EFEMÉRIDES

Se celebró ayer el Día mundial del nutricionista

El sodio, un mal oculto. Principios a contemplar para una alimentación saludable: Desde hace más de 40 años América Latina celebra el Día del Nutricionista en honor a quien es considerado el padre de la Nutrición, el médico argentino Dr. Pedro Escudero, quien inició la formación de médicos en una especialidad que representa un estilo de vida sano.

Para Escudero, la nutrición “es el resultado de un conjunto de funciones armónicas y solidarias entre sí, que tienen como finalidad mantener la integridad de la materia y preservar la vida”. De este concepto se desprenden las leyes de la alimentación cantidad, calidad, armonía y adecuación, que apuntan a lograr una alimentación y por consiguiente una vida saludable.

Una alimentación saludable es aquella que contiene una amplia variedad de alimentos ricos en nutrientes, que  es baja en grasas y moderada en azúcar y sodio.

De acuerdo a la encuesta nacional realizada por Isonomía Consultores en junio de 2016, el 71% de la población argentina de entre 16 y 80 años desconoce la recomendación de la OMS sobre el consumo de sodio, siendo la población femenina quien mayor conocimiento tiene, con un 29% sobre el total de los casos analizados.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, se recomienda limitar el  consumo de sodio basado en 2.000mg diarios, equivalentes a 5g de sal; en nuestro país se consume más del doble de sal  de lo recomendado. Solo un 6% de los encuestados tiene conocimiento de esto aunque el 59% considera que es necesario bajar el consumo de sodio en su alimentación diaria.

Existe un alto desconocimiento por parte de la comunidad en general con respecto a los alimentos y bebidas que contienen sodio. El 70% del consumo de cloruro de sodio, se realiza con la ingesta de productos que compramos en el supermercado, como fiambres, embutidos, snacks, pan, galletitas, aderezos, pizzas o empanadas o bien aquello que se come en el restaurante y las comidas rápidas. Apenas un 10-13% se incorpora con los productos naturales como carnes, pescado, verduras y el 10% restante a través del salero.

La carne, por ejemplo, contiene 65mg de sal en 100g, en tanto un vaso de leche aporta 90mg y el pescado 140, en 100g. Sin embargo, el 70% del aporte de sodio proviene de los productos procesados: Una rodaja de pan contiene 114mg, 100 g de jamón 1500 mg, una cucharada de salsa de soja aporta 555mg de sodio, una cucharada sopera de queso rallado, 500mg y un paquete de 70g de snacks de papas fritas contiene 640mg de sodio. Alrededor del 7% de sodio ingresa con el consumo de las aguas, que en general es bicarbonato de sodio.

Otro dato de relevancia es que el 12% de las personas encuestadas no consumen sal y el mayor porcentaje se ve reflejado en los adultos mayores de  50 años.  De acuerdo con la Dra. Paola Harwicz, especialista en cardiología y nutrición, “la hipertensión arterial es una enfermedad frecuente”. Según datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2013), el 34% de la población es hipertensa. “Es más frecuente en la población mayor a 50 años. En tanto, la hipertensión arterial en las personas más jóvenes, se asocia generalmente a obesidad abdominal (con una distribución del tejido adiposo a nivel central, definido como un aumento del perímetro de cintura mayor a 102 cm en los hombres y superior a 88 cm en la mujer), malos hábitos alimentarios, sedentarismo, tabaquismo y un excesivo consumo de sodio. Y continuó, “la OMS recomienda limitar el consumo de sal a 5 g por día para reducir la presión arterial y el riesgo de enfermedades cardiovasculares y ACV (accidente cerebrovascular)”.

De acuerdo con Harwicz, “es importante concientizar a la población en acotar el consumo de sodio: se sugiere consumir preferentemente alimentos frescos, leer la etiqueta nutricional de los productos procesados para seleccionar aquellos  con un aporte moderado de sodio, evitar el uso del salero, sin antes probar la comida y mantener una adecuada hidratación. A su vez, consumir aguas bajas en sodio  es una manera de acostumbrar al paladar a una alimentación con menos cantidad de sodio”.

La World Heart Federation se ha propuesto el desafío de reducir un 25% la mortalidad cardiovascular prematura para el año 2025 basándose en tres pilares: mejor control de los factores de riesgo (hipertensión arterial, diabetes, sedentarismo, dislipemia, obesidad), reducción del tabaquismo y prevención secundaria (mejorar el estilo  de vida y lograr un adecuado tratamiento en aquellas personas que hayan presentado infarto, ACV, insuficiencia cardíaca, etc). Otro de sus objetivos, es reducir el consumo de sodio en un 30% para el 2025.

Incluso el agua, el principal constituyente de nuestro cuerpo, tiene sodio. Los datos arrojan que del universo consultado, sólo el 16% desconoce la existencia del sodio en el agua, pero aun así, solo el 11%  consume agua bajo en sodio. Existen dentro de las aguas embotelladas dos grupos: las que tienen alto y las de bajo contenido de sodio. Si nos remitimos a los dos litros que son recomendados incorporar por día para lograr una hidratación adecuada, es importante destacar que el aporte de las aguas de alto contenido de sodio para dicho consumo (las que llevan mayor tiempo en el mercado local) podría alcanzar los 328 mg por día, mientras que el de las bajas en sodio alcanzaría 20mg por día.

Será preferible consumir aguas reducidas en sodio para evitar superar las cantidades contempladas como saludables dentro de un plan de alimentación que busque el bienestar de la persona, sin importar su edad.

 

 

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