SEVILLANA

Por Adolfo Mirande Especial para EL TIEMPO

Van por tu camino inquietas mariposas de Córdoba y de Almería, con sus colores ampulosos, palpitantes como los besos de las mujeres de Andalucía.

En las venas que riegan la belleza de la pasión y en los laberintos del amor eras dulzura y sensualidad buena, flor de la nostalgia.

No pude arrojar al viento del olvido el recuerdo de tus besos embrujados…Era tan grande mi oscuridad y eran tan tristes los celos.

En delirio de amores entre gitanos y lunas, brillo tu ardor andaluza garbosa, en noches bohemias con luz y lágrimas de estremecidas guitarras.

Flor bella…Hija del ensueño profundo de Sevilla, halagada por las coplas y amada por los diestros.

Vibrando en tu alma se estremecía el cante jondo flamenco, ay niña, que ni hubieras sido La Malena de Jerez de la Frontera. Era tan triste el olvido y estaba cerrado el jazmín.

Labios de vino fino y de sangre, andaluza de renegrida melena.

Ay Santa Margarita de Linares, con Manuel Rodríguez en el ruedo y la verónica y la manoletina sobre alas del capote en su danza por la arena.

Ay bailaora con sangre mora y gitana en tus venas.

Era tan triste la espera y los toros bufaban en la pradera.

En la piel de tu alma, buscaban el amanecer y el ocaso, el calor de los rescoldos que guardaba tu inflamada calidez.

El viento presuroso con magia de los duendes, freno su vuelo, al oír tu lamento de partida.

¡Pero no curó tu cuerpo invadido de muerte!

Era tan triste la soledad y los caballos galopaban contra el viento.

El aire te llevo con su soplo volando con tropilla andaluza de un solo pelo, por el curvo atajo del cielo, golpeando las nubes con cascos de noble estirpe y poblando el ambiente de palo santo, con castañuelas de nervioso lamento.

Que vuelen al paraíso del amor, tus sentimientos,  hermosa sevillana, junto con las mariposas de tu sensualidad, que bien allí han de estar.

Era tan penosa tu ausencia y los mozos pensaban arrojarte alelíes.

Que el infinito haga eterno tu canto, y lo lance a todos los rumbos, para que brille en el cielo con el amor entero.

Yo pido desde el mundo en que yace tu carne muerta, que los rayos de tu alma, le den luz a la mía, desde la azul inmensidad.

Eran tan tristes los celos, pero los extraño en la dulzura de tu recuerdo.

El corazón no olvida lo que la soledad evoca.

 

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *