AYER

Se realizó, con éxito, la convención de tatuajes

Se llevó a cabo ayer en Shittó la primera convención de tatuajes llamada “Flash day Azul”. En este encuentro también hubo espacios para el cosplay en donde una joven azuleña interpretó a Harley Quinn. Muchos azuleños prestaron partes de su cuerpo para que los tatuadores puedan hacer sus obras.
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En este encuentro también hubo espacios para el cosplay en donde una joven azuleña interpretó a Harley Quinn.

En Shittó se llevó a cabo el Flash Day Azul en donde aproximadamente 20 tatuadores de distintas ciudades hicieron arte en su piel. En este sentido, muchos azuleños se acercaron a mirar y otros a prestar partes de su cuerpo para que todo esto quede graficado.

Por Yrigoyen, casi Moreno, un grupo de personas se fumaban un pucho en la puerta de Shittó. Estaban haciendo un break mientras otros entraban al espacio bailable convertido en una convención de tatuajes en donde más de 20 artistas de la piel dejaban su huella permanente en los azuleños.

En la puerta de entrada había un gran cartel que daba cuenta de qué se trataba. “Flash Day Azul” tenía inscripto con la imagen del Ángel de la Muerte como símbolo azuleño que protege el cementerio municipal con otras que lo acompañaban bien característicos del mundo del tatuaje.

El gran pasillo color negro con luz ultravioleta era el ambiente perfecto para llegar a lo que los viernes es una gran pista de baile. Esta vez estaba lleno de personas, pero ninguna de ellas bailaba: estaban viendo cómo muchos elegían su tatuaje.

Pero lo primero que había era una serie de puestos de ropa en donde predominaba el color negro con distintos diseños con calaveras, rosas, motivos japoneses, entre otros, que combinaban perfectamente con la estética del lugar. Un poco más adentro había un par de puestos iguales similares al descripto pero que ofrecían productos de fabricación propia, únicos y con toda la onda.

Pero donde había mayor concentración de personas eran en los distintos puestos con tatuadores del otro lado. Con el zumbido de las máquinas y Molotov de sonido ambiente, la gente miraba mientras alguien ofrecía una parte de su cuerpo para que ese día sea recordado con algo en la piel por siempre.

Cuando uno quería ver el puesto tenía que esperar a que todos los curiosos que estaban mirando sigan su camino o simplemente ponerse en puntitas de pie para poder ver qué es lo que se estaban tatuando. Cuando una máquina dejaba de sonar, otra se prendía y así durante toda la tarde.

Un hombre no mayor de 30 años ponía su brazo para que otro, con los suyos llenos imágenes, dejaba su marca. Con una gorra negra, un delantal con mucho rock y barba bien tupida le explicaba que iba a sangrar un par de horas pero tenía que dejarse el papel film hasta que llegue a su casa y, una vez allí, lavarse con jabón neutro y ponerse crema para que no reseque. De esa forma el diseño iba a curar bien y va a ser de mejor calidad.

Haciendo un par de pasos más para la planta alta y subir la escalera blanca y negra se veía a un costado a Laura Paternó pintando en vivo. Con un diseño muy característico de su obra que consistía en un gran ser peludo en un bosque rodeado de rosas bien características del mundo del tatuaje.

Una nueva canción de Molotov sonaba mientras los escalones quedaban atrás. En el primer piso había otros tatuadores y el espacio era un poco más pequeño que el primer piso. Las máquinas sonaban aún más fuertes, los más de diez artistas que allí estaban se veían muy atentos a lo que hacían mientras muchos curiosos miraban con atención.

Rosas, anclas, caras de mujer, personajes de los Simpsons y otros diseños más complejos eran algo de lo que se podía ver en los distintos puestos. Los curiosos ahora no sólo miraban sino que también preguntaban por un diseño que les gustó. Muchos se animaban y esperaban atentos a que se termine el que se estaba haciendo para ser el próximo.

El cambio de una persona a otra requería un momento para esperar. Los tatuadores desechaban las agujas usadas, esterilizaban los distintos objetos, cubrían de film los materiales a usar y le brindaban las explicaciones sobre la higiene a quien prestaba su piel para tatuarse.

De pronto la música cambió. Un grupo de chicas comenzó a realizar una coreografía de hip hop en la planta baja. Este fue un momento en que los tatuadores pudieron descansar de la vista de quienes visitaban esta convención.

El conjunto de baile realizó una serie de coreografías que implicaban una gran destreza de todas las integrantes que le pusieron mucha energía, toda la onda e invitaron a todos los presentes a participar. Luego cada algunas horas la coreografía se repetía para que nadie se pierda el espectáculo.

“Estoy muy feliz”

En uno de los puestos estaba Celeste Díaz, la tatuadora azuleña que organizó esta movida con la ayuda de sus colegas y la Coordinación de Juventud de la Municipalidad. Una vez que terminado un diseño se hizo un espacio para charlar con El Tiempo y en un principio destacó que estaba con mucha incertidumbre a ver qué iba a pasar “pero por suerte se acercó mucha gente. Tengo una alegría inmensa porque durante todo el día se acercó gente de todo tipo a ver qué era la convención”.

No sólo la gente se acercó de curiosidad sino que también “muchos que empezaron a mirar se terminaron tatuando”. Además lo bueno de esto es que los diseños fueron únicos y estaban a disposición de quienes querían “y gustaron mucho las obras de todos los artistas que vinieron”.

En este sentido agregó que “estuvieron todos tatuando y eso es muy bueno porque más allá de estar todos juntos, lo importante fue todos pudieron dejarle algo a quienes venían a ver”.

Hay muchas “cosas que suceden en simultáneo. Fue un día muy agotador pero salió todo bien y la verdad que termino muy contenta con todo lo que pasó hoy”.

 

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