ENTREVISTA

“Si Fanazul cierra, perdería parte de mi vida”

Jorge Menchaca lleva 30 años trabajando en Fanazul. Definió la situación que atraviesan como “terrible”, ante la incertidumbre de lo que pasará con las fuentes laborales y con la suerte de la propia fábrica. “Fanazul es una pertenencia. No sé qué es lo que tiene... Tal vez sea por el viaje hasta allá, el peligro, el compañerismo. Yo quiero a la fábrica”, sostuvo Jorge Menchaca que trabaja en la planta de TNT, en la torre de denitración.
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“Fanazul es una pertenencia. No sé qué es lo que tiene... Tal vez sea por el viaje hasta allá, el peligro, el compañerismo. Yo quiero a la fábrica”, sostuvo Jorge Menchaca que trabaja en la planta de TNT, en la torre de denitración.

Así lo expresó Jorge Menchaca, uno de los trabajadores de la fábrica en la que hace meses se vive a diario la incertidumbre sobre el destino que tendrá. En una nota que brindó a este diario, contó cómo atraviesan la situación y, en el plano estrictamente personal, subrayó su sentido de pertenencia a la planta en la que lleva 30 años trabajando. “La verdad es que estoy mal. Entré a los 21 años, trabajando ahí me casé, tuve mis hijos, hice mi casa. Me pasó de todo y siempre estaba en Fanazul”, advirtió.

EL DATO:

En un tramo de la nota con este diario, Jorge Menchaca comentó que las pérdidas de las fuentes de trabajo, además de lo que afecta a los propios operarios de Fanazul, repercutiría en la economía de la ciudad. En ese sentido, apuntó que “se hizo un estudio de mercado y salió que nosotros volcamos al mercado azuleño 9 millones de pesos por mes. Además de quedarnos sin trabajo nosotros, para Azul implicaría un fuerte golpe”. 

“Fanazul es mi vida”, fue una de las declaraciones más contundentes de Jorge Menchaca, trabajador de la fábrica de explosivos que en los últimos días ha ocupado titulares en los distintos medios azuleños ante el peligro que corre la continuidad de las fuentes laborales.

La entrevista se hizo sin apuros el viernes promediando la tarde y atravesó diferentes momentos. En buena parte, la protagonista fue la emoción de este hombre de 58 años que va a cumplir 30 de trabajo en la fábrica. Emoción que canalizó a través de lágrimas que no se avergonzó en mostrar y tampoco apuró en ocultar.

La crisis que atraviesa la planta que pertenece a Fabricaciones Militares, la certeza de que habrá despidos y la incertidumbre sobre el futuro de Fanazul, no son fáciles de sobrellevar. Al punto de que en un tramo de la charla con este diario confesó que hace alrededor de un mes no logra dormir por las noches. Y es que como él mismo lo definió, el sentido de pertenencia que siente respecto a la fábrica está sustentado en esos 30 años de trabajo pero, también, en que mientras iba desarrollándose laboralmente, se casó, tuvo hijos, construyó su casa familiar, sufrió pérdidas importantes y celebró alegrías. Por eso la frase que dijo y reiteró a lo largo de la nota con este diario: “Fanazul es mi vida”.

Situación crítica   

Jorge Menchaca ingresó en Fanazul en 1981. Trabajó 10 años ininterrumpidos hasta que en 1991-en pleno gobierno de Carlos Menem- se produjeron 125 despidos, entre ellos, el de él. Seis años estuvo fuera de la fábrica hasta que lo volvieron a convocar en 1998.

“Cuando me vinieron a ver por si quería volver, no lo dudé. Dije que sí porque Fanazul es mi vida”, indicó.

En pocos meses va a cumplir entonces 30 años de trabajo en la fábrica, en la que aún hoy, pese a la antigüedad, está como contratado, al igual que 237 trabajadores más de un total de 253 que cuenta la planta.

