben y mayormente informan donde se realiza. Dificultar y evitar su accionar (atacar el pronto enriquecimiento que produce).

– En paralelo, el liderazgo político debe incorporar gente honesta e idónea, con verdadero interés por las personas, que conduzca un proceso de transformación en base a principios y valores comprometidos con la vida (desde el momento de su concepción),  la verdad, la justicia y el bienestar del pueblo. Y estar a la altura de las circunstancias, dispuesta a pagar el precio del cambio social.

Por todo esto apelamos al gobierno, los medios de información y a la comunidad en general para que hagamos todo lo posible por crear conciencia del daño que causan las drogas y para ayudar a impedir que haya personas que se benefician de su uso.

Si no hablamos en serio, y trabajamos en consecuencia, todo se convierte en hipocresía y búsqueda de cambiar algo, para que nada cambie.

Y para cambiar nuestra manera de vivir, es necesario primeramente cambiar nuestra manera de pensar, aunque esto implique muchas veces ir en contra de lo que nos hemos acostumbrado a tolerar socialmente.

Integrantes de la ONG Sukáh

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