PANORAMA LABORAL

Reunión en sepia, pero con el color de los tiempos actuales

El 22 de agosto se concretará una nueva unidad del gremialismo Pero no será, sin dudas, el renunciamiento del sindicalismo a sus demandas constantes e idénticas a las de hace tantos años, la mayoría de las cuales tienen que ver con cajas y poder, reclamos que, vale decirlo una vez más, comparten con gran parte de la dirigencia argentina.

Los titulares de las tres CGT, Antonio Caló, Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, junto a otros sindicalistas, en el salón azul del Senado. DYN
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Los titulares de las tres CGT, Antonio Caló, Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, junto a otros sindicalistas, en el salón azul del Senado. DYN

Por Luis Tarullo Agencia DyN

Las CGT peronistas dieron uno de los últimos pasos fundamentales para la unificación, después de los años de división transitados gracias a la voluntad kirchnerista/cristinista.

Claro que para bailar el tango hacen falta dos, entonces el convite tuvo que ser o mutuo o realizado por uno y aceptado por el otro.

Después del romance inicial, que duró hasta un poco más de la salida de Néstor Kirchner de la cúpula institucional argentina, todos saben lo que pasó.

Por una cuestión de “economía procesal”, como dicen los jueces para aludir a lo ya sabido y evitar gasto de energía y de palabras, se puede pegar el salto directamente a lo que ocurrido en las últimas jornadas.

Historia de una foto  

La foto es elocuente (posiblemente impactante para neófitos). Antonio Caló y Luis Barrionuevo en los flancos y Hugo Moyano en el medio, los tres tomándose de las muñecas y con los brazos alzados: la imagen anticipada de la reunificación (salvo, claro, catástrofe o razón de fuerza mayor).

El 22 de agosto, día del renunciamiento de Eva Duarte a la candidatura a vicepresidente de Juan Domingo Perón en 1951 (y también de la Masacre de Trelew), se concretará una nueva (enésima) unidad del gremialismo Pero no será, sin dudas, el renunciamiento del sindicalismo a sus demandas constantes e idénticas a las de hace tantos años, la mayoría de las cuales tienen que ver con cajas y poder, reclamos que, vale decirlo una vez más, comparten con gran parte de la dirigencia argentina.

El último viernes fue el día de ese encuentro, en el que Moyano anunció su despedida de la zona cupular cegetista y, junto con sus colegas, simplificaron al extremo la cuestión diciendo que siempre tuvieron la voluntad de unirse pero que no podían hacerlo porque apoyaban a distintos candidatos.

En realidad, como en todas las otras ocasiones, el motivo de la división no fue el postulante político de su agrado sino los beneficios que cada uno recibía del gobierno de turno.

Algunas cuestiones    

En este caso, Moyano fue socio político de Néstor Kirchner, pero luego Cristina Fernández prefirió la docilidad de Caló. Y Barrionuevo, hábilmente, supo jugar en el terreno que más le convino alternativamente. (Como ahora lo hace con Macri, de la mano de su otro socio histórico, el radical Enrique “Coti” Nosiglia, una de las más hábiles muñecas políticas de la Argentina de los tiempos modernos).

Las críticas escuchadas en el histórico edificio de la CGT a las políticas gubernamentales pueden tranquilamente depositarse en el terreno de las anécdotas. Los aumentos de las tarifas de servicios públicos y el veto a la ley antidespidos fueron excusas para ponerle un poco de pimienta al contexto.

Hay cosas peores y cuasi crónicas en el mundo laboral, como el desempleo (mucho mayor que el cantaban los números del kirchnerismo y una gran incógnita en este gobierno que a seis meses de gestión no puede armar estadísticas) y el patético nivel de trabajo en negro: 4 de cada 10 empleados están en la marginalidad absoluta. Un desquicio en cualquier economía que se pretenda algo, nada más que algo, normal.

Pero lo que los gremialistas siguen reclamando en realidad es el pulmotor para sus organizaciones, que son las obras sociales.

Los sindicalistas vuelven a jugar un juego que saben jugar    

La montaña de plata que les retuvieron los sucesivos gobiernos sigue intacta y, si bien  están recibiendo la devolución de aportes, aún ello se da en cuentagotas.

Una amplia apertura de las esclusas serviría para acallar durante un rato importante cualquier protesta o grito destemplado.

De todas maneras, con el avance de los días, esa cuestión no es la única. El mundo político ya empezó a sumar a sus disquisiciones el turno electoral del año que viene. Sí, parece un delirio, pero es parte de las costumbres argentinas. Todavía nadie terminó de acomodarse en los sillones y ya están pensando cómo quedarse adosados a ellos el mayor tiempo posible. Y los sindicalistas, pese a sus cuitas, vuelven a jugar un juego que saben jugar y que les gusta. Porque, como ha ocurrido en las últimas décadas, el mundillo estrictamente político necesita de ellos. Ya sea porque requieren que el conflicto se reduzca al máximo en momentos decisivos, ya sea porque los aparatos gremiales siguen siendo parte importantísima a la hora señalada. Por ello nadie debe confundirse. Puede parecer que las fotos tienen colorido sepia, pero en definitiva siempre adquieren el matiz de los tiempos actuales.

 

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