TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN  

Se quedó nada más (y nada menos) que con el triunfo

El viento fue un elemento bastante insoportable, pero no tiene toda la culpa. Chacarita fue una versión muy desmejorada de su potencial y resultó bien superado por un altivo pero módico Vélez. En cancha de Boca hizo suya esta ida de cuartos, a poco del cierre, con el gol de Escribano.  

Es tuya, Carlitos. Buigues está a punto de conectar en la boca del arco funebrero. Duarte y Cáceres ruegan por su fracaso. 
FOTOS NICOLÁS MURCIA 
Raidigos le hace saber a Delippo lo que le duele el encuentro. Chacarita le ganó a Vélez por 1 a 0 en la ida de cuartos.
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Es tuya, Carlitos. Buigues está a punto de conectar en la boca del arco funebrero. Duarte y Cáceres ruegan por su fracaso. FOTOS NICOLÁS MURCIA

No se puede no hablar del viento si vamos a referirnos al partido de ayer jugado en el Ricardo Infantino. Fue un factor determinante para pintar un panorama futbolístico tan magro, afectando en buena medida las posibilidades individuales y colectivas tanto de Vélez como de Chacarita. No hubo minuto en el que cesara su virulencia al cruzar, sentido vestuarios-arroyo, el campo de juego a lo largo.

Pero, por si hace falta aclararlo, el viento molestó a ambos equipos, que reaccionaron con distinto mérito para zanjar ese escollo. Y el conjunto local lució mejor forma que el sureño, halló –aunque con cierta tibieza– caminos que para el tricolor estuvieron vedados casi hasta el ocaso del cotejo, cuando Escribano anotó y abrió un porvenir mejorado e inédito para el tri.  No fue un partido que haya traslucido los dotes de cada equipo en los arcos, en las ocasiones de gol, no hay que poner el foco allí. Vélez fue claramente mejor por otras razones, propias de cierto control territorial, sentido colectivo e intensidad. Eso sí: perdió por 1 a 0.

En el primer tiempo fue Chacarita el que tuvo viento a favor, pero no se trató de un aliciente. Era tentador y expeditivo jugar el balón de manera larga, pugnando porque Zirilli y Escribano encontraran un canal ofensivo, pero eso requería (dada las ráfagas) de suma precisión y perspicacia para producir algo más que saques de meta para el oponente.

El elenco verde y blanco no tardó en presentarles sus credenciales a un abúlico rival y se animó a jugar. No era fácil, pero no perdía el norte. Jugaba algunas pelotas abiertas, casi siempre por derecha, por donde Andrés Delippo emergía abierto y profundo (quizá debió intentarlo todavía más) y si no llegaba a entrar en juego, al menos corría a Gorosito de su lugar más cómodo y redituable.

El tricolor pagaba muy cara su sideral desconexión, una tara casi infranqueable para entramar circuitos internos de progresión ofensiva, darle sentido a la posición de Raidigos como una suerte de volante adelantado. Pero no sólo “Mula” no lograba sintonizar, tampoco lo hacían Miglino y Olivera por sendos costados, dando por resultado cierta deriva en Palermo y mucha ingravidez en ataque.

En el albor del complemento, Vélez recobró el brío que en parte había perdido en algún lapso de la etapa anterior. Plasmaba ahora un control casi total, valiéndose de lo esencial: pelota, juego, ocasiones y el convencimiento de sus posibilidades. A los 4’ Andrés Delippo vio frustrado su festejo, a partir de un tiro libre desde la salida del círculo, cuando el esférico golpeó en el ángulo zurdo de Cáceres.

Reverberaban en Chacarita los defectos anteriores. No producía más que arrebatos individuales que fracasaban en la desolación de casi cualquier jugador que intentaba ir contra el fondo velezano. Desde el fondo la pelota salía mal herida (cuando quedaba dentro del campo), en consecuencia se solía saltear la línea de volantes y ambos delanteros debían acertar una segunda jugada para ser beneficiados.

A los 29’ no sólo se modificaría el resultado del partido, sino también el corto futuro del cotejo. Un inaudito quedo de todo Vélez y un acertado movimiento del balón por parte de Chaca confluyeron en el único tanto de la disputa. Unos metros en campo local, Couce sacó un tiro libre hacia su costado izquierdo hacia Castañares, éste controló y mandó largo y a media altura un centro preciso que atravesó impunemente toda el área y halló a Mariano Escribano, muy descuidado en la marca. Sin complicaciones “Tanque” venció a Di Blasio y el juego fue otro.

Increíblemente por todo lo que habíamos visto, el cotejo ahora le era sórdido y ajeno a Vélez y por primera vez pasaba a jugar incómodo y siendo superado por el funebrero. Esa escenografía no se modificaría (incluso se profundizó) hasta que Chaparro, de gran arbitraje, puso el punto final.

Pausa de siete días y esto sigue.

LA FIGURA

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Nicolás Delippo

Sin actuaciones excluyentes, recalamos en esta opinión en un jugador que buscó salirse de la medianía pese a los errores. Nicolás Delippo se animó al mano a mano pero también se ofreció en sociedad con el resto de los volantes, escapando de su lugar de referencia por la banda izquierda.

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