Si bien esta situación de incertidumbre no es nueva ni para él ni para muchos de sus compañeros -en 1996 hubo 26 despidos y el año pasado 3-, el panorama actual “es crítico, peor que los que vivimos antes. Espero equivocarme, pero creo que el gobierno tiende a cerrar las fábricas”, además de la de Azul, están las de Villa María y Río Tercero en Córdoba, y la de Fray Luis Beltrán en Santa Fe. Estas son las 4 plantas que quedaron de las 14 que en algún momento llegó a tener Fabricaciones Militares.

“Pero nosotros acá estamos, luchándola, peleándola para poder seguir”, advirtió para no dar todo por perdido.

El fútbol, un termómetro      

El día a día en la fábrica no es fácil para los trabajadores. “Ante la situación de que van a despedir gente, estamos con la cabeza en cualquier lado”, comentó Menchaca y dio como referencia un hecho concreto: “nuestro termómetro son los lunes con el fútbol, que nos cargamos o nos felicitamos. Hace tres lunes que no se habla de fútbol, incluso pasó desapercibido el clásico Boca-River. En la fábrica no se habla de otra cosa que no sea cuándo nos despedirán, a quién le tocará”.

Frente a esto, los trabajadores y el director de Fanazul, Oscar Espinoza, decidieron redactar y firmar un acta “para parar la poca producción que se estaba haciendo, porque no estamos en condiciones de producir. Tenemos la cabeza en otro lado”, con todo lo que eso implica al trabajar con explosivos.

“Así, estamos resguardando nuestra integridad física. Además, llega a pasar algo, un accidente, les damos las herramientas para cerrar la fábrica”, añadió.

De todas maneras, el último viernes empezaron a hacer algunas producciones para ir reanudando el trabajo paulatinamente. Sucede que las tareas que cada uno realiza “llevan su tiempo aprenderlas. Hay que tener mucha conciencia. Si uno se equivoca, pasa lo peor. No tenemos margen de error”.

En ese marco, comentó que “mucha gente me dice que nosotros estamos bien, que tenemos sueldos más o menos buenos. Pero, ¿qué es estar bien? A veces salgo de mi casa, cierro la puerta, doy 10 o 15 pasos y miro para atrás porque no sé si voy a volver a ver a mi familia”.

“Fanazul es una pertenencia”   

Pero esas cuestiones no hacen que Menchaca resienta lo que siente por la fábrica. “Yo a Fanazul la quiero. Cuando recién empecé a trabajar, tenía un compañero que llevaba 30 y pico de años de servicio. Estuvo 25 años sin faltar. Yo era jovencito cuando entré. Él ya era una persona grande y me decía ‘hoy vendimos 5 mil kilos de explosivos’. Yo no le decía nada, pero para mí pensaba ‘este está loco. Se cree que la fábrica es de él’. Ahora me pasa a mí”, advirtió.

En ese marco agregó que “Fanazul es una pertenencia. No sé qué es lo que tiene… Tal vez sea por el viaje hasta allá, el peligro, el compañerismo a pesar de que no somos todos amigos. Yo quiero a la fábrica. Cuando me echaron sufrí muchísimo. Estaba trabajando en San Lorenzo pero veía pasar el colectivo de Fanazul y me agarraba una nostalgia terrible. Cuando volví, fue como nacer de nuevo”.

“Me pasó de todo y siempre estaba en Fanazul”    

Y hoy le toca atravesar la situación que, si bien se está advirtiendo desde el año pasado,  en estos últimos meses de 2017 se agravó aún más.

“Es terrible. La verdad es que estoy mal. Entré a los 21 años, trabajando ahí me casé, tuve mis hijos, hice mi casa. Me pasó de todo y siempre estaba en Fanazul”.

Es más, el panorama tan crítico que describió al inicio ha hecho que “no puedo dormir. Todo esto me está afectando la salud. Pienso en mi familia, en los chicos jóvenes de la planta, en todo lo que hice y estar otra vez en una situación así es realmente terrible”.

Menchaca describió en ese contexto que hace aproximadamente un mes que no concilia el sueño por las noches y advirtió que “hay mañanas que me voy a la planta sin dormir. Las noches me cuestan un montón. Me levanto, camino por la casa, les abro la puerta a los gatos que por ahí quieren salir… Vuelvo a la cama y sigo sin poder dormir, pese a que tomo pastillas, que jamás en la vida había necesitado tomar”.

No obstante, no dejó de mencionar que “mi familia es mi sostén. Mi señora es de fierro. Sé que no nos vamos a morir de hambre porque trabajamos los dos, tenemos nuestra casa, nuestro auto”, por lo que no sería una catástrofe desde el punto de vista económico perder su fuente laboral, pero sí desde lo emocional, porque tal como lo dijo para finalizar la charla con este diario, “si Fanazul cierra, perdería parte de mi vida”.

“NO NOS DETENEMOS”

Desde que tomaron conocimiento real de la posibilidad de despidos, sobre todo después de una reunión que trabajadores y dirigentes de ATE mantuvieron con el interventor de Fabricaciones Militares, Luis Riva, no han dejado de moverse. Viajaron a un simposio de Minería en Córdoba, a Olavarría para encontrase con una funcionaria provincial, a Tandil para tomar contacto con un hombre fuerte del PRO, a Buenos Aires en repetidas ocasiones para hablar con quien pudiese atenderlos. La preocupación es real y no se han quedado quietos. Quieren seguir produciendo el explosivo civil para las canteras y los explosivos para la defensa, que es a lo que se dedican en los últimos años.

A su vez, ante la próxima instalación de canteras en el Partido de Azul, presentaron un proyecto para que Fanazul sea tenida en cuenta como proveedora. Pero no depende de ellos, sino del Estado Nacional.

“Nosotros hacemos propuestas, tocamos todas las puertas, hemos recorrido no sé cuántos kilómetros. Incluso nos fue a ver el Obispo Monseñor Salaberry, que nos dijo que tal vez podría hacernos contacto con la gobernadora, que es a quien queremos llegar. No nos detenemos”, aseguró.

“NO NOS SENTIMOS APOYADOS”

Según información extraoficial que manejan, serían 538 los trabajadores despedidos de las cuatro fábricas que aún tiene Fabricaciones Militares.

“Son trascendidos. Ojalá no sea así. En total, en todas las plantas, somos 2.178 trabajadores y se dice que más de 500 quedarían afuera en esta etapa”, señaló Jorge Menchaca.

Pese a lo contundente de esos números, sienten y ven a diario que la comunidad azuleña no los ha acompañado. “En estos momentos no nos sentimos apoyados. Lo mismo pasó en 1991 cuando echaron a 125 trabajadores. Después, en el ’96 la gente se acercó un poco más. Pero ahora no. El otro día hicimos una movilización en la plaza y fuimos muy poquitos”, situación que esperan revertir el próximo miércoles cuando hagan otra manifestación.

“Nosotros queremos que la población vea y entienda que somos laburantes. Nos han tildado de de todo. A veces sentimos que no nos quieren. Pero somos trabajadores como todos”, advirtió.

También el poder político ha sido reacio a tomar el tema desde el principio. Incluso el intendente Hernán Bertelllys negó las versiones de supuestos despidos, aunque ahora, de alguna manera, reconoce la situación.

Días atrás, firmó una nota dirigida al interventor de Fabricaciones Militares en la que expresa estar de acuerdo en que los trabajadores no estén manipulando explosivos ya que “el personal se halla preocupado por su situación en relación a lo laboral y no se encuentra en el óptimo estado emocional para manipular elementos que requieren un máximo de concentración y seguridad”.

Luego habla del “interés” en encontrar una “salida favorable al conflicto suscitado”.

También, y después de mucho insistir y golpear distintas puertas, los trabajadores y ATE -el gremio que los nuclea- consiguieron que diputados del Frente para la Victoria redactaran un proyecto apoyándolos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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