Un día albiceleste el de ayer en Tapalqué  

Festejo de Sarmiento en la revancha por la oportunidad de llegar a la final del certamen. Chacarita terminó muy enojado con el juez Coria, que expulsó tres jugadores tricolores y sancionó un penal, muy discutido, con el que el conjunto sarmientista alcanzó el empate parcial.

La misma alegría, otra vez. Sarmiento festejó en ambos partidos ante Chacarita y definió la llave con un resultado de 5 a 2. Ahora va por Piazza.
ARCHIVO/ NACHO CORREA
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La misma alegría, otra vez. Sarmiento festejó en ambos partidos ante Chacarita y definió la llave con un resultado de 5 a 2. Ahora va por Piazza. ARCHIVO/ NACHO CORREA

Un final enrarecido para la semifinal disputada en Tapalqué. Supino el enojo de todo Chacarita con Coria, el juez de la revancha entre Sarmiento y el tricolor. Todo se suscitó en el complemento, no bien iniciado, pero terminó por desbarrancar promediando la etapa, cuando el árbitro pitó penal para la estrellita y expulsó al arquero Morales, en un fallo que desmoralizó al elenco visitante por polémico. El encuentro entre Sarmiento y Boca volvió a la cabeza de unos cuantos.

Lo cierto es que el elenco tapalquense vuelve a ser finalista de un certamen de Primera. Su rival es Piazza, y aquellos recuerdos felices de 2014 (cuando Sarmiento se coronó ante el villero) vuelven para alimentar las ilusiones de la estrellita. Para Vieytes se abre una posibilidad poco común: dar la vuelta con Sarmiento, siendo el último entrenador que campeonó con Atlético.

Inicialmente, la revancha de ayer presentó –por el juego en sí y por lesiones– un tramo inicial descontinuo y con escasez de jugadas relevantes. El local prontamente debió reestructurarse desde atrás ante la prematura salida de Serrano por lesión en una de sus rodillas. Las primeras insinuaciones tuvieron a Gau y a Lamardo como protagonistas últimos.

El tricolor comenzó a ganar preponderancia en la mitad de campo, tal vez no tanto a partir de la tenencia y la generación virtuosa de juego. Lo que hacía Chaca era negarle fluidez a los intentos rivales, asegurarse que Gau tuviera los inconvenientes necesarios para no poder verticalizar o conectar reiteradamente con Lamardo.

A los 38’, Miglino bajó, de un palo al otro, de cabeza la pelota que Esteban Castañares empujó al gol. El cotejo no terminaba de desmarañarse, pero sí había logrado ofrecer cierta atracción a partir de espasmódicas jugadas que agitaban un desarrollo algo confuso, de presión alta y con bastante desprendimiento. El primer tiempo se pareció y mucho al ideal que anheló Chacarita.

Pero toda la bonanza que el tri supo delinear y comenzar a hacer tallar, por momentos, en el primer tiempo, comenzó a deslucirse no bien abordado el complemento. La expulsión de Castañares fue la pequeña grieta por donde comenzaría a filtrarse Sarmiento hasta inundar la resistencia sureña. “Petaca” Palermo se instaló en defensa y el albiceleste obtuvo otro escenario en zona media, fructífero para gozar de espacios que no estaban. El resultado adverso y el hombre de más cargaban la mochila del local.

La jugada neurálgica del encuentro se produjo a los 21’, cuando Morales controló un envío frontal ante la carrera contra sí de Buceta, quien lo impactó. Coria sancionó penal y expulsó al 1. Martín Covello convirtió el gol para dar pie a un nuevo partido.

Todo se fue precipitando cuesta arriba para Chaca. No fue la propuesta superadora de su oponente lo que lo fue debilitando: las expulsiones y el desánimo lo comenzaron a condicionar. Sarmiento halló condiciones provechosas, pudo crecer y hacer pie definitivamente.

Cuatro minutos más tarde, el elenco de Tapalqué ya ganaba por 3 a 1. Primero Vergez y luego Gallardo, cifraron la ventaja que terminó por descompensar lo poco que quedaba de armonía en Chacarita.

El mérito de la estrellita fue la utilización (correcta e inmediata) de las ventajas surgidas; aprovechar las ocasiones y, en el tramo final, desinflar por completo un cotejo que se volvió abúlico y le dio el caldo de cultivo necesario.

Todo terminó con algunos incidentes, todo Chacarita quería vérselas con el juez y reaccionó con el peor ánimo. Mientras, Gau no quería festejar: como si estuviera avergonzado, desestimaba todo festejo por el pase, nada menos, que a la final.

 

 

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