HAY QUE PASAR EL INVIERNO

También la primavera, el verano y el otoño

 

La “patinada” de Aranguren parece no tener retorno.
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La “patinada” de Aranguren parece no tener retorno.

Por Ernesto Behrensen / Agencia DyN

BUENOS AIRES (DyN) – “Lamentablemente, nuestro punto de partida es muy bajo. Muchos años de desatino y errores nos han conducido a una situación muy crítica (…) Las medidas en curso permiten que podamos hoy lanzar una nueva fórmula: ‘Hay que pasar el invierno’”.

“Cuando la temperatura supera los 32 grados, el sistema energético entra en tensión”. “Todo va a depender de la temperatura, estamos en un programa de mantenimiento para llegar a diciembre de la mejor manera posible”.

La primer cita corresponde al controvertido ministro de Economía Álvaro Alsogaray y fue formulada en medio de la tumultuosa presidencia de Arturo Frondizi en junio de 1959.

La segunda, es del no menos polémico ex jefe de Gabinete Jorge Capitanich, quien, antes de romper ejemplares de diarios ante las cámaras de televisión explicaba por qué se producían cortes de energía eléctrica durante la “década ganada” del kirchnerismo.

La tercera, es del ministro de Energía del gobierno de Mauricio Macri.

Juan José Aranguren no demostró en los nueve meses que lleva en el cargo la eficiencia de la que hizo gala presidiendo la filial argentina de Shell.

El Ministro utilizó una frase que, en sí misma, resume una incapacidad de gestión, una impotencia ante lo inevitable y desnuda el hecho de que, por soberbia, se perdieron meses y recursos.

Ahora, todo depende del clima. Habrá que rezarle al dios griego del sol, Helios, para que su ira no caiga sobre los hogares argentinos. O quizás a Bóreas, el dios que según la mitología griega manejaba el viento del norte “cuyo soplo traía el frío invernal”.

Tras cinco meses de idas y vueltas, ahora el gobierno se encamina a una audiencia pública que, de haberse realizado en tiempo y forma, habría evitado el desgaste que sufrió la Casa Rosada.

Mauricio Macri parece darle más importancia de la que merece al consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba, quien tiene tanta influencia en su entorno que hasta baja línea en las cumbres partidaria del PRO, como la realizada en San Juan.

El asesoramiento de Durán Barba fue efectivo en la campaña electoral para que Macri llegue al poder. Pero, una vez sentado en el Sillón de Rivadavia, sus consejos no parecen ser tan efectivos.

Los operadores políticos del Gobierno afirman que Macri “está creciendo en las encuestas en la región Norte y Centro” del país y que se “estabilizó la caída en el conurbano”.

Sin grandes inversiones en marcha y ante la incertidumbre generada por la falta de políticas económicas efectivas, la gran apuesta del gobierno pasa por mostrar “que lo peor de la crisis ya pasó, que se inicia una etapa de crecimiento” y que la idea es que la Argentina está dispuesta respetar las reglas de juego y las inversiones extranjeras.

El problema es que los inversores no están dispuestos a colocar su dinero en un país que no puede garantizar las políticas tarifarias tras nueve meses de gestión.

El dedo en la llaga

Las declaraciones del ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, resumen el escenario: “El primer problema ha sido el error de diagnóstico: el solo cambio de gobierno no haría que ‘llovieran las inversiones’. El acordar a las apuradas, sólo concediendo y sin una verdadera negociación con el mini grupo de acreedores, no hizo que Argentina recuperara acceso a los mercados de crédito a tasas comparadas con otros países de la región”.

Macri prevé una inflación del 17 por ciento para todo el año próximo, un déficit fiscal del orden del 3 por ciento y una tasa de crecimiento estimada en el 3,5 por ciento, con un dólar promedio de 18 pesos. Un panorama ideal.

Ante la debilidad del macrismo en el Congreso, uno de los puntos que introducirá el proyecto será que el Gobierno aceptó atenuar los denominados “superpoderes” con el objeto de impedir la reasignación por parte de la Jefatura de Gabinete de fondos asignados en las partidas presupuestarias.

Esto implica que el gobierno tendrá un menor margen de maniobra y discrecionalidad a la hora de manejar la asignación de los recursos.

TODO ¿SE PUEDE…?

Es la misma audiencia que Aranguren debía haber aconsejado realizar en abril pero que, debido a la alta imagen del Presidente y la sensación del “que todo se puede”, no se hizo y obligó a todos los argentinos a pagar por ese error.

El propio gobierno reconoció que cometió errores. De un aumento que llegaba en algunos casos al mil por ciento y no contemplaba a organizaciones sociales se pasó a un promedio del 203 por ciento.

El gobierno busca ahorrar lo que pueda en lo que queda del año. Lo único claro es que será muchísimo menos que si se hubiera aplicado desde abril. Una muestra más de que, lejos de lo declamado, la Argentina no cuenta con “el mejor equipo de los últimos 50 años”.

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