EFEMÉRIDES

San Ignacio de Loyola y el idioma vasco

 

Ignacio de Loyola fue un militar y luego religioso español, surgido como un líder de la iglesia durante la contrarreforma. Falleció el 31 de julio de 1556 en Roma, (Italia).

ARCHIVO WEB
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Ignacio de Loyola fue un militar y luego religioso español, surgido como un líder de la iglesia durante la contrarreforma. Falleció el 31 de julio de 1556 en Roma, (Italia). ARCHIVO WEB

(Iñaki Anasagasti- extracto)

Al cumplirse hoy el aniversario del fallecimiento de Ignacio de Loyola (fundador de la orden jesuita). El santo utilizó públicamente su lengua nativa: el milenario euskera.

Por tal motivo el Centro Basko Azuleño “Gure Txokoa” acercó el siguiente artículo:

“Extraño suele parecer a algunos, que conservándose tantos escritos del gran Santo vasco Ignacio de Loyola, no se encuentre entre ellos ninguno en su lengua nativa. Y fundados, sin duda, en esta falta de documentos escritos, han llegado hasta a dudar de si el Santo sabría hablar la lengua de su tierra, el milenario euskera.

Ninguna duda más infundada que ésta; porque ni la falta de documentos de San Ignacio escritos en vascuence debe extrañar a nadie; y mucho menos puede deducirse de ella consecuencia tan descabellada.

Aún hoy, después de haberse extendido tanto la costumbre de escribir en euskera, ¿no conocemos centenares y millares de euskeldunes que ni una sola carta escriben en su lengua nativa? Y si ahora sucede esto, figúrese el lector cuánto se escribiría en vascuence en tiempos muy anteriores a “El imposible vencido”, de un hijo de San Ignacio, cuando era voz común entre los escritores (por supuesto, desconocedores de lo que afirmaban) decir del euskera, que era lengua inculta, bárbara, incapaz de gramática y de ser reducida a reglas.

Esto por una parte, y por otra la índole de las empresas que dirigía el Santo de Loyola, empresas que tenían por blanco la glorificación de Dios en todo el mundo, hicieron que, aunque el Santo profesara un amor ardiente a la tierra que le vio nacer, y confesase que tenía “particular obligación de compadecer y ayudar a sus paisanos”, no dejase, que sepamos, ningún escrito en su lengua nativa.

Con todo, a pesar de esta falta de documentos escritos, la historia es la que nos presenta a San Ignacio de Loyola utilizando el euskera para entenderse con sus hijos, y para instruir en la doctrina cristiana a sus paisanos.

El primer jesuita que envió San Ignacio a España, y el primero a quien nombró Superior de sus hijos residentes en ella, fue el bergarés P. Antonio de Araoz. Por lo que a los vascos toca, debemos agradecer a nuestro Santo paisano el haber escogido para primer predicador de la Compañía de Jesús, en la que se llamó Provincia de España, a un P. que sin dejar de alimentar con la divina palabra en su propia lengua a los de habla castellana, pudiese proporcionar igual consuelo a nuestros antepasados predicándoles en euskera. Porque el P. Araoz, cuando predicaba en Euskalerría, lo hacía “a algunos en romance, a otros en latín y muchas (pláticas o sermones) en vascuence”. Y era natural, que cuando hablase con su Santo Padre lo hiciese no pocas veces en euskera; y al escribirle, siguió, es verdad, la costumbre de hacerlo en castellano; pero cuando quería que sólo el Santo le entendiese, sabía desorientar a los demás lectores intercalando alguna palabra o frase en euskera.

Los editores de “Monumenta Histórica S. J.” comentan afirmando sin ambages que la lengua vernácula del Fundador de la Compañía de Jesús era el euskera, además de la fuerza probativa que tienen, nos dan fundamento para presumir que San Ignacio en el trato con sus jesuitas euskeldunes haría muchas veces uso de esa su lengua nativa.

No deja de ser muy significativo a este mismo respecto, que el confesor tal vez más querido y con quien mejor se entendía el Santo de Loyola, fue un P. Eguía, vasco, natural de Estella, pero no de la Estella erdeldun de hoy, sino de la Estella netamente euskeldun de aquellos tiempos.

¿Cultivó también el euskera durante su juventud?. Claro que sí, porque si no, no la hubiese conservado. No se nos diga, que su juventud la pasó en Arévalo, donde era imposible conservarla. Pues aunque sea verdad, que siendo joven, tal vez niño, vivió en aquella población castellana, no hay que pensar que no pasase temporadas y tal vez muy largas en casa de sus padres y hermanos. Cuando en los procesos de canonización de Azpeitia dicen los azpeitianos y azcoitianos: “que el dicho Ignacio de Loyola, siendo ya mancebo de edad, brioso y de altos pensamientos, muy exercitado en todo género de armas, fue enviado de sus hermanos a la corte de los Reyes Católicos…”, parecen indicar que vivía con ellos. Ni se vaya el lector a figurar, conjeturando por lo que ahora se ve en muchos casos y casas, lo que entonces sucedería, que los de la casa de Loyola. por los lazos de parentesco y amistad que los unían con don Juan Velázquez de Cuellar y otros caballeros castellanos, despreciaron y olvidaron la que llamaban su propia lengua, que Ignacio aprendió de su nodriza y de sus hermanos de leche en el caserío de Eguibar, la que le enseñaron sus padres y hermanos en Loyola y la que cultivó en su trato con sus paisanos.

(El Imposible vencido. El arte de la lengua vascongada, obra de Manuel de Larramendi- Monumenta Histórica Societatis Jesu, obra de Cecilio Gómez Rodeles SJ).

Hoy Euskalherría y la diáspora vasca en todo el mundo rinden homenaje a su Santo Patrono, San Ignacio de Loyola”.

 

 

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