Testimonio

ENFOQUE

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Escribe: Hermano Ramón “Nito” Ortiz

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Nuestra vida es un testimonio. Yo salí del alcoholismo y de la hechicería. Por consultar a una bruja casi me convierto en su discípulo, mejor dicho fui un poco su discípulo pues ya comenzaba a darme instrucciones de cómo hacer los trabajos.

Hermanos, yo fui un títere en las manos de Satanás.

Desde niño vivía enfermo nosotros vivíamos en el campo, mis padres me llevaban a una vecina para que me cure del empacho, me hacían una plasta con huevos y acelga y la ponían en mi panza.

Y siempre me ocurría algo… un día me caí de una carretilla y me quebré la muñeca, otro día jugando me clavé un cuchillo detrás de la rodilla.

Otro día se me escapó un tiro de carabina y me di en un dedo del pie; otra vez, cazando un avestruz, apoyé la escopeta en el piso y se disparó un tiro que pasó al lado de mi cabeza y me tiró como a dos metros el golpe del arma. Mi padre compró una casa en la ciudad y yo, jugando me subí al techo y salté a un galpón, era chapa de fibra y pasé de largo… ¡Qué “porrazo”!.

Cuando iba a la escuela de campo, en caballo y en carro también, con unas vecinas que eran mayores que yo y a veces bajaba para abrir la tranquera, y ellas hacían caminar y trotar al caballo, mientras yo corría para subir al carro.

Un día me mandaron a Cacharí a hacer un mandado, yo tenía doce años y fui a la ruta a caballo en un petizo y tomé el colectivo.

Tenía que ir a un almacén en Cacharí donde vi unos zapatitos cómo para mi hermano menor, y los compré.

Después tomé el colectivo para volver y venía viajando cuando vi la tranquera le dije al chofer que yo bajaba en ella, pero ellos comenzaron a reírse y me preguntaban en cuál tranquera, pero pararon más adelante y al bajar casi me tiran. Yo me quedé mirando el colectivo que se alejaba y los maldecía y les prometía que cuándo fuera grande los iba a matar y les decía de todo.

Después subí a mi petizo contento por qué llevaba los zapatitos de mi hermanito, sin saber que había comprado el número justo.

Esto es lo que me ha venido a memoria, son algunos de los muchos testimonios de quien, siendo un vil pecador, un niño malogrado, un joven sin rumbo, inmaduro, impulsivo, sin afectos y sin amor; de tener una infancia feliz y a veces no tanto por todo lo malo. Todo fue cambiando por el vicio y el pecado, pero un día Dios llegó a mi vida para cambiarme, para transformarme.

Yo fuí el “Nito” Ortiz borracho, pero hoy soy un hombre transformado, cambiado por la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

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