Último tango en Madrid

LA SEMANA POLÍTICA

Las paradojas de un país que soñaba ser potencia. Mientras los dueños del mundo blindaron Buenos Aires, River y Boca tienen que ir a jugar la final de la Libertadores a España. Argentina le hace jueguitos al futuro con la pelota abollada.

Mientras el partido de River – Boca se jugará a más de diez mil kilómetros de Buenos Aires, los dueños del mundo se pasearon por las calles porteñas. Las incongruencias de un país adolescente. RAÚL SANTIAGO GALLARDO

Escribe

Carlos Comparato

(comparatoc@yahoo.com.ar)

La poesía irredenta cruza estas tierras de uniformidades contradictorias. Argentina, el país que no supo ser; Buenos Aires, la capital de un imperio que no fue. Correteando el tercer siglo resulta cada vez más lejano lograr entender los procesos históricos. Esa regodeada sucursal europea de fines del siglo XIX y principio del XX se fue disipando, aparecieron nuevos paradigmas, nuevas disputas. Los liberales nunca fueron muy liberales y el peronismo fue el “hecho maldito del país burgués”, como escribió John William Cooke.

La ensoñación de “Argentina potencia”, el slogan a comienzos de los 70 impulsado  por el gobierno del general Juan Domingo Perón pero sustentado por la derecha peronista encabezada por José López Rega como contrapunto al “socialismo nacional” de la izquierda del movimiento, anticipaba los párrafos finales del drama por venir.

Fútbol y política     

¿Qué es la Argentina hoy? La síntesis cruel puede representarse con los hechos que nos rodean desde hace más de veinte días en los se mezclan futbol y política. El enorme papelón internacional por no poder jugar la final de la Copa Libertadores entre Boca y River se enlaza con la presencia en Buenos Aires de la reunión del G20 integrado por algunos de los dueños del mundo para mostrar en sociedad lo que, en realidad, no son.

El futbol y la política, dos puestas en escena al fin que fluyen sobre un tablado quejumbroso de hipocresía e intereses. Si hay alguien que supo desnudar el alma del arquetipo argentino pero, sustancialmente, del porteño es Joaquín Sabina cuando desliza desde su aguardentosa voz…“con la frente marchita cantaba Gardel y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud”. Una síntesis del ser nacional que aún sigue enredado en su laberinto porque nos creíamos los “blancos” de América Latina y siempre miramos sobre el hombro a los países vecinos hasta que nos dimos cuenta que perdimos la ficción del último tren.

Trump, Putin, River y Boca     

Hoy cruzamos la estación de la decadencia, rodeados por la desazón de una democracia  que va por la tercera generación de ciudadanos asistidos, naturalizando la marginalidad, la pobreza y regodeando la demagogia del discurso. Nadie se hace cargo, se disimula o,  en todo caso, se le echa la culpa al de atrás. El péndulo va de un lado a otro sin paradas  en el medio. Resulta todo tan surrealista que mientras Donald Trump, Vladimir Putin o Xi Jinping transitan blindados por una ciudad blindada, River y Boca tienen que ir a jugar a más de diez mil kilómetros porque las piedras de la locura que corroe a la sociedad abollaron la pelota y la cabeza de los dirigentes impresentables del futbol sudamericano.

Todo se va ensamblando de modo tan disparatado que, justamente, la Copa Libertadores se va a jugar a España, el reino que conquistó estos territorios del sur (además de  Portugal). Pero, en realidad, estas cuitas son “sutilezas de la historia” cuando lo que se impone es el dinero y los intereses políticos. Podría haber sido Qatar o Miami, no importa aunque los presidentes de Boca Daniel Angelici y de River Rodolfo          D´Onofrio se estén lamentando en el mismo barro.

Lógica futbolera    

Bajo la lógica futbolera seguimos gambeteando el futuro en los brazos de la iglesia maradoniana o el espejo del Messi lejano convertido en un video juego, obstruidos por la ocaso de un sistema social, político y económico.

En la controvertida película El último tango en Paris, su director Bernardo Bertolucci, recientemente fallecido, provocó a la moral burguesa. Con más trascendencia por algunas de sus escenas, algunas casi pornográficas para la época, año 1972, y su censura en varios países, alcanzó una trascendencia que, seguramente, hoy no hubiera tenido. Sin embargo, su título quedó enlazado a la historia cinematográfica e instala la universalidad de un tango que no será el arrabalero del Río de La Plata sino su adaptación europea.

River y Boca deberán ir a bailar el futbol al estadio Santiago Bernabéu del Real Madrid. Lejos de Buenos Aires, del calor de un Monumental entristecido, de una Bombonera solitaria, de la brutalidad de algunos, de la inoperancia del Estado.

La locura argentina en ebullición. La síntesis cruel de un país que perdió el rumbo hace mucho, que arrastra su conducta adolescente, que recibe a Trump pero no puede garantizar un partido de futbol.

“Aquellas banderas de la patria de la primavera a decirme que existe el olvido esta noche han venido”, canta Sabina como un réquiem para el territorio melancólico de un  tango que le hace jueguitos al futuro con la pelota abollada.

 

 

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