FÚTBOL – TORNEO FEDERAL C  

Sportivo Piazza, con la frente en alto

Un frentazo de Lucas Iztueta en el complemento, le permitió al industrial cifrar el marcador que lo mantiene como vencedor de la llave que disputa con Embajadores de Olavarría. El elenco piazzista no jugó bien, pero mereció un mejor resultado de cara a la revancha.

<
>

Una alegría que costó parir, un festejo que mientras tomaba forma incomodaba con sus espinas, no se dejaba convencer, parecía que tomaba forma y chocaba contra el arquero olavarriense o los propios errores de definición. Pero al fin esa alegría tomó forma en la villa, fue el síntoma del primer objetivo cumplido en este mano a mano de Piazza ante Embajadores y mereció una ovación de bajos decibeles de los hinchas locales, reconociendo el esfuerzo y a modo de buen deseo de cara a los 90 minutos finales en Olavarría (podría jugarse el lunes).

El industrial penó la falta de cohesión y la impericia, durante muchos tramos, para poder lograr algo más que lanzarle pelotazos a sus delanteros (fundamentalmente a Valdez). Sí fue sólido en defensa, tuvo en Iztueta un bastión y mostró a Rosales bastante mejorado. Pero pese a todo lo que no hizo bien el elenco azuleño, su rival nunca lo preocupó de manera concreta y durante un lapso prolongado; es más, si se hace un repaso rápido no surgen fotos que nos indiquen grandes ocasiones de gol en beneficio de la visita.

Mientras el físico dio el sí, desde el pitazo el método empleado por ambos fue la presión alta directa contra los lanzadores de fondo.

Siempre se presiona en el fútbol, claro, pero no todos los elencos lo hacen con el mismo manual de estilo; Embajadores es un equipo con un enorme despliegue, con mucha velocidad aplicada al sistema de juego. Mucho frenesí y mucho desprendimiento del balón.

El industrial halló una efectiva manera de lastimar a su rival y a través de esa alternativa, tuvo ante Barragán al menos tres oportunidades de fuste, todas con Valdez como punta de lanza (notable el 1, mal el 9). Se trató de centros cruzados, lanzados desde tres cuartos en zona izquierda, que recalaban en el “Negro”, siempre desmarcado al final de la fila, dentro del área.

Esa opción venía a sustituir otro camino que, en realidad, no estaba delineado: el pase vertical, la pelota cortada que entiende la zona donde un delantero se adentra en su hábitat natural (más Valdez que Agustín Parodi en este caso). Pero esa bola no estaba, Parodi buscaba un lugar por todo el ancho del campo y no conectaba con Valdez, más abocado al trabajo sucio, “diplomático” con cada defensor del CEO. Para colmo, tanto Herrera como Sánchez –par de volantes externos– no aportaban en faz ofensiva, demasiados ocupados en impedir la prosperidad olavarriense por ambas bordas.

No contaba nada el encuentro en su trámite. Piazza maldecía el desperdicio de chances y Embajadores, cómodo con la paridad, quizá sufría no poder dotar de mayor eficacia y continuidad al circuito de construcción que se iniciaba, en zona central, con Irusta (ayer de volante central), proseguía en Bortolotti y de allí pugnaba por expandirse hacia Di Carlo, a la carrera y mano a mano con Giménez por izquierda, o bien hacia Piacenti, casi siempre de espalda ante los centrales villeros.

El complemento sostuvo la deuda futbolística de su etapa antecesora. El tramo inicial no cambió la coloratura de las escenas finales antes del entretiempo, pero esclareció al local como el más ambicioso de los dos: asumía la iniciativa, manteniendo sus deficiencias, pero con la férrea convicción de gobernar el juego.

Ahora, Piazza situaba sus intentos ofensivos por la banda izquierda (ante lo había recostado más frecuentemente por la zona opuesta). A “Choni” Parodi se lo notaba más involucrado al retroceder hasta zona de volantes y el peso ofensivo que él perdía, comenzaba a ganarlo Ramón Sánchez, al fin algo más liberado al ataque.

La roja a Sergio Cancina ilusionó a Hourcade y los suyos, pero debían aportar algo de sí. La cancha se inclinó por una decena de minutos en favor de los piazzistas, porque por un rato las decisiones en torno a la pelota fueron adecuadas, tendientes a desgastar a Embajadores, resquebrajar su tendencia a reacomodarse aun más cerca de su arco. Pero fue efímero. Con los cambios, Piazza se pobló de delanteros, el medio se reordenó con Bedoya por derecha y De la Canal como único volante central (en un comienzo conformaron el doble 5), Borda fue importante en ocasionales rupturas de línea y apariciones en ataque desequilibrantes. Pero, con todo ello, paradójicamente, el local cada vez atacó menos.

El estupendo gol de Lucas Iztueta (por el salto y el fulminante cabezazo cruzado) llegó a los 27’ luego de un tiro de esquina efectuado desde el sector izquierdo, largo al segundo palo.

Los últimos minutos se agotaron como una vela que se extingue sin que nadie se preocupe por buscar una sucesora en pos de que la luz se mantenga. Piazza no perdió el control de lo que en el campo acontecía, pero la soga se le fue acortando cada vez más. Embajadores, sin juego y, en tren de verdad, sin demasiado disgusto por el mínimo marcador adverso, se instaló en la mitad azuleña, apagándolo pero sin llegar a lacerarlo seriamente. Como si ya pensara en todo lo que puede llegar a lograr en su propia casa.

LA FIGURA

Lucas Iztueta

Antes de que se hiciera Obelisco entre un par de marcadores olavarrienses y marcara con un estupendo frentazo, Iztueta ya era uno de los mejores de la cancha. El gol terminó por decidir esta opinión. Seguro y atrevido en la marca, casi infalible por alto y un auxilio permanente en los cruces. Y goleador.

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *