LA SEMANA POLÍTICA

Un corso a contramano

Azul, corsos a destiempo y la urgencia de diseñar una agenda de prioridades desde la Comuna.
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Azul, corsos a destiempo y la urgencia de diseñar una agenda de prioridades desde la Comuna.

Mientras los carnavales terminaron la semana pasada, en Azul comenzaron anoche. Símbolo de los destiempos de esta ciudad. Bertellys no terminó de sentarse en el sillón de Intendente. Sin red política su sostén es el vínculo con la gente. La necesidad de una agenda de prioridades para dar certidumbre.

 

Escribe: Carlos Comparato (comparatoc@yahoo.com.ar)

Azul resulta ser un corso a contramano. Entre varios motivos, aparece uno elemental: mientras los carnavales se celebraron hace una semana con feriado incluido, en esta ciudad los corsos se iniciaron recién este sábado continuarán hoy y finalizarán el próximo fin de semana. Quizá sea de puros rebeldes nomás o para dar la nota o vaya a saber porqué. Pero si uno se pone a mirar en derredor, y no hace falta ser muy perspicaz, en esta ciudad hay unos cuántos corsos a contramano.

Como reza la letra del tango “Desencuentro” de Cátulo Castillo “…si hasta Dios está lejano, llorás por dentro, todo es cuento, todo es vil, en un corso a contramano un grupí trampeó a Jesús…”. ¿Cuántas  trampas sorteó esta sociedad que ella misma se creó? Nos pasamos lamentando nuestras desgracias pero tampoco nos hacemos cargo. Los  intendentes que hemos tenido y tenemos es producto de conductas colectivas, muchas veces desconcertantes. Pero vale aquí una reflexión del  histórico militante peronista Julio Varela: “los dirigentes no nacemos de un repollo”.

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Llegar tarde    

Una de las características de esta ciudad es que suele llegar tarde a los procesos  políticos que se dan a nivel nacional manifestando una conducta conservadora. Se subió a la cola del menemismo cuando ganó la intendencia Juan Barberena en 1995 y se lo llevó puesto la aparición de la Alianza con el inoperante de Fernando De la Rúa y un rejunte de dirigentes, muchos de los cuales terminaron, con los años, en el gobierno kirchnerista.

Apareció Omar Duclós, un hábil surfista que ganó tres veces la intendencia hasta que, frente a un ciclo político agotado, el voto se dirigió hacia el “movimiento  nacional y popular” y aterrizó la palabra K por estas tierras. Claro, nadie imaginó que su elegido, José Inza, se convirtiera en una réplica de De la Rúa. Aquí cabe la responsabilidad de quienes le fueron a tocar el timbre a la casa y el atrevimiento de haber aceptado por parte de Inza que, encima, se la creyó.

Y cuando el péndulo en el país se fue para el otro lado, llegó el actual jefe comunal Hernán Bertellys. Los azuleños votaron a Mauricio Macri para presidente, María Eugenia Vidal a gobernadora y al kirchnerista-pragmático Bertellys. Observando el devenir de estos años de democracia y la conducta de esta sociedad no cabe duda que le hace falta un psicólogo urgente.

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Bertellys, la paradoja    

Cuando hace una semana en esta misma columna se enfatizaba sobre la decadencia que atraviesa Azul y que data de muchos años (algunos dirigentes del duclosismo se vieron  afectados) basta con mostrar la secuencia histórica y sus resultados. “La idea del conflicto permanente se puede instalar en una sociedad cuando arrastra la ausencia de un proyecto aglutinador que la interpele frente a un ciclo de decadencia.”, se señalaba al inicio de la misma.

¿Alguien se atreve a negarlo? La paradoja es tal que hoy Bertellys es el intendente sin tener una red política que lo sostenga frente a un peronismo desorientado, con gobiernos nacional y provincial de distinto signo y situado por fuera del establishment político.

El sostén central que tiene es su vínculo con la gente. No tiene otra cosa. Ese panorama le imprime cierto dramatismo porque la sensación es que esta ciudad se jugó su última ficha. ¿Se puede estar peor? Algunos consideran que no, es demasiada la destrucción social que se vivió el último tiempo. Otros evalúan que siempre se puede estar peor.

En este corso a contramano que hoy resulta Azul resulta imprescindible una mínima agenda de prioridades que pasa desde la reconstrucción de lo público, pasando por obras de infraestructura esenciales, la atención del conflicto social y abordar la contingencia de la crisis laboral.

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Los tiempos de lo urgente     

Bertellys todavía no terminó de sentarse en el sillón de Intendente porque la premura de lo urgente le marca sus propios tiempos. Continúa la incertidumbre económica en el Municipio sin mayores precisiones sobre el futuro, diseñó un extraño organigrama del Departamento Ejecutivo sin haberse dado a conocer oficialmente en su integridad y la definición de cada área y necesita comenzar a diseñar cuáles serán las bases de su gestión. Y la citada agenda de prioridades porque hay decisiones que si no toman en su momento luego se torna muy complejo llevarlas a cabo. Entre ellas la política hacia el personal de la Comuna. La negociación paritaria no resultará sencilla. Como sucede en otros estamentos del Estado, no se está en condiciones de dar respuesta a las lógicas  pretensiones de los gremios en un preocupante contexto inflacionario. Habrá que observar aquí la muñeca política del Ejecutivo para negociar.

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La oposición y la polvareda   

Enfrente hay una oposición que tampoco terminó de disipar la polvareda. Hay una especie de desconcierto por lo que sucede a nivel nacional y el Concejo Deliberante es un reflejo de ello. Habrá que aguardar el inicio de las sesiones ordinarias para tener más precisiones sobre la tarea del nuevo cuerpo deliberativo y qué relación tendrá con el Ejecutivo.

Es un tiempo de mucha revulsión. El péndulo cruzó de lado y se comenzó a transitar un ciclo cargado de interrogantes. Este país, tan afecto a los simbolismos, al maniqueísmo, al derrape nostálgico, al culto a la personalidad está ingresando en ese laberinto.

Azul, con sus particularidades, no es ajeno. Es el gran reto que tiene esta sociedad en los próximos tiempos: decidir si quiere seguir siendo un corso a contramano, sortear sus propias trampas o cortar el encadenamiento de los desencuentros imaginando que no hay un Dios tan lejano.

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