Una vuelta en bici por Argentina

SALTA – El Abra del Acay – Segunda parte

Escribe: Tomás Rivero

Especial para EL TIEMPO

Son cerca de las 10 de la mañana y estoy por empezar a pedalear. El auto que me acerco hasta donde había dejado mi bici, se va alejando dejando solo rastros de polvareda. Desde aquí me quedan 15 km hasta la cumbre.

Mientras asciendo, voy mirando, tratando de encontrar las varillas de mi carpa, pero ya no están. Alguien las debe haber levantado.

Llego al lugar donde trate de acampar el día anterior y me doy cuenta de que había algunos refugios de piedra que hubiesen sido buenos lugares. Pero ya no importaba, hoy es otro día.

Sigo subiendo y el viento se empieza a hacer más fuerte. Cada tanto controlo el GPS. Me quedan 8 km. Desde aquí ya no puedo pedalear más. ¡Hay que empujar!

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Avanzo unos metros y paro. Avanzo otros metros y vuelvo a parar. Esto va a estar difícil.

-¡Agrrr!…¡se me están congelando las manos! ¿A dónde habré guardado los guantes térmicos?

Avanzo y avanzo.  Empujo y empujo

  • ¿a ver cuánto me queda?
  • ¡¡7.2 km!! ¡800 metros hice nomas!

Por el frio las manos me empiezan a doler. Ya no puedo mirar el gps ni muchos menos ponerme a sacar fotos.

Lucho contra el viento. Miro para atrás con la esperanza de que venga alguna camioneta pero nada. Agacho la cabeza, me aferro a la bici y empujo. ¡Este viento no me va a ganar!

Algunas ráfagas levantan nieve que pega contra mi cara como piedras.

Voy contando los kilómetros con los mojones al costado del camino. Me parece que ya estoy cerca.

Un poco adelante veo un auto parado.

  • ¡Hola! ¿Qué les paso? – Pregunto.
  • ¿No tenés una pala o algo parecido? – Se habían quedado encajados en la nieve.
  • No, no tengo. Si querés te ayudo a empujar.

Dejo la bici que casi queda parada sola en la nieve y los ayudo.

  • ¡PONE MARCHA ATRAS! Le Grita a la señora que está dentro del auto.

Empujamos pero nada, el auto ni siquiera se mosquea.

        – Cuando llegue  a San Antonio aviso que te manden un auxilio- le digo

        -¡Si! ¡Por favor!- Me contesta, sin imaginarse a qué hora podría llegar yo a San Antonio.

…Sigo avanzando. La cumbre debe estar acá nomas.

Una curva, otra mas y….¡CUMBREEEE!

Me aferro más fuerte a la bici. El viento se vuela todo. Me tiro detrás de una pared hecho con piedras, apoyadas una arriba de otra y como puedo saco una foto al cartel que dice:

Abra del Acay,  Altura– 4995 msnm.

No quiero estar mucho tiempo acá arriba. Me estoy cagand* de frio.

                   -¿Y ahora? ¿Quién baja con  este viento? Y yo que pensé que iba a poder bajar andando.

A los pocos metros veo una camioneta que viene subiendo. Frenan. Bajan el vidrio y me preguntan.

  • ¿Vos perdiste una parte de tu carpa?
  • ¡SI! – Contesto.
  • Toma, las encontramos tiradas en el camino.

¡Había recuperado mi carpa!

Un poco más abajo, me puedo subir a la bici y empezar a pedalear.

¡Todo ya se había solucionado! Alguien me había sacado esa noche del Acay. Había podido volver por mi bici, un 25 de Mayo feriado, cuando no podía conseguir quien me llevara, y de alguna forma, alguien que había ido a San Antonio de lo Cobres, vio mis varillas y por algún motivo tuvo que volver, me cruzo en el camino y me las devolvió. ¿Es que será mera casualidad?…

Podes seguir mi viaje también en: www.unavueltaenbici.hol.es

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