TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN 

Saber sacarle jugo a las piedras del error 

Independiente venció a Athletic en el segmento de cierre del encuentro, propio de la primera fecha del certamen. Notorios fallos individuales, muy bien usufructuados, posibilitaron la mayoría de los goles, de manera más evidente dos del conjunto chillarense.

Marmouget (tapado por el número 5 de Athletic) ya mandó el balón al sector opuesto al elegido por el arquero local. Era el transitorio empate, la primera desventaja que revertía Independiente.
NACHO CORREA
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Marmouget (tapado por el número 5 de Athletic) ya mandó el balón al sector opuesto al elegido por el arquero local. Era el transitorio empate, la primera desventaja que revertía Independiente. NACHO CORREA

El fútbol sin errores no existe y si bien pueden forzarse, forman parte del menú del azar, de los imprevistos, nutrientes imprescindibles. Pero más allá de que vayan a estar sí o sí (pues es un juego de humanos), los méritos de un equipo se acrecientan cuando entre sus logros está reducir en mucho el margen de error. Bueno, ayer en Villa Fidelidad, tanto Athletic como Independiente no escatimaron en errores defensivos, algunos groseros individuales.

En ese déficit común, los del albo fueron más pesados, determinantes, y en parte explican el triunfo chillarense. Lo demás, buscaremos explicarlo sucintamente a continuación.

En el comienzo se planteo un partido casi anárquico. Era como si alguien hubiera facilitado la llegada al campo de juego de dos equipos con una abstinencia de años. Se jugaba a miles de revoluciones, todos abatatados, envalentonados de manera extrema.

En una segunda jugada luego de un tiro de esquina, Athletic encontró el primer penal de la tarde: Di Cataldo recibió en faz ofensiva (en aparente posición adelantada) y a punto de rematar ante Ferreyra, fue fauleado desde atrás. Marco Rodríguez convirtió.

La reacción rojinegra se alimentaba con sobredosis de combustible, impulso desmedido que le quitaba la posibilidad de razonar su circunstancia en el desarrollo. No estaba ciego a los caminos productivos, pero había jugadores visitantes que pensaban en ganar 2 a 1 antes que en lograr la paridad.

El local invertía una gran cantidad de pases para germinar juego (con Burgos, Brienzo y Lapalma como pasadores más recurrentes), pero no hacía mucho más que distraer su propio proyecto sin conseguir prosperar hacia la fase ofensiva.

El segundo penal sancionado por Pérez (muy erróneo en la consideración de las jugadas que apreció) llegó al cabo de una escapada, sin resistencia, de Sampaoli por izquierda, directa contra Mattos. Vera lo corrió unos 20 metros hasta que decidió tomarlo arriba para derribarlo. Matías Marmouget pidió el balón y fue autor del empate. Los goles disimulaban el bajo nivel del partido

El tercer penal de la disputa fue sancionado a raíz de una infracción a Burgos, que luego de recibir en corto, pugnaba por filtrarse de Garay. Carrizo desequilibró el tanteador y la estrellita volvía ser vencedora parcial. El elenco de Chillar volvía a estar cuesta arriba en el marcador, desnivel que no se apreciaba en el partido con nitidez.

A los 40’, Mattos jugó mal hacia su izquierda, en el intento de salir jugando con Chacón; su envío halló la cabeza de un chillarense que mandó el esférico hacia el punto penal, donde Sampaoli –cómodo como en su casa– controló y guardó la pelota contra el poste zurdo del arquero.

Más control del fidelino a partir de asociaciones en pequeños espacios por ambos costados (por izquierda, el ingreso de Rígoli fue una grata noticia para Carrizo). Independiente, pese a fallar mucho en las resoluciones individuales en defensa, lo cual muchas veces lo llevó a tener que correr de frente a su arco para enmendar eso, cuando se animaba a jugar, estaba a la altura de su oponente.  Somera pintura del ocaso del primer tiempo.

Athletic volvió a hacerse cargo de las riendas en el inicio del complemento, condicionando territorialmente a su rival y sin apartarse del requisito del pase corto en triangulación. Por momentos, más intenciones que concreciones. Ni el control, tibio, de la estrellita, ni las torpes reacciones de la visita hallaban correlatos sobre los arcos. El trámite era un remolino.

La ventaja numérica parecía dotar de audacia (en modesta dosis) al visitante, surgíanle espacios y la posibilidad de que Sampaoli y Fernández fueron integrados con mayor relevancia al circuito. No obstante, no enfrentaba a un rival amilanado por jugar con diez; Athletic asumía riesgos, no se protegía contra Mattos y sostenía la tenencia. El final se percibía abierto…

Sobre la clausura del cotejo, un grosero error de Di Cataldo (que buscó cuidar la pelota) facilitó el triunfo chillarense: el central se anquilosó, se enrolló, y perdió la pelota como último hombre, permitiendo que Covini enfile hacia un desguarecido Mattos que, cuando achicó, sufrió el desaire por un pase (hacia adelante) hacia el costado. Lautaro Fernández (adelantado en apariencia) sólo debió tocar con corrección el balón hacia el gol.

El peso de los errores y la naturaleza de los mismos. Pero, también, la capacidad de usufructuar lo azaroso que ofrenda el fútbol.

LA FIGURA

Marco Rodríguez

Escasearon en el cotejo los rendimientos superlativos, los que eclipsan por lejos. Inclinarse por Rodríguez es destacar el saber lo que hacer para convertirse en una preocupación permanente para la defensa rival. Claro en la toma de decisiones, sólido en las ejecuciones y suficiente para jugar por todo el ancho del campo.

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