RELATOS DESDE EL ENCIERRO  

Rúben

 

“El hombre es un animal que estafa, y no hay otro animal que estafe fuera del hombre.” Edgar Allan Poe

Por Matías Verna (*)

Se llamaba Rúben Noble y estaba preso por estafas reiteradas en la Unidad N° 27 de Sierra Chica hacía poco tiempo. Todavía estaba procesado cuando lo trasladaron al radio La Plata por acercamiento familiar. Creo que en alguna charla me dijo que era del barrio de Los Hornos y que extrañaba mucho a su mujer y a su hija Mía.

No tenía tatuajes ni el cuerpo con cicatrices. No hacía ejercicios. No hablaba el lenguaje tumbero. Vestía jean y camisas mayormente a cuadros y su voz era la de cualquier otro. Su rostro parecía que siempre se estaba riendo y cuando se reía se le juntaban los ojos, se le arrugaba la nariz y la boca se curvaba dejando los labios finos entre dos paréntesis acompañados de una carcajada mitad diabólica y mitad mafiosa.

Rúben Noble era bueno con las matemáticas y tipeaba bien en los teclados alfanuméricos de las computadoras obsoletas que contenían informes y fichas criminológicas en una oficina escondida donde se archivaban legajos e historias de reclusos.

Oficiaba de asistente del jefe de penal y por unas horas fuera de la celda, copiaba sin parar archivos que no se sabe qué destino tendrían.

De un día para otro, el camión de traslados que llegaba los sábados por la mañana cuando estaba la visita, lo cargó y no se supo más de él. Algunos dicen que ya sabía que se iba a una cárcel de Olmos porque ese fin de semana su mujer lo tenía que visitar y no fue. Otros dicen que fue el azar y los menos que pagó su boleto.

En una sencilla ceremonia que ponía en funciones al nuevo Director de la Unidad N° 26 de Lisandro Olmos, donde la religión es la base de esta cárcel, fui a cubrir el acto y a tomar nota de los discursos repetitivos, las formaciones, las obsecuencias y a recorrer con un fotógrafo que me secundaba, las instalaciones de este establecimiento nacido en el año 2002.

Entrando al penal, un hombre vestido de civil con una resma de hojas A4 bajo el brazo camina rápido y entra a una oficina. Mi buena memoria de entonces y los casi cuatro años que habían pasado desde que Rúben Noble había sido trasladado no me fallaron y me acerqué a él.

-Disculpe, le dije mirándolo fijo a los ojos, ¿Usted es Noble?-

Me miró pocos segundos que se hicieron eternos, investigó mi uniforme, miró la lapicera que llevaba en la mano derecha y la libreta en la izquierda. – Si fuera Noble no estaría en cana- me dijo y giró hacia el monitor como si no hubiera pasado nada.

Me quedé duro. Giré para irme y una carcajada me hizo volver. El rostro amontonado de Rúben Noble riéndose como siempre me hizo reír tanto que las autoridades me miraban con desconfianza al tener tanto trato con un preso.

–Esa corbata no es para usted encargado- me dijo – usted si que anda bien, está con toda la chapa- sentenció y siguió riendo hasta que el Jefe de esa oficina cerró la puerta, me miró y sin hablar me invitó a irme.

Rúben Noble era culpable. En libertad lo esperaba toda la fortuna que había construido estafando a familiares, amigos y desconocidos. Nunca supe si estaba en libertad, pero sospecho que sí. Con su mujer y con Mía, que ya debe ser una mujercita. Riéndose. Y pensando cosas malas, para molestar.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría y se encuentra trabajando en la publicación de su séptimo libro titulado “Crudo”, el cual será editado en el mes de abril. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos

